The Quarterback Sneak (The Four Quarters Collection 1) 14. Capítulo Trece #2
42%

14. Capítulo Trece #2

Levanta el teléfono y se me para el corazón porque espero sentir la misma vergüenza y desolación que sentí la última vez que vi un vídeo en mi teléfono. —Madre mía, la forma en que te toca... Guau.

Me pongo roja al verme enrollándome con Zach, aferrándome a él como Jamie hacía con McKenna. —¿Cuánta gente ha visto esto?

—Bueno, este es el tercer ángulo que veo, y tiene dos mil visitas. Los comentarios...

—Por favor. —Levanto la mano, deteniéndola antes de que pueda seguir. —No quiero saber nada de los comentarios.

—Vale, pero son mucho más positivos que antes.

—No me importan los comentarios. No quiero saberlo.

—Solo hacía esto por una razón: para vengarme de Jamie, pero cuanto más veo este vídeo, más confundida me siento.

Los dos parecemos muy entregados el uno al otro, que es exactamente lo que queremos que todo el mundo crea, pero esa mirada en el rostro de Zach me hace sentir cosas que sé que no debería sentir.

—Valeee —alarga Olivia, apagando el vídeo y dejándome con la imagen grabada en la mente—. Mirándolo por el lado bueno, todos los que eran escépticos ahora creen que Zach y tú sois pareja.

—Todos menos el equipo de fútbol. Brett ha vuelto a intentar tantearme para una cita.

—¿Otra vez? ¿Brett? —dice con un gesto de asco—. Joder, ¿no es su padre el dueño de casi la mitad de los locales de hamburguesas del estado? Cualquiera diría que está desesperado por el dinero o algo así.

—No, no es por el dinero. Es que no quiere perder contra Zach.

Olivia sonríe. —Se van a llevar un buen chasco cuando aparezcas con Zach en el baile de graduación.

—Eso espero. —No puedo pensar en el baile todavía porque faltan dos meses y medio, y no sé cómo voy a sobrevivir hasta entonces.

Cuando la puerta se cierra con un clic, dejo caer mi bolso y le sonrío a una de las criadas mientras pasa por mi lado.

Música clásica suena a través de los altavoces ocultos en la pared mientras cruzo el suelo de mármol recién limpiado.

El clic de mis tacones resuena por la sala, y es la primera vez que pienso en lo absurda y pretenciosa que debe de parecerle mi vida familiar a los demás.

Anhelo un hogar familiar acogedor, con padres sentados en un sofá más viejo que yo con una sonrisa en el rostro porque se alegran de verme.

—¡Hunniford! —La voz chillona de mi madre me hace saltar de mi fantasía de vuelta a las inmaculadas paredes blancas de nuestra mansión.

Está de pie en la entrada del comedor formal, mirándome como si fuera algún pescado que nuestro cocinero ha traído a casa y que le ha llegado el olor.

—Ven aquí ahora mismo. —La orden en su voz me irrita, pero no debería sorprenderme ya que este es el tono que recibo normalmente.

Agachando la cabeza, oculto el temblor de mi labio y hago una especie de reverencia formal fingida.

Aunque lo hago con condescendencia, mi madre se lo toma en serio y sonríe.

Dándose la vuelta sobre sus talones, vuelve a entrar en la habitación, donde no dudo que mi padre me está esperando.

Solo se sientan allí cuando he hecho algo malo.

Puedo oír el golpeteo impaciente de sus zapatos mientras avanzo hacia mi destino y reflexiono sobre qué habré fastidiado esta vez.

Quizá la madre de Jamie le ha dicho que tiene una nueva novia y que ya no tengo ninguna posibilidad.

De alguna manera, será culpa mía. Probablemente no.

Ese tipo de mala conducta me valdría algo más que una intervención en el comedor.

Seguramente está mosqueada porque me he saltado la clase de spinning o algo parecido.

Me detengo ante la puerta al ver a mi padre, y se me cae el alma a los pies.

Ajustándose los puños, sigue con su ropa de trabajo, con aspecto de estar ligeramente molesto por lo mucho que he tardado.

Siendo un abogado de tanto prestigio, no me hace ni caso a menos que haya avergonzado a la familia, y el hecho de que esté aquí todavía vestido de oficina me indica que estoy metida en un buen lío.

—Siéntate. —Mi madre me indica mi habitual asiento para la cena de los viernes, la única vez que comemos juntos.

El resto del tiempo suelo comer sola mientras Ada, la chef, me observa con una sonrisa compasiva.

—No has vuelto con Jamie. —El tono frío de mi madre es innegable.

Está a punto de perder los estribos, así que tengo que andar con pies de plomo.

—Jamie tiene una nueva novia —suelto de golpe, dejando que la omisión salga como una tirita arrancada.

Supongo que es mejor que se enteren por mí que por alguna madre chismosa en el club de campo.

Observo la reacción de mi padre, esperando lograr algo de compasión por el último comentario, pero se queda ahí sentado impasible, como siempre.

—Es un poco difícil recuperar a alguien cuando empieza a salir con la chica con la que te puso los cuernos.

Mi madre pone los ojos en blanco. —Aunque eso nos ha molestado sobremanera, no es por eso por lo que te hemos llamado.

He oído un comentario interesante en el club esta tarde sobre ti y un chico de tu clase.

—Me trago el nudo y cierro los ojos. Aquí está.

Sabía que acabarían enterándose, pero esperaba tener más tiempo que un par de semanas.

—Creo que se llama Zach Evans. —Dios, ¿es que esta mujer no tiene nada mejor que hacer con su vida que meterse en la mía?

—Sí, Zach es un tío estupendo. Pensé que preferiríais que me buscara a alguien nuevo y dejara en evidencia a Jamie antes que quedarme por ahí pareciendo una perdedora que sigue suspirando por él.

—Bueno, quiero decir, sí, preferimos que mantengas el nombre de los Sanderson bien alto, pero ¿por qué no elegiste a otro chico, como Brett James, por ejemplo?

—¿Brett James? ¿Mi compañero de Biología? —Y el mayor donjuán de la escuela, que solo está interesado en mí para ganar una apuesta. No, gracias. —No soy su tipo. Además, ¿qué tiene de malo Zach?

Mi madre arquea las cejas porque eso es respuesta suficiente al porqué. No importa que Zach sea un tipo decente y honesto que se deja la piel para conseguir todo lo que puede en la vida. Nunca será lo suficientemente bueno para mí porque no tiene el apellido o el estatus adecuado.

—He oído que tiene una beca. —Cuando sale de su boca, suena como una palabra sucia, lo que hace que me enderece.

—No es simplemente un chico con beca. Ha sido el quarterback titular los dos últimos años y ha conseguido una beca completa para St. Michael’s gracias a sus notas y su rendimiento.

Mis padres me miran sin expresión alguna, y me muerdo la lengua, conteniéndome para no soltar un discurso sobre lo decidido, divertido e inteligente que es. Odio cómo mi escuela y mi familia lo han juzgado antes siquiera de conocer nada de él.

Mi padre se aclara la garganta. —Seguro que tiene una gran habilidad atlética, por eso lo reclutaron para la escuela en primer lugar, pero tú vienes de una de las familias más ricas del país, Hunniford.

¿No crees que es un poco coincidente que en cuanto rompes con tu pareja de toda la vida él ande merodeando por aquí?

Bajo la barbilla y los fulmino con la mirada.

—¿Me estáis diciendo que creéis que es un buscador de fortunas?

—Asienten lentamente y yo resoplo, echando la cabeza hacia atrás con una carcajada.

—Guau. No. No está saliendo conmigo por el dinero.

—Al menos no por el mío. —Lo hace porque le gusto, y él me gusta a mí.

—No suelo responder a mis padres. Normalmente paso por el aro sin importar cuánto me fastidie, pero hoy me siento con valor porque la actitud de Zach de «me importa una mierda lo que piense la gente» se me ha contagiado.

Mis padres se lanzan una mirada de juicio mutuo. Odian que mi opinión difiera de la suya, pero no me opongo a menudo, y Zach es lo suficientemente importante como para decir algo.

—Está bien, Honey —dice mi padre, con demasiada calma como para que no sospeche—.

Si eso es lo que quieres, entonces estamos más que encantados de que Zach y tú salgáis.

—Sus palabras son sencillas, pero yo me quedo ahí sentada más confundida que nunca.

¿Por qué demonios está tan contento de que salga con Zach?

—Pero...

Aquí está.

Sabía que era demasiado bonito para ser verdad y que se me estaba dejando pasar demasiado fácilmente. —¿Pero qué?

—Nos gustaría conocerlo —interviene mi madre con una mirada de suficiencia.

—¿Por qué?

—Porque nos importa con quién te relacionas —dice ella. Por supuesto que le importa. Es porque cualquier persona con la que salga influye en su imagen. —Además, has dicho que no está interesado en ti por el dinero. Eso significa que no debería tener problema en conocernos.

Todo esto está empezando a llegar un poco demasiado lejos. Zach no querrá conocer a mis padres, y tengo que mantener todo esto de alguna manera sin que nos descubran.

—Sí, eh, claro. Me parece bien. —Me siento como una impostora, pero ¿qué más puedo decir?

Preferiría arrancarme las pestañas una a una antes que pedirle a Zach que conociera a mis padres.

¿Qué pensaría de ellos si viniera aquí? ¿Qué pensaría de mí?

No es que importe, pero odio que piense que soy tan superficial y fría como mis padres.

—Genial. —Mi padre se echa hacia atrás, apartando su silla, y junta ligeramente las manos como si hubiéramos terminado nuestra reunión de negocios. —Dime la fecha y lo pondré en la agenda. Cuanto antes, mejor.

—Sin problema —afirmo poniéndome de pie.

—Estoy deseando conocerlo —dice mi madre melosamente con una sonrisa siniestra mientras sale con elegancia de la habitación. Su misión ha terminado, así que no necesita pasar más tiempo conmigo del necesario. Mi padre la sigue de cerca, dejándome sola en el gélido y solitario comedor.

Apoyando la espalda contra la pared, cierro los ojos y me paso una mano por la cara.

¿Cómo cojones voy a convencer a mi novio falso de que tiene que venir a conocer a mis padres de verdad?