Capítulo 27
Katja seguía en la cocina cuando él entró en su loft.
Se quedó paralizada y luego, cuando él extendió las manos, se precipitó en su abrazo y hundió la cabeza en su hombro.
Él le besó el pelo. —Te quiero. Eso no ha cambiado.
Ella alzó la cabeza, con lágrimas en los ojos. —Yo también te quiero. ¿Pero…?
—Tenía que estar seguro, por eso he salido.
—¿Qué has decidido?
—¿Estar con Juliet te hará feliz?
Ella asintió en silencio.
—Entonces, estarás con ella.
Ella no se movió y, de pronto, su expresión cambió. Los ojos se le iluminaron, la sonrisa se le ensanchó, se convirtió en la Katja Storm de la que él se había enamorado, a la que seguía queriendo.
Ella lo besó con fuerza.
Él la llevó en brazos hasta el sofá.
Ella se sentó a horcajadas sobre él. —¿Lo dices en serio?
—Sí. De verdad que ya no soy el capullo de antes.
Se echó a reír cuando ella pegó un grito y levantó el puño en señal de victoria, y luego se quedaron besándose y magreándose.
—Espera, espera —se apartó ella, sin aliento—, tiene que saberlo.
—¿Sabe lo que hemos hablado?
—Me ha mandado un mensaje mientras estabas fuera.
—Llámala.
—Hablaré yo con ella —advirtió.
—Esto… —hizo un gesto amplio con las manos— lo tenéis que liderar vosotras.
—Vamos a follar muchísimo. ¿Vas a estar bien con eso?
—¿Mi mujer follándose a mi exmujer? Cariño, de eso vivimos los hombres —guiñó un ojo.
—Puaj. —Sacó el móvil, se llevó un dedo a los labios y llamó a Juliet.
—¿Cómo ha ido? —preguntó Juliet con cautela cuando descolgó.
Katja había puesto la llamada en manos libres.
—No se ha roto —Katja sonreía—. Ha dicho que tenemos que llevar nosotras esto.
Un largo silencio al otro lado.
—¿Jake ha dicho eso?
—Sí. Ya te lo dije, ha cambiado.
—Deberíamos vernos. En mi casa. Por la tarde. ¿Está él ahí contigo?
—Estoy aquí —respondió Jake.
—¿Estás a bordo con esto?
—Sí.
—Hablaremos cuando nos veamos.
Jake nunca había estado en casa de Juliet. Se había enterado de cómo era por amigos en común después del divorcio.
La observó.
Luminosa, aireada, arte en las paredes, techos altos, un lugar que era un hogar y no algo montado para salir en la Architecture Digest.
Ella siempre había tenido un gusto excelente.
Juliet lo observaba sin expresión cuando se encontró con sus ojos.
Él y Katja se sentaron enfrente de ella.
No ha ofrecido café, vino. Para ella es casi como un trato de negocios.
¡No! Aún no se fía de mí.
Y se confirmó cuando Juliet asintió hacia él. —Explica ese cambio de opinión.
—Katja ha dicho que estar contigo la hará feliz. Para mí, la felicidad de Katja va primero.
—Eso significará que es bisexual.
—Yo… —empezó Katja.
—Déjale hablar —dijo Juliet, con tono plano.
—Es bisexual por ti. —Jake alzó las manos, impotente—. No entiendo de etiquetas. No me importan. Sé que a ella tampoco. Si le gustas tú, bien. Si le gustan otras mujeres, también está bien.
—No me gustan otras mujeres —dijo Katja, acalorada—. Quiero a Juliet. A nadie más.
—Vuestro matrimonio se convertirá en otra cosa —dijo Juliet.
—Lo sé —dijo Jake—. Estoy preparado para eso.
—¿Qué pasa dentro de seis meses, cuando vuelva tu yo de antes?
—No va a volver. Tú y yo tuvimos un buen matrimonio. Yo lo destrocé. No quiero repetirlo.
Juliet abrió la boca para hablar.
—No lo digo por salvar mi matrimonio —se apresuró a añadir él—. Katja lo es todo para mí. Si estar contigo la hace feliz, entonces yo también lo estoy.
Juliet se volvió hacia Katja.
—¿Cómo quieres que sea esto?
Katja negó con la cabeza lentamente.
—No lo sé, Jules.
Jake vio cómo el nombre parecía relajar a Juliet. Le encanta que Katja la llame así. No está preparada para mostrarlo delante de mí. Aún no.
—Le quiero a él —siguió Katja—. Te quiero a ti. No sé en qué se convertirá nuestro matrimonio, en qué nos convertiremos los tres. No voy a renunciar a ninguno de los dos.
Juliet soltó el aire. —No somos geometría.
Los ojos de Katja se volvieron pícaros. Se detuvieron en los pechos de Juliet. —Ya lo sé —susurró.
Por un momento, los ojos de Juliet se volvieron fuego verde.
Jake estaba asombrado. Mi mujer la afecta tantísimo.
Luego Juliet volvió a ser hielo. —No voy a satisfacer la fantasía de ningún hombre.
—No lo harás —dijo él—. Tú y Katja hacéis lo que sea, donde sea… Katja me lo cuenta, no me lo cuenta… todo está bien.
—Tú y yo no vamos a follar.
—Entendido. No lo esperaba.
—No me voy a unir a vuestro matrimonio.
—Lo sé. ¿Permiso para hacer una pregunta?
A Juliet se le escapó un amago de sonrisa. —Esto no es el trabajo. Pregunta.
—Katja ha dicho que puede que se esté enamorando de ti. ¿Qué sientes tú por ella?
Juliet se volvió hacia Katja. Sus ojos se suavizaron. Las dos mujeres se bebieron con la mirada durante mucho rato.
Él se sintió humilde. He hecho bien en apartarme, en no ser un capullo. Lo que ellas tienen… esto es nuclear. No tengo ningún derecho a entrometerme, no me entrometeré.
—Puede que yo también me esté enamorando de ella.
Katja chilló de alegría, cruzó la habitación volando y sostuvo el rostro de Juliet entre las manos. Juntaron las frentes. Ninguna cerró los ojos. Juliet rodeó a Katja con los brazos y, durante un momento, Jake dejó de existir para ellas.
Su mujer volvió a su lado, respirando con fuerza, radiante.
—¿Y el trabajo? —preguntó Jake cuando Katja le tomó la mano y se la apretó.
—Iba a eso. Lo que tenemos no afecta al trabajo. Nadie debe saberlo. No porque me dé vergüenza, sino porque no es asunto de nadie. Si salimos del armario, será mutuamente. En el trabajo voy a seguir siendo dura contigo. Eso no cambia.
—Sí, señora —saludó Katja.
Juliet sonrió.
—Deja de mirarla —le dio un codazo su mujer.
Jake se irguió. —No la había visto sonreír… no en un contexto así.
—Si cualquiera de nosotras siente algo distinto, lo hablamos —retomó Juliet.
—Yo no voy a sentir algo distinto —prometió Katja.
—Estás colocada de emoción… —le dijo Juliet con suavidad.
—Ya, pero me conozco. ¿Tú vas a sentir algo distinto?
—No. No he aceptado esto a la ligera precisamente.
—De acuerdo —dijo Jake enseguida—. Hablamos. ¿Qué sigue?
—Id a casa. Dormidlo. Mañana, de vuelta a la oficina como siempre.
Katja pareció decepcionada. —¿No paso tiempo contigo?
Juliet se levantó y fue hacia ella. Tomó el rostro de Katja entre las manos. Sus narices se rozaron. Sus alientos se mezclaron.
Se quedaron así el tiempo suficiente como para que Jake pensara que iban a disolverse la una en la otra allí mismo.
Juliet estaba sonrojada cuando se apartó. Le acarició la mejilla a Katja.
Katja se estremeció de placer.
—Hay tiempo de sobra para todo —dijo Juliet, con voz ronca—. Ahora, id a casa antes de que hagamos algo y cumplamos la fantasía lúbrica de Jake.
Él no pudo evitar reírse.
Juliet temblaba cuando la puerta se cerró tras ellos.
Palpitaba, tenía los pezones duros.
Se miró en el espejo junto a la puerta.
Me estoy enamorando de Katja. La quiero en mi vida.
¿Jake? ¿El trabajo?
No sabía cómo saldría todo eso, pero por Katja estaba dispuesta a intentar que funcionara.