This Could Be Love: Amor en el paraíso (Hawái Love 1) 15
34%

15

Al día siguiente, cuando me desperté, estaba un poco molida.

Había dormido mal (por culpa de la pizza) y había tenido unos sueños turbulentos (no por culpa de la pizza).

Al menos en ellos no me había vuelto a enrollar con Vince.

De hecho, que yo recordara, él ni había aparecido.

Yo estaba en el estadio Arthur Ashe, donde se disputa el US Open, frente a veintitrés mil personas que nos aclamaban a mí y a mi rival, que tenía la misma cara que yo.

En mi sueño no me pareció raro, pero ahora se me erizó la piel.

Retiré la sábana y me levanté de la cama.

Con un poco más de apatía que de costumbre, me cepillé los dientes y me recogí el pelo en una coleta alta.

Mientras bajaba por la escalera, oí cómo la batidora trituraba ruidosamente fruta y verdura. Kay vertió el espeso líquido verde en un vaso y me lo ofreció.

—Gracias —dije, algo sorprendida, ya que solía prepararme yo misma el smoothie .

—Vas con retraso.

No era un reproche, más bien lo decía sorprendida. Miré el reloj y constaté que tenía razón. Normalmente me tomaba el smoothie más de veinte minutos antes. Si quería correr por la playa los kilómetros que solía hacer, tenía que darme prisa.

—¿Qué tal lo pasaste con la chica Greenfield?

—Se llama Laurie. —Bebí un sorbo—. Estuvo bien, vimos una película.

—Y después Vince Greenfield te acompañó a casa.

Aparté la mirada del mejunje verde para centrarla en ella.

—Os vi por casualidad.

—Llegó a casa justo cuando me iba e insistió en acompañarme. —Hice que sonara tan inocente como había sido. Como me sentía un poco contra las cuerdas, incluso añadí—: Fue un detalle por su parte.

—Todo un detalle, sí —contestó ella, sin dejar de mirarme. Lo dijo sin sorna, más bien con cierta preocupación—. Tú ten cuidado, ¿de acuerdo?

Arrugué la frente.

—¿Con qué?

Titubeó, como si no estuviese segura de que quisiera decir lo que se le estaba pasando por la cabeza.

—Vince Greenfield no tiene buenas intenciones conmigo y no quiero que te salpique.

—Conmigo es de lo más normal.

Eso solo era verdad hasta cierto punto, pero no me gustaba el giro que estaba dando la conversación.

—Eso es justo lo que me preocupa.

La miré con cara de no entender nada.

—Lou, solo quiero evitar que —sopesó lo que iba a decir— se quiera aprovechar de ti.

—¿Qué?

—Es un chico muy guapo y ahora mismo tú eres... vulnerable.

—¿Vulnerable?

—Eres nueva aquí, no conoces a nadie y te estás recuperando de un revés. Sería normal que uno se mostrase receptivo a...

Solté una carcajada.

—¿Quieres decir que crees que se enrollaría conmigo para que te convenza de que no continúes boicoteando su hostal?

—Yo no lo diría así —reculó—. Tú solo estate un poco atenta con él, ¿vale?

Apuré el smoothie , también para ganar tiempo.

—No creo que sea necesario.

Su boca se abrió, pero me adelanté.

—Me acompañó a casa porque Laurie tuvo una mala experiencia. Ese es el único motivo. Aparte de eso, no hemos cruzado ni diez frases.

Exageraba un poco, pero eso mismo estaba haciendo Kay con sus insinuaciones.

Cedió.

—Bueno, puede que tengas razón y yo esté viendo fantasmas. Es solo que no quiero que te hagan daño.

—Lo sé, pero podrías fiarte un poco de mi instinto para las personas. —Le guiñé un ojo y dejé el vaso vacío en la encimera—. Bueno, me tengo que ir.

Poco después, cuando corría por la orilla del mar, me puse a dar vueltas a lo que había dicho Kay.

Aunque seguía opinando que su preocupación era infundada, debía admitir que el comportamiento de Vince conmigo solo había cambiado a partir del momento en el que convencí a Kay de que retirase la denuncia, algo que, sin embargo, no me resultaba sospechoso.

Precisamente Vince se había dado cuenta de que no me dejaba doblegar o utilizar por Kay.

Dejé de pensar en la conversación y me concentré en correr, en mi respiración, en mis pulsaciones.

Todavía no podía saber qué efecto tendría en mi rendimiento de ese día la tarde anterior, pero de momento me sentía bien. Con las pilas bien cargadas.