The Woods: El sendero de las sombras Capítulo 28
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Capítulo 28

Las horas se han escurrido en forma de coordenadas, diagramas de flujo y simulaciones de intrusión que desmenuzamos hasta el cansancio sobre la mesa metálica del refugio.

Tengo los ojos cansados de tanto perseguir píxeles y la rigidez en mi nuca me recuerda que no he abandonado esta silla desde el regreso de BigBad de su excursión.

Hemos trazado cada paso del asalto al aserradero.

Hundo los dedos en las cuencas de los ojos.

—Hemos cubierto todos los ángulos posibles. —La voz de BigBad a mis espaldas me sobresalta—. Ve a darte una ducha caliente mientras yo preparo algo de comer.

Estiro la espalda con un gemido antes de ponerme en pie. Todavía sumergida en nuestras opciones de ruta, me pongo de puntillas y le planto un beso rápido en la boca.

En cuanto mis labios se separan de los suyos, los ojos se me abren como platos y una oleada de calor me sube por el cuello hasta teñirme las mejillas de carmesí.

El corazón me da un vuelco ridículo y trato de decir algo, cualquier tontería que camufle el gesto, pero solo consigo articular un balbuceo incoherente sobre el jabón mientras tropiezo hacia la puerta.

Salgo de la sala de servidores a paso ligero, preguntándome qué demonios acabo de hacer.

La ducha no me ayuda en nada y retraso el momento de salir del baño al máximo.

El vapor empaña el espejo hasta convertir el aire en algo irrespirable.

No puedo esconderme aquí para siempre, por mucho que me encante esa idea.

Al regresar a la habitación, con el pelo húmedo y envuelta en una camiseta tres tallas más grande, lo encuentro sentado en el colchón, con la espalda apoyada en la pared y la comida servida.

Respiro hondo y me recuerdo que debo actuar con naturalidad.

Ese beso fue solo un desliz fruto del cansancio, no porque me esté enamorando de un tipo del que ni siquiera sé su nombre.

Me congelo en el umbral. Joder, ¡no sé cómo se llama!

Es ridículo, es absurdo. ¿Cómo es posible que haya compartido secretos, saliva y otros fluidos corporales con alguien cuya identidad es un misterio total?

Estoy al borde de un colapso mental cuando su voz me devuelve al presente.

—¿Vas a quedarte ahí plantada en la puerta perdiendo la cabeza por un beso o vas a entrar de una vez a comer y dormir un poco?

—No estoy perdiendo la cabeza por nada, solo estaba concentrada en la secuencia del servidor —digo la primera tontería que se me ocurre mientras camino hacia la cama con la misma gracia de un robot con las juntas oxidadas.

Me acomodo a su lado y, en cuanto mi brazo roza el suyo, un cosquilleo me burbujea en el vientre.

Me maldigo por imbécil, indignada conmigo misma de dejarme arrastrar por este impulso hacia un tipo que, con toda seguridad, me olvidará tan pronto como la misión termine y nuestros caminos se bifurquen.

—¿Estás bien? —pregunta.

—¿Cómo te llamas? —le suelto de golpe.

—¿Qué?

—No sé tu nombre. —Los nervios me hacen hablar más rápido de lo normal—. Llevamos semanas juntos y ni siquiera sé cómo te llamas. Menuda estupidez, ¿verdad? Por supuesto, no vas a decírmelo. Eres un tío peligroso y tu identidad será un activo clasificado o alguna mierda por el estilo…

Sigo con el parloteo, incapaz de parar la verborrea nerviosa que me hace sonar como una adolescente desquiciada, hasta que él suelta el plato y me atrapa el rostro con la mano. Mi monólogo se corta al instante.

—Matt —dice—. Matt Wolfe.

La intensidad de su mirada me atrapa y se me escapa una risita al pensar que el apellido Wolfe encaja perfectamente con su naturaleza depredadora.

—Matt —repito en un susurro—. Suena demasiado normal para alguien que vive en las sombras y amenaza a hackers en callejones mugrientos.

Su sonrisa me acelera el pulso. Pasa el pulgar por mis labios, despertando una expectativa que se rompe cuando baja la mano y recupera su plato.

Comemos en silencio. Se siente como el último reducto de paz antes de que la tormenta del aserradero nos arrastre.

Observo su perfil bajo la luz de la lámpara.

Me pregunto cuántas veces habrá pronunciado ese nombre en los últimos años y si seré la única en haber logrado arrancárselo.

No estoy segura de querer saber la respuesta.

Al terminar, retira mi plato y lo deja junto al suyo en la mesilla mientras me indica con un gesto que me tumbe.

Luego ocupa su lugar a mi lado para aprovechar las pocas horas de descanso.

Me acurruco contra el colchón, a la espera de que el sueño me venza para no seguir dándole vueltas a la idea de que mañana, a estas horas, Matt Wolfe volverá a ser un fantasma y yo seré un recuerdo más en su historial de misiones.

La mente se me queda en blanco al sentir cómo me rodea con el brazo y, de un tirón firme, me acerca hasta su pecho.

Me relajo y cierro los ojos, dejándome acunar por el ritmo pausado de su respiración.

El nombre que acaba de regalarme se convierte en mi último pensamiento coherente antes de hundirme en el sueño.