2. Capítulo 2 #2
—Gracias —dice en voz baja, buscando la mano de Tiff—. Por todo lo que has hecho por ella y por mí . ”
Suelto un suspiro tranquilo, asintiendo. —Ya. No hagas que me arrepienta.
Él me lanza una mirada breve de complicidad.
Ahí es cuando me acerco, lo justo para que nadie más lo oiga.
—Como le hagas daño —le digo—. Haré que desees haberte quedado en el banquillo. No me pongas a prueba.
Jamie no se amedrenta, pero frunce el ceño antes de asentirme una vez. —Entendido.
—Bien.
Suelto la mano de Tiff y le doy un beso en la mejilla. Luego ella se gira hacia Jamie, que se queda mirándola un segundo como si ninguno de nosotros existiéramos y solo estuvieran ellos dos. Conozco bien esa sensación. Me ocurre cada vez que Honey está cerca.
—Hola —le dice él en voz baja, con la voz un poco ronca—. Estás perfecta.
Los dedos de ella se cierran con más fuerza alrededor de los de él, su voz es casi imperceptible.
—Hola —susurra—. No puedo creer que hayamos llegado hasta aquí.
—Yo sí. Jamás iba a rendirme contigo, Tiff.
Retrocedo para ocupar mi lugar junto al padrino, Thatcher «Asher» Hastings. El idiota rico de un curso inferior al nuestro en South Point Prep. Además, el tío que nunca cierra la puta boca.
—Conmovedor —masculla Asher por lo bajo mientras el oficiante empieza a hablar—. Eso ha sido muy de macho alfa por tu parte. Realmente ha marcado el tono de la boda.
Lo ignoro, y mis ojos encuentran a Honey al otro lado del pasillo sin querer. ¿A quién quiero engañar? Siempre quiero encontrarla.
Está observando a Tiff y a Jamie, de pie, perfectamente quieta con una sonrisa en la cara. Cualquiera que la viera pensaría que está bien, pero yo noto la tensión en sus hombros y lo fuerte que está apretando ese ramo. Está tan nerviosa como yo, pero tiene demasiado orgullo para admitirlo.
Honeycomb, ¿no lo ves? Nunca dejé de esperar a que volvieras a casa.
—Así que —susurra Asher—. Honey tiene buen aspecto. Realmente bueno. Tiene sentido que no pudieras retenerla... y que ahora tenga a un par de tíos manteniéndola ocupada.
¿A un par?
Mi cara debe de decirlo todo porque él suelta una risita silenciosa. —¿No te has enterado? Está saliendo con esos hermanos jugadores de hockey. Sí, se mantiene ocupada estos días.
No entres al trapo. No entres al trapo.
Tiff y Jamie están de la mano, mirándose con total y absoluta adoración. En ellos es en quienes tengo que centrarme, aunque sea una mierda considerando mi situación actual. Sigue siendo mejor que dedicarle toda mi atención a Asher.
—Solo digo que esto debe de ser el colmo de la tortura para ti. Tú aquí arriba, ella allí plantada. Tú fingiendo que no te has convertido en un monje desde que se fue. Ella tratando de no romperte el corazón de nuevo.
A la mierda con esto. No puedo seguir escuchando a este idiota ni un segundo más.
Le lanzo una mirada que podría congelar el infierno. —Habla de ella una vez más y no podrás salir de aquí por tu propio pie —mascullo entre dientes.
Él contiene el aliento. —Son palabras muy fuertes considerando que estamos en una iglesia.
Respondo con una mirada afilada. Es todo lo que se merece.
Él sonríe. —Vale, pero me sabe mal que perdieras la oportunidad.
—Estamos hoy aquí reunidos para unir a Tiffany Marie Bright y James Jonathan Nicks en santo matrimonio —comienza el oficiante, y hago todo lo posible por centrarme en él.
Cuesta un trabajo inmenso.
Está hablando de amor y compromiso y de cómo estos dos estaban destinados el uno para el otro. Duele, y se siente mal. Jodidamente mal.
¿Cómo puede estar ahí frente a mí, sonriendo como si fuéramos unos completos extraños?
Casi lo teníamos... pero ella dijo que no.
Aprieto los puños a los costados y me obligo a centrarme en Tiff.
Hoy no se trata de mí ni de mi jodido corazón roto. Hoy se trata de ella. Me quedaré aquí, sonreiré y seré el mejor primo que pueda pedir, aunque me cueste la vida. Aunque toda esta boda me parezca una broma pesada del universo, porque eso es lo que hace la familia.
¿Y Honey?
Honey va a tener que seguir siendo la chica a la que amo y que he perdido.
Al menos por hoy.
He sobrevivido a placajes a toda velocidad, a una banda de música desbocada y a una mascota psicópata llamada George, pero ponme un micrófono en la mano en la boda de mi prima y, de repente, rezo para que George vuelva a placarme y así no tener que hablar.
—Hola a todos. —Me aclaro la garganta—. En primer lugar, quiero darle las gracias de corazón a Asher por ese discurso. No sé muy bien cómo seguir después de eso... sobre todo porque no estoy muy seguro de qué es lo que acabo de escuchar, pero voy a intentarlo.
Asher grita desde el lado de Jamie en la mesa alargada, con la fuerza suficiente para hacer temblar las copas. Todo el cortejo nupcial está amontonado en una mesa puesta para cuarenta; así de pequeña e íntima es toda esta celebración.
Cuando miro a Asher, él me guiña un ojo y se estira, tomándose su tiempo para apoyar el brazo en el respaldo de la silla de Honey.
Maldito presumido.
Debería ser yo el que estuviera sentado a su lado, pero lo entiendo. Nadie quería que yo montara una escena. Especialmente teniendo en cuenta que sus hermanos jugadores de hockey están sentados al otro lado.
Me aclaro la garganta. —Solo se me dan bien los discursos cuando se trata de hablar con mi equipo en el campo, pero cuando Tiff me pidió que dijera unas palabras, no me lo pensé dos veces, porque esto...
—Hago un gesto hacia ella y Jamie, que están sentados en medio de la mesa larga, con Ella en el regazo de Jamie—. ... merece que se hable de ello.
Busco los ojos de Tiff; ella me dedica una pequeña sonrisa. Ahí es cuando sé que estoy perdido. Estoy tan jodidamente feliz por ella que parece irreal.
—Cuando Tiff tenía diecisiete años —digo, con la voz más firme de lo que me siento—, se presentó en la puerta de mis padres con nada más que una bolsa de deporte y una prueba de embarazo positiva. Su familia le dio con la puerta en las narices. —Me encojo de hombros ligeramente.
—Así que mis padres le abrieron las puertas de su casa. —Vuelvo a mirarlos, levantando un poco mi copa. El resto de los invitados hace lo mismo, brindando por los únicos padres que realmente han sido invitados a la celebración—. Y no solo le dieron un lugar donde quedarse. Le dieron una familia.
La sala se queda en silencio. Noto el nudo en la garganta, pero continúo.
—Desde ese día, no fue solo mi prima. Fue mi hermana.
Mi responsabilidad. —Niego con la cabeza, con una pequeña sonrisa asomando a mis labios—.
A excepción de que no me necesitaba tanto como yo pensaba.
Esta chica... —le hago un gesto con la cabeza—.
... se dejó la piel estudiando, trabajó de noche, cuidó de Ella como si hubiera nacido para ello y se creó una vida que la mayoría de la gente envidiaría.
Yo solo hice lo que pude para ayudarla y me encargué de su mudanza a la otra punta del país, a Indiana, porque nunca iba a dejarla atrás.
Miro alrededor de la sala, y luego vuelvo a mirarla a ella, porque nada de esto importa si ella no lo oye.
—Ha sido mi compañera de equipo desde antes de que yo tuviera un equipo. La persona más fuerte que conozco. Cogió lo que podría haberla hundido y lo convirtió en algo bueno. En algo brillante . Solo hay que mirar a Ella para darse cuenta.
Ella tira de la manga de Jamie y le susurra algo. Jamie sonríe, siguiéndole el juego.
—Ella. Mini Jugadora Más Valiosa. Mírame —le digo, señalándola—. Oficialmente, eres lo mejor que le ha pasado a esta familia. He revisado las grabaciones las veces suficientes para saberlo.
Ella suelta una risita, misión cumplida.
—En fin, volvamos a tu madre, que ha conseguido construir toda una vida desde cero. Ha criado a la niña más guay del planeta, se ha sacado el título de bachillerato y, qué demonios, hasta ha conseguido encontrar el amor.
Hago una pausa para alargar el momento y le echo a Jamie un vistazo lento y burlón de arriba abajo.
—Con él.
Esta vez la sala se ríe con más fuerza.
—Sí, sí —digo, agitando una mano—. Creedme, nadie se sorprendió más que yo.
De hecho, si le hubierais dicho a mi yo de diecisiete años que Tiffany Bright acabaría casándose con el mismo tipo al que pasé toda una temporada de fútbol intentando derribar...
el mismo tipo con el que una vez aposté que podía robarle a la chica...
Desvío la mirada hacia Honey durante apenas un segundo.
Al principio no se mueve. Luego, sus hombros dan un respingo.
Es el más leve de los estremecimientos que ni siquiera aquel novio idiota que tiene al lado nota.
Yo sí. Ella baja la mirada a su cena y se queda mirándola como si fuera más interesante que yo.
No lo es. Es un trozo de pollo en salsa. Yo llevo puesto un traje.
—... sí, me habría reído en vuestra cara y os habría preguntado qué estabais fumando.
Jamie niega con la cabeza, sonriendo pero asumiéndolo por completo ahora.
—Pero bueno —levanto ligeramente mi copa—, los milagros ocurren.
A veces tu hermana se enamora de un tipo al que antes querías dar un puñetazo en la garganta.
Y a veces... —me encojo de hombros, diciendo en serio cada palabra—, ...
ese tipo se gana su lugar. Paso a paso. Día tras día, y demuestra que es exactamente lo que ella se merece.
Los invitados vitorean, bebiendo un trago antes de que continúe.
—Jamie estuvo ahí. Cada maldita vez que importaba.
Por Tiff. Por Ella. —Hago un gesto con la cabeza hacia la niña de las flores que en ese momento está echando fresas en su vaso de agua—.
La forma en que las quiere... Bueno, eso es todo lo que necesitaba ver para saber que estaba destinado a estar con ellas.
Jamie le da un beso en la coronilla a Ella justo cuando Tiff le pasa la mano por el hombro, y eso me recuerda todo lo que han sobrevivido juntos.