The Quarterback Sweep (The Four Quarters Collection 4) 20. Capítulo 20
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20. Capítulo 20

Honey

— ¿Sabes cuál es el verdadero problema de los cruceros como este? —dice Jake mientras nos dirigimos por el pasillo hacia mi camarote.

Le miro de reojo. —¿Cuál?

Se ajusta la visera de su gorra de Catfish y sonríe. —Dos semanas de desayunos así y, de repente, la vida real parece estar terriblemente sobrevalorada.

La vida real.

Sus palabras caen justo cuando pasamos por delante del camarote de Zach.

—Sin mencionar que es difícil volver a comer solo después de eso —añade Jake.

Cuando llegamos a mi puerta, apoyo la espalda contra ella y miro a Jake con los ojos entornados. —Espera un momento. ¿No vives con Lily y Frasier? Eso no es exactamente comer solo, ¿verdad?

Levanta la barbilla hacia el techo y suelta un gruñido al cielo.

—Tienes razón.

Cuando vuelve a mirarme, sus ojos castaños brillan con diversión.

—Pero Lily no se ríe de mis chistes malos y Frasier definitivamente no se tira por los acantilados conmigo.

Él siempre ha sido el del vídeo. Así que, vamos, dame un respiro.

Tengo permiso para recordar con nostalgia a la única chica que ha tolerado mis bromas, ha escuchado cada estupidez que he hecho y aun así ha pasado tres días consecutivos conmigo.

Suelto una carcajada. —Tres días no es precisamente un logro de toda una vida.

Baja la cabeza y se inclina hacia mí. —¿Es esa tu forma de decir que sí te estás riendo de mis chistes?

—Yo no iría tan lejos.

—Maldita sea. —Da un paso atrás y se mete las manos en los bolsillos del bañador—. Y yo que pensaba que nos estábamos haciendo amigos, y vas y me saltas con esas.

—Somos amigos —digo—. Solo que yo no voy tan rápido.

O no voy en absoluto, en la mayoría de los casos. Lo que Jake no sabe es que tiene suerte de que le hablara. La mayor parte del tiempo alejo a la gente, pero él y sus amigos fueron imposibles de ignorar cuando empezaron a corear mi nombre mientras yo estaba en lo alto de un acantilado.

Él asiente, balanceándose sobre los talones.

—Vale —dice—. Puedo trabajar con eso. Despacio está bien.

Arqueo una ceja. —Bien.

—Sí —continúa, mirando por el pasillo antes de volver a fijarse en mí—. Pero siento que falta un paso bastante importante aquí.

—¿Qué paso?

Hace un gesto vago entre nosotros. —Ese en el que tengo alguna forma de hablar contigo después de mañana.

Me cruzo de brazos. —Ajá.

—Porque ahora mismo —añade, sacando el móvil a medias del bolsillo—, todo este rollo de «amistad a fuego lento» que te traes entre manos se acaba en cuanto nos bajemos de este barco.

—¿Y qué tiene eso de malo?

—Bueno, hemos pasado los últimos tres días juntos. Saltando de acantilados, desayunando, deambulando por el barco. —Señala el pasillo—. Básicamente te hemos adoptado en nuestro grupo, y sigo sin saber nada de ti.

Le observo. —Eso no es cierto.

—¿Ah, sí? —dice—. ¿De dónde eres?

—Ni hablar —respondo, negando con la cabeza mientras reprimo una sonrisa—. Acordamos cuando nos conocimos que todo quedaría en el crucero.

—Que se quede en el crucero. —Asiente de acuerdo—.

Mira, eso funcionaba bien hasta la adopción que mencioné antes.

Desde entonces, te has enterado de todo lo posible sobre mí.

—Levanta la mano entre nosotros, enumerando la lista—.

Sabes a qué universidad voy. Dónde crecí.

Hasta te enteraste de aquella vez que le pedí a una chica que fuera al baile conmigo por el micrófono del estadio y ella me gritó que solo éramos amigos.

—Te has saltado la parte en la que la banda de música tuvo que llevarte de vuelta al otro lado del campo con tu equipo —añado.

Suelta una carcajada y me señala. —¡Ves! Sabes más de mí que todas mis ex juntas.

—No por elección propia.

—Aun así. Me parece justo saber a qué universidad vas a ir.

¿Y si yo también estoy allí y empiezas a soltar todos mis secretos?

—Abre mucho los ojos—. Imagina que mi equipo se entera de que intenté saltar sobre la hoguera de la fiesta de bienvenida y me chamusqué la mitad de las cejas. Me moriría de vergüenza.

Sonrío, dándole una palmada en el hombro. —No tienes que preocuparte de que se lo cuente yo. Estoy segura de que Lily y Frasier ya se lo habrán contado.

Él suspira.

—También está el pequeño detalle de que yo no voy a la Brighton U. —No todavía, al menos. La realidad ahora mismo es que no voy a ninguna parte.

Entorna sus ojos castaños. —Eres increíblemente sospechosa, ¿lo sabías?

—Prefiero el término reservada.

—Reservada —repite—. A estas alturas es menos «reservada» y más «protección de testigos». ¿Sabes que no hay absolutamente nada sobre ti en internet? Dime, Honey —si es que ese es tu nombre real—, ¿de quién huyes? —bromea.

Se me cae el alma a los pies y un rastro de pavor me recorre la espalda, porque...

—¿Me has buscado en internet?

Hace una mueca y da un paso atrás. —Dicho así suena peor de lo que es. Solo busqué tu nombre, suponiendo que Honey era bastante único. —Niega con la cabeza—. Pero lo que vi... bueno, fue... inesperado.

Se me aprieta la garganta.

Jamie poniéndome los cuernos. Los vídeos de toda esa gente ridiculizándome. Jenni en la cama de Zach. Los abucheos en el estadio.

Ninguna parte de mi historial en internet tiene buen aspecto.

Trago saliva, con la cara ardiendo. —Q-qué es lo que has visto?

Cierro los puños, clavándome las uñas en las palmas mientras el calor me sube por el cuello.

¿Lo ha visto?

¿Me ha visto a mí ?

Zach dijo que lo había hecho borrar, pero nunca lo comprobé. No pude. La idea de buscar mi propio nombre y encontrar esos vídeos hacía que sintiera que el pecho se me cerraba.

¿Y si algo se le escapó?

¿Y si...

—Un montón de chicas poniéndose miel en sitios que no sabía que estaban permitidos sin una suscripción de pago.

¿Suscripción de pago?

Le miro fijamente durante un segundo y la tensión me abandona tan rápido que casi me mareo.

Ah. Ah.

No ha visto nada. Ya no hay nada porque Zach lo solucionó por mí.

Jake sigue observándome con atención y, como no quiero que me pregunte por qué me he quedado absorta en mis pensamientos, le pregunto: —O sea, que viste uno y pensaste: « Sí, definitivamente debería seguir mirando »?

Se encoge de hombros. —Curiosidad científica.

—Claro.

—Además, tenía muchas visualizaciones. Imaginé que algo interesante tendría que pasar tarde o temprano.

Asiento, aguantándome la sonrisa. —Parece que estabas muy comprometido con la investigación.

—¿Qué puedo decir? —Sus ojos recorren mi cara—. Es que me gusta mucho la miel.

Inmediatamente bajo la mirada y me coloco un mechón de pelo tras la oreja por hacer algo. No soy tonta. Ha hecho algunas bromas sobre estar interesado en mí, y por muy majo que sea... no es Zach. Por eso me he mostrado tan firme en lo de ser solo amigos.

—Sí, bueno. Estoy segura de que te recuperarás.

—¿Entonces esto es todo? ¿Atracamos en una hora, tú desapareces y yo me paso el resto de mi vida preguntándome por la misteriosa chica llamada Honey? —pregunta en tono juguetón.

—Vaya —digo—. Eso ha escalado rápido. Hemos pasado de saltar de un acantilado a una crisis existencial en unos treinta segundos.

—Mira, solo estoy planeando el futuro. —Se encoge de hombros mientras se saca el móvil del bolsillo—. Si la misteriosa Honey desaparece mañana, al menos me gustaría tener la opción de enviarle un mensaje de vez en cuando.

Me cruzo de brazos. —Ajá. Enviarme un mensaje de vez en cuando suena sospechosamente a mantener el contacto.

Hace una pausa, da un paso atrás y levanta ambas manos en señal de rendición.

—Vale —dice—. Buen punto. Supongo que voy a tener que rastrear todas las excursiones de saltos de acantilados del país y esperar que aparezcas en una de ellas.

Me río, poniendo los ojos en blanco antes de empujarlo ligeramente en el pecho. —Está bien. Dámelo.

—Espera. —Arquea las cejas—. ¿En serio?

Asiento, tendiéndole la mano.

Solo es un número, después de todo, y esto es exactamente el tipo de cosa que dejé de hacer en St. Michael’s.

Dejar entrar a la gente y darle a alguien la oportunidad de conocerme más allá de los saludos casuales.

Durante mucho tiempo, sentí que era más seguro desaparecer, pero Zach no se ha ido para que yo siga haciendo eso.

Se fue para que yo aprendiera a vivir mi vida y a tener amigos.

—En serio, pero que quede claro —digo mientras me pasa el teléfono—, esta es estrictamente una situación de «amigos que saltaron juntos de acantilados». Nada más.

Él sonríe.

—Sí.

Escribo mi número en su teléfono y se lo devuelvo.

—Amigos —repito.

Jake mira la pantalla y luego vuelve a mirarme a mí.

—Amigos —acepta, y la sonrisa en su rostro dice que está perfectamente contento con ello.

Pongo la mano en la puerta y apoyo la cabeza contra la madera. —Probablemente debería entrar ya y hacer las maletas antes de convencerme de que la vida real está sobrevalorada y reservar otro crucero.

—Oye, si reservas otro, no lo hagas sin mí. Ya he demostrado que soy una compañía excelente.

Abre los brazos y me veo envolviéndolo con los míos, fundiéndome en un abrazo.

Jake me da un rápido apretón antes de soltarme.

—Bueno —dice, balanceándose sobre los talones—, supongo que nos veremos por ahí, Honey.

—Eso es estadísticamente improbable —respondo, bajando el picaporte de mi puerta.

Chasquea los dedos y me señala. —Aun así es posible.

Me río, niego con la cabeza y le miro una última vez.

—Buena suerte en la facultad, Jake. Que los otros estudiantes nunca se enteren de aquella vez que intentaste que te corearan y nadie se unió.

—¿Sabes qué? A lo mejor sí que es bueno que no vaya a verte todos los días. Sabes demasiados de mis secretos.

Me hace un pequeño saludo militar con dos dedos desde la visera de su gorra.

—Buena suerte a ti también, Honey. Espero que dejes de huir y empieces a saltar.

—Gracias.

Se da la vuelta y se aleja. Me quedo mirándole, observando su paso seguro y casi admirando su actitud.

Nada se interpone en el camino de Jake. Simplemente vive el momento y está encantado de llevarte con él.

Cuando empecé a acobardarme en el salto del acantilado, él fue quien coreó mi nombre, consiguiendo que todos los demás se unieran.

Es dulce, divertido y majo... pero no es para mí.

Una vez que Jake dobla la esquina, entro en mi camarote y cierro la puerta.

Los papeles que hay por la habitación se mueven ligeramente con el movimiento.

No me extraña. Cada superficie está cubierta de papel.

La cama, el escritorio, la silla —incluso el soporte de la televisión— están sepultados bajo notas que arranqué de la parte de atrás de un cuaderno viejo cuando me quedé sin espacio.

Hay servilletas de la zona del bufé cubiertas de frases con mi letra empeorando según pasaban las horas.

Incluso encontré dos platos de papel en la cocina y los usé como tarjetas de notas, porque por lo visto este es mi proceso y nadie me avisó.

Doy unos pasos más por la habitación, preguntándome cómo demonios voy a limpiar todo esto antes de irme.

Hay un cronograma en el escritorio que no quiero desordenar, y la cama está cubierta por una disposición de notas de capítulos en las que pasé cuarenta minutos hace dos noches y que no he tocado desde entonces.

Es un caos, pero... es mi caos. Mi proceso de pensamiento expuesto ante mis ojos.

No me lo puedo creer. Por fin tengo una idea y, en el momento en que me comprometí con ella, de repente todo cobró sentido. Conozco la historia. Conozco sus puntos fuertes y sus debilidades; sé tanto sobre este personaje que siento que la conozco de verdad, y por eso quiero hacerle justicia.

De repente, los altavoces del barco emiten una melodía.

— Tengan en cuenta que llegaremos a nuestro muelle final en dos horas. Si desean evitar colas, pueden realizar el check-out anticipado en cualquier mostrador de conserjería del barco.

Cierto.

Tengo una hora para empaquetar mi cerebro y asegurarme de que no pierdo ninguno de los papeles. Escaneo la habitación, pensando cómo puedo hacerlo.

Es entonces cuando veo mi portátil al borde de la cama. Todavía tengo una cosa importante que hacer antes de dejar este barco, y el plazo termina esta noche.

Me acerco y lo cojo de la cama, con cuidado de no desordenar nada más. Luego cojo la tarjeta-llave de Zach de mi escritorio y me dirijo a su camarote.

En cuanto abro la puerta, me invade su aroma y sonrío. La habitación está limpia, ya que solo la he usado para dormir por las noches. Nunca se lo diría, pero el hecho de que su olor todavía flote entre las sábanas me ha reconfortado mucho.

Me siento a su escritorio y, cuando lo abro, mi bandeja de entrada ya está en pantalla. Ha movido mi antiguo correo electrónico destacado a la parte superior con una nota gris en cursiva sobre la fecha:

Has recibido esto hace 5 días. ¿Quieres responder?

Bueno, al menos mi bandeja de entrada se da cuenta de lo imperativo que es esto.

Respiro hondo y hago clic en el correo.

Asunto: Confirmación de traslado pendiente: Escritura Creativa, Grado en Artes. Inicio de la matriculación: 3 de septiembre.

Leo el correo una última vez, como si no me lo supiera de memoria, y luego hago clic en el enlace de la parte inferior y paso por las condiciones.

Al final de la página, hay un botón verde.

« Confirmar. »

Esta vez no dudo. He pasado suficiente tiempo haciéndolo. Simplemente hago clic y, cuando aparece el encabezado de la facultad, sonrío.

¡Enhorabuena! Estamos encantados de que te unas a nosotros.

Lo he hecho. He tomado la decisión. Este es el primer día del resto de mi vida.

Eso es lo único que pienso mientras salgo de la habitación y me despido en silencio del lugar que me ha traído más paz y consuelo del que jamás pensé que podría encontrar.

Cuando vuelvo a mi camarote, guardo el portátil en la bolsa y empiezo a recoger todas mis notas.

Hago fotos de todo, marcando el lugar antes de recoger cada página en orden y colocarla en mi cuaderno. Todo el proceso lleva mucho más tiempo del que debería, pero no tengo prisa. El desembarque puede esperar treinta segundos para que yo haga esto bien.

La habitación parece casi normal cuando termino. Apenas queda rastro de que haya estado aquí, usándola como mi santuario durante las últimas dos semanas. Solo una cama ligeramente revuelta y toallas usadas.

Me cuelgo el bolso al hombro y tiro de mi maleta de mano hacia la puerta.

Justo antes de salir, saco el móvil.

Honey: He confirmado la matrícula. 3 de septiembre. Te lo explicaré todo cuando te vea. Salgo del barco pronto.

Olivia: ¿¿¿¿CONFIRMADO???? Honey. ¡Trae tu trasero de vuelta a Atlanta porque necesito abrazarte y también necesito saberlo todo!

Honey: Pronto. Mi vuelo hacia allí es esta tarde. Estaré allí para la cena.

Olivia: Te quiero, Honey.

Honey: Yo también te quiero.