The Quarterback Sweep (The Four Quarters Collection 4) 17. Capítulo 17
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17. Capítulo 17

Honey

M e desperezo y me despierto con la luz del sol que entra por la puerta del balcón y la sirena del barco anunciando nuestra llegada a Nasáu.

Al estirar los brazos por encima de la cabeza, pongo los pies en punta, estirándolos también al máximo. Me duele cada una de las partes de mi cuerpo, pero me siento tan viva.

Cuando bajo las manos, tanteo las sábanas buscando el calor de Zach; solo que él no está. Su lado de la cama está frío al tacto, así que levanto la cabeza de la almohada y miro hacia el baño.

—¿Zach? —llamo.

Silencio.

Las olas del océano rompen contra el barco y puedo oír a unas cuantas personas riendo a lo lejos mientras desembarcan, pero nada de Zach.

Me incorporo, me aparto el pelo de la cara y miro alrededor de la habitación.

—¿Zach? Su maleta no está junto al armario donde recuerdo haberla visto anoche, su cargador del móvil no está enchufado junto al escritorio y sus zapatos no están tirados junto a la puerta.

Se me cae el alma a los pies.

No.

Retiro las sábanas y me pongo de pie, con las piernas todavía un poco temblorosas por lo de anoche.

—¿Zach? —llamo más fuerte esta vez, revisando el baño a pesar de que sé que es inútil.

Vacío.

Él no está.

Sus cosas tampoco.

Se ha ido.

Apenas puedo asimilarlo.

—Zach, ¿dónde estás? —Mi voz tiembla y me fallan las rodillas cuando veo que todo lo de anoche en el balcón también ha desaparecido. No hay ninguna botella de cerveza y las sillas han vuelto a su posición original.

Se ha ido. Zach me ha dejado.

Se ha marchado.

Las rodillas me fallan y siento que mi mundo se derrumba.

—No. No. No. No —lloro, encogiendo las piernas contra el cuerpo y balanceándome.

Dijo que se iba a marchar, pero después de lo de anoche y de todo lo que pasó, yo simplemente... supongo que pensé que se quedaría.

En lugar de eso, se ha acostado conmigo y se ha ido.

¿Se ha dado cuenta por fin de cuánto lo arruinaría yo?

La idea se queda en el fondo de mi mente mientras se me nubla la vista al recorrer la habitación con la mirada.

Ahí es cuando lo veo.

Hay un sobre de color crema en la mesita de noche con mi nombre escrito en el frente con la terrible caligrafía de Zach.

Y al lado de eso...

Oh, no.

Una cajita de terciopelo azul que me resulta familiar.

Me levanto del suelo y me acerco a la mesa. Me tiemblan las piernas, me tiemblan las manos mientras cojo el sobre y me preparo para lo que sea que haya dentro.

Me siento en el borde de la cama y abro con cuidado el sobre para encontrar dos páginas de papel de notas del barco, escritas por delante y por detrás con la caligrafía desordenada de Zach. Hay palabras tachadas y reescritas, con frases enteras tachadas y empezadas de nuevo.

No quiero leerlo, pero siento que a estas alturas tengo que hacerlo, así que tomo aire temblorosamente y empiezo.

Mi Dulce de Miel:

Te vas a cabrear porque no te he despertado.

Lo he pensado infinidad de veces. He intentado convencerme de que tendría el autocontrol suficiente para despertarte y despedirme para poder marcharme como es debido.

Pero luego he recordado que soy Zach Evans.

Y que tú eres mi Dulce de Miel.

No podía arriesgarme, así que lamento no haberlo hecho. Tienes todo el derecho a estar enfadada conmigo, pero si me quedaba, seguiría haciendo lo que he estado haciendo todo este tiempo.

Presentarme. Negarme a irme. No darte espacio para que averigües qué es lo que realmente quieres porque siempre estoy ahí mismo, poniéndolo más difícil.

Ahora lo entiendo.

Entiendo por qué necesitas encontrarte a ti misma sin mí primero.

Te lo mereces. Te mereces terminar este crucero sola y averiguar qué es lo que sigue para ti y solo para ti.

Por eso por fin estoy haciendo lo que todos los que te quieren han estado intentando decirme que hiciera desde el principio.

Me estoy quitando de tu camino.

Solo recuerda que te tiraste por la tirolina, Dulce de Miel. Vas a estar bien, hagas lo que hagas.

Te quiero. Te he querido desde el primer día que te hablé, y no ha habido una sola mañana desde que te conocí en la que no fueras mi primer pensamiento.

Vete a encontrarte a ti misma, Hunniford Sanderson, y una vez que lo hayas hecho, ven a buscarme.

Tuyo (siempre),

Zach

P. D. He dejado tu anillo porque todavía quiero construir una vida contigo.

Lo querré tanto si pasan dos meses como si pasan dos años.

Eso nunca cambiará. Quiero que seas feliz.

Es lo único que quiero, y si eso significa que sea sin mí, ya encontraré la manera, pero pase lo que pase, ese anillo sigue siendo tuyo.

Las palabras se emborronan y tengo que secarme las lágrimas antes de que caigan sobre el papel. Lo leo de nuevo. Luego una tercera vez, esperando haber entendido mal y que diga algo diferente.

No es así.

Con cada relectura, me quedo sintiéndome más vacía que antes.

Aprieto el papel con más fuerza.

¿Cómo puede decir todo eso —decir que me quiere de esa manera— y aun así marcharse?

Niego con la cabeza; el pensamiento golpea con demasiada fuerza, demasiado rápido.

Porque tiene razón.

Se me oprime el pecho y, por mucho que no quiera admitirlo, sé que tiene razón. Lo odio, pero la tiene.

Cada vez que empiezo a aclarar las cosas, él aparece. Y cada vez que aparece, vuelvo a caer en el cómodo refugio de alejarlo en lugar de impulsarme hacia adelante.

Anoche, cuando me dijo que se marchaba, mis instintos tomaron el control. No quería que se fuera y, en ese momento, me convencí de que elegirlo a él era la decisión correcta, y que estaba preparada para lo que significara estar con él.

¿Pero estaba preparada? ¿O simplemente estaba cansada de intentar descubrir quién soy?

No lo sé, y ese es exactamente su punto.

Me tiemblan las manos mientras dejo la carta y cojo la cajita de terciopelo azul. Me quedo mirándola un largo momento, con el pulgar trazando los bordes desgastados, antes de abrirla por fin.

El anillo está ahí, brillando a la luz de la mañana.

Todo en este anillo es perfecto. La banda de oro con forma de panal de abeja, el hermoso diamante en el centro...

es todo lo que podría haber deseado y nada de lo que hubiera sido capaz de imaginar.

Pero Zach sí, porque me conoce mejor de lo que me conozco yo misma.

Cierro la caja con un clic, con el pecho tan apretado que apenas puedo respirar.

Se ha ido.

No quiero que se vaya.

Cojo el móvil de la mesita de noche, donde ha estado cargándose toda la noche. Me siguen temblando las manos mientras lo desbloqueo y busco su contacto.

Es una foto nuestra de su primer partido en St. Michael's. Me lleva a cuestas, sonriendo porque acaba de ganar el partido. Yo también sonrío porque fue antes de que todo se fuera a la mierda. Los dos parecemos tan felices. Tan seguros el uno del otro.

Mi pulgar sobrevuela su nombre durante lo que parece una eternidad.

Llámalo.

No lo llames.

Llámalo.

No lo hagas.

La decisión oscila en mi mente, una y otra vez.

¿Qué conseguiría llamándolo?

Respondería y me explicaría todo lo que ha puesto en la carta. No volvería. Conozco a Zach lo suficiente como para saber que cuando toma una decisión, es definitiva.

Quiere que me encuentre a mí misma antes de que lo encuentre a él.

Así que no lo llamo. En su lugar, bloqueo el teléfono y lo pongo boca abajo en la mesita de noche.

Luego me quedo sentada allí un largo rato, a solas con la caja del anillo en el camarote vacío de Zach, con el sonido del océano y el ruido lejano del barco despertándose a mi alrededor.

Puertas abriéndose. Pasos mientras la gente camina por el pasillo. Alguien riendo en el corredor.

El mundo, por lo visto, continúa a pesar de que el mío ha dado un giro total.

Vuelvo a coger la caja. Le doy vueltas en las manos una vez. Dos veces.

Él ha estado llevando esto durante años, esperando a que yo me convirtiera en la versión de mí misma que pudiera aceptarlo.

Todavía no soy digna, pero tal vez por ahí es por donde empiece.

Cierro los dedos alrededor de la caja, cojo mi montón de ropa de la cama y camino hacia la puerta. Al salir de la habitación, echo un último vistazo por encima del hombro a las sábanas revueltas, más decidida que nunca a convertirme en alguien digna de ser amada.