14. Capítulo Trece
Capítulo Trece
Honey
— Hola, pareja. —Brett sonríe mientras se desliza en el asiento de al lado. No me molesto en mirar a mi compañero de Biología y lo saludo con un gruñido molesto. Llega tarde a clase, pero como es jugador de fútbol, le dan vía libre durante la temporada.
—Brett, ¿todo bien? —pregunto con la barbilla apoyada en la palma de la mano mientras redacto nuestros apuntes. Su cuerpo voluminoso empuja mi hombro al sacar sus libros, y yo me limito a poner los ojos en blanco.
—Sí, genial —dice arrastrando las palabras, pero no suena nada genial. Al apartar la vista de nuestra tarea, me encuentro con la frente sudorosa y las mejillas rubicundas de Brett.
Con un gemido de fastidio, lo miro de arriba abajo y aparto mi silla hacia un lado. —Oh, no, ¿has vuelto a olvidar ducharte después del entrenamiento? —Me tapo la nariz para no inhalar. Su olor puede ser particularmente fuerte después de un largo entrenamiento matutino, y él sabe que lo odio.
Brett me observa retorcerme durante unos segundos antes de soltar una risita suave.
Se pasa una mano por el pelo, que parece mojado, y solo puedo esperar que sea porque se ha duchado.
—No te preocupes, Hon. Lo he hecho. —Sus ojos recorren la sala de un lado a otro y, si no lo conociera mejor, diría que está actuando con nerviosismo.
Se le cae un lápiz y sigue negándose a mirarme a los ojos. Echo un vistazo hacia abajo para comprobar que no le estoy enseñando nada sin querer. No, mi camisa está abotonada con pulcritud y todo está planchado a la perfección, tal como espera mi madre.
Poniendo los ojos en blanco, lo sorprendo al apoyarle la mano en el hombro.
—Entonces, ¿por qué estás tan inquieto? ¿Te has tomado algún Adderall o algo parecido?
—pregunto, esperando la verdad y sabiendo que la obtendré.
Brett es un buen tío, aunque un poco ingenuo. Como un labrador demasiado entusiasta.
Me dedica una sonrisa torcida y se ajusta la corbata. —Hoy nada de Adderall. Eso lo reservo para los días de exámenes importantes cuando necesito concentrarme. En realidad, tenía una pregunta para ti, pero no estoy seguro de si se considera fuera de lugar o no.
Arqueando una ceja, lo observo con atención. —Bueno, la única forma de que lo averigües es preguntando. —Jugueteo con el bolígrafo, esperando la pregunta. Ya me he preparado para alguna duda estúpida sobre Jamie.
Se pasa una mano por el pelo y luego se limpia la humedad en la americana, dejando un rastro azul marino oscuro por el tejido. —Es sobre Zach y tú.
Mi cuerpo se desploma y suelto un suspiro pausado porque desearía que la pregunta de Brett fuera sobre Jamie.
Las respuestas a las preguntas sobre Jamie son simples, incluso fáciles.
Pero con Zach, las cosas son más complicadas.
La piel se me eriza al oír su nombre, y sé que es una estupidez, pero sigo sin poder dejar de pensar en él.
Su tacto, su beso, su sonrisa... Todo es muy confuso.
Llevamos fingiendo que somos novios poco más de dos semanas, y nos quedan al menos dos meses más.
Dos meses que no sé si seré capaz de soportar si sigue haciéndome sentir así.
—¿Qué pasa con nosotros? —pregunto con recelo.
Espero que no me pregunte nada demasiado personal.
No me apetece explicarle a Brett que no puedo pensar en Zach sin ponerme cachonda, porque me hace parecer patética.
El tío casi me hace llegar al orgasmo sin esforzarse, una hazaña que Jamie no logró ni una vez.
Me gusta cómo me hace sentir, pero sigue habiendo una sensación persistente en el fondo de mi mente de que hay algo que no me está contando.
Algo importante sobre su vida familiar, y me muero por preguntar, pero sé que no es asunto mío.
Brett se rasca la nuca antes de dejar caer la mano sobre la mesa. —¿Seguís saliendo de verdad?
El corazón se me detiene durante un par de segundos mientras intento mantener una expresión de indiferencia.
¿Acaso no nos vio en la fiesta de Eric el pasado fin de semana?
¿Todo aquel esfuerzo no sirvió para nada?
Jamie al menos vio el principio del beso, así que quizá no se lo ha mencionado a nadie más.
Supongo que no le dejaría en buen lugar que la gente descubriera que su ex se ha olvidado de él más rápido que Usain Bolt en una carrera de cien metros.
—Por supuesto que sí. ¿Por qué ibas a pensar lo contrario? —Sueno borde, pero no me importa. Necesito saber por qué piensa eso.
Encogiéndose de hombros, Brett abre su ordenador portátil, pareciendo menos ansioso. —No lo sé. Solo que he oído rumores sobre Zach a lo largo de los años que me hacían dudar de si estaría abierto a salir con alguien de aquí.
—¿Y a qué rumores te refieres? — ¿Va a contarme Brett lo de la apuesta? Se muerde el labio inferior, todavía un poco vacilante. —Venga, Brett. No puedes decir algo así y no esperar que quiera saberlo.
—He oído que tiene novia en su ciudad —suelta, y yo me trago el nudo que se me forma en la garganta. Esa chica en casa de Zach y todas mis preguntas me vienen a la mente. —Hay una teoría de que solo te está usando para fastidiar a Jamie.
Apartando mi portátil de un empujón, me cruzo de brazos y miro a Brett directamente a los ojos para ver cuánto sabe en realidad. Tiene razón, Zach me está usando, igual que yo a él, pero sigue sin soltar prenda sobre la apuesta.
—¿Y quién te ha dicho eso? ¿Jamie? —Su silencio responde a todo, y niego con la cabeza. —Me pregunto por qué a Jamie le interesa tanto mi vida amorosa cuando él fue quien me puso los cuernos y me trató como a un trapo sucio.
Brett hace una pausa de un segundo, mira hacia la mesa y luego vuelve a mirarme. ¿Se sincerará y me dirá que la única razón por la que Jamie está difundiendo estos rumores es porque hay una apuesta y cincuenta mil pavos dependen de mi elección?
—Jamie solo está preocupado. Zach es nuestro compañero de equipo, y sabemos más sobre él y sus intenciones. Solo queremos protegerte.
Contengo una risa amarga, dispuesta a cantarle las cuarenta a Brett. ¿Cómo se atreve a decir que quieren protegerme? Si le importara, no habría dejado que Jamie me engañara durante todos estos años sin decir ni una palabra.
—Señorita Sanderson, señor James. ¿Hay algo que quieran compartir con el resto de la clase? —Mis ojos se dirigen a nuestra profesora y acerco mi portátil.
—Lo siento, señora Thompson. Solo estábamos hablando del trabajo —dice Brett con voz melosa, y juraría que le guiña un ojo.
Ella entorna los ojos pero sigue hablando, dejándonos pasar la falta. Brett pasa el resto de la clase mirando por encima de mi hombro y copiando mis apuntes. Cuando suena el timbre, empujo mi silla, lista para irme, pero Brett me detiene.
—Honey. Sobre lo de antes. —Cerrando mi portátil, arqueo la ceja. —Lo siento. No pretendía ofenderte. —Claro, porque sigues intentando salir conmigo para ganar una apuesta. —Solo intentaba entender si Zach y tú ibais en serio después de todo lo que pasó entre Jamie y tú.
Respiro hondo, suelto el aire y cierro la cremallera de mi bolso. —Venga, Brett. Ya me conoces. Cuando me gusta alguien, me gusta de verdad. No hago nada a medias.
Él sonríe con sorna. —Tienes razón; nunca te has quedado a medias en nada. ¿Te acuerdas de cuando me echaste una bronca de espanto por no tomarme en serio mis frases durante la obra de invierno?
—Bueno, es que te lo estabas tomando como un chiste.
—Era una zanahoria, nena. — ¿Nena? El apodo saliendo de su boca suena fatal y hace que eche de menos a Zach y su estúpido sentido del humor. —Nadie excepto tú se tomó esa obra en serio.
Niego con la cabeza, porque siempre soy la única que se toma las cosas en serio. —Tengo que irme —digo apresuradamente, lista para marcharme.
Brett me agarra de la mano, deteniéndome. —Antes de que te vayas. Sé que has confirmado que Zach y tú estáis juntos, pero quería presentar mi candidatura.
—¿No discutimos ya esto en la hoguera?
Encogiéndose de hombros, sonríe. —Sí, lo hicimos, pero creo que pensaste que estaba bromeando.
—Solo te interesa salir conmigo para fastidiar a Jamie.
—Qué va, eso no es cierto. Me interesas desde hace mucho tiempo y quería tener por fin mi oportunidad contigo. No esperaba que Zach se te acercara tan rápido. —Parece sincero, y si no supiera lo de la apuesta, quizá incluso le creería. Pero eso no significa que fuera a darle una oportunidad.
—Es bueno saberlo, pero para que quede claro, no me interesa nadie más que Zach. —Las palabras suenan trágicas al salir de mi boca porque, por mucho que no quiera admitirlo, son en cierto modo ciertas.
Los labios de Brett se curvan hacia arriba. —Por ahora.
Pongo los ojos en blanco sin molestarme en responder.
Brett no tiene ninguna posibilidad de ganar esa apuesta, pero no voy a ser yo quien lo corrija.
Al salir por la puerta, busco por el pasillo un rastro específico de pelo rubio que, por lo visto, hace que últimamente mis bragas se humedezcan un poco, pero no está por ninguna parte.
—Honey —dice Olivia cantarina, poniéndose a mi lado—. ¿Quieres que almorcemos juntas hoy?
—No puedo. Tengo que encontrar a mi novio —digo, aunque no estoy del todo segura de por qué. No necesito verlo, pero quiero hacerlo.
Olivia se ríe. —¿Novio? ¿Acaso desde el sábado no se ha ganado el título de futuro marido?
—Le lanzo una mirada fulminante porque ella no sabe nada de mis pensamientos inapropiados sobre Zach.
Me los he guardado para mí, demasiado avergonzada por las implicaciones que conllevan.
—Al menos esta vez eres tendencia en las redes sociales por un buen motivo.
—¿De qué estás hablando?
—¿No lo sabes?
—Evidentemente no.
Abriendo mucho los ojos, saca su teléfono y se concentra en él. —Sabía que te estabas tomando un descanso de internet, pero no me había dado cuenta de que estabas totalmente desconectada.