13. Capítulo Doce
Capítulo Doce
Zach
D e pie ante la puerta principal de mi casa, espero a oír el zumbido del motor de Honey antes de moverme.
Tiene que irse antes de que yo abra esta puerta; de lo contrario, podría ver a Ella, y eso supondría un montón de preguntas que no quiero responder.
Nos estamos acercando demasiado. Ella está cada vez más cerca de calarme, y no puede saber la verdad. Nadie puede excepto Mike.
Cuando los neumáticos ruedan por la calle húmeda, miro por encima del hombro para comprobar que se ha ido. Mi cuerpo se relaja y abro la puerta.
—¿Quién era esa? —Tiff está de pie junto a la puerta, de brazos cruzados y con una sonrisa maliciosa en la cara. Como si me hiciera falta que otra chica adolescente me interrogara; ahora tengo a Tiff haciendo preguntas cuando lo único que quiero es irme a la cama y pensar en Honey.
¿Qué demonios ha pasado entre nosotros esta noche?
—Nadie —suelto con ironía, esquivándola y entrando en la cocina para coger un vaso de agua.
Tiff bufa, analizándome con su mirada curiosa. Yo hago como si nada. —No parecía «nadie».
Tras sacar un vaso y servirme algo de beber, vuelvo a mirar a Tiff.
No quiero mentirle, pero tampoco quiero que piense que me ha empezado a gustar salir con esos gilipollas ricos.
No es que Honey sea una de ellos, pero si digo eso, ella pensará que me estoy ablandando.
—Se llama Honey. Hemos estado trabajando juntos en un trabajo de clase y se ha ofrecido a traerme a casa porque el horario del autobús es horriblemente malo a estas horas.
Técnicamente no es mentira. Estamos trabajando en un encargo; solo que no es el tipo de encargo que ella esperaría.
Tiffany baja la mirada hacia sus manos entrelazadas y no me siento bien mintiéndole, pero ya no puedo retractarme.
—Muy tarde me parece para estar haciendo un trabajo.
Dejo el vaso en la encimera y la miro a los ojos. —Sí, hemos perdido la noción del tiempo. —También puede que yo haya perdido la cabeza por ciertos aspectos de esta noche, pero eso es algo que debo resolver cuando esté a solas.
—Tienes derecho a salir y divertirte, ¿sabes? —murmura con una risa amarga al final—. Tenemos la misma edad, ¿recuerdas? Al menos uno de nosotros debería pasárselo bien en esta situación tan desastrosa.
Ahí es cuando mi temple se hace añicos. Su sonrisa cansada me rompe el corazón porque ella no se merece esto.
Tiff se esforzó mucho en el instituto y lo único que quería era graduarse.
Ahora acaba de cumplir los dieciocho, es ama de casa y no tiene amigos porque no tiene tiempo para nada que no sea estudiar para sacarse el título de secundaria.
Su único respiro es ver a sus antiguos amigos disfrutar de sus vidas en las redes sociales.
Y aquí estoy yo, con un estúpido disfraz improvisado y el pelo engominado, intentando fingir que Honey y yo estábamos estudiando un sábado por la noche.
Sí, ella no es tan tonta y yo no soy tan ingenuo como para creer que me cree, pero eso no significa que quiera romperle el corazón y decirle la verdad.
—Relájate, T. Solo es una chica rica con tanto tiempo libre que ha podido traerme. Estoy feliz aquí —digo, firme en mi decisión.
Se le caen los hombros y baja la mirada al suelo. No queriendo que se centre en cosas triviales ya que apenas tiene tiempo para sí misma, digo: —Venga, ¿quieres ver aquel programa? ¿Cómo se llamaba? ¿Esposas de beisbolistas o algo así?
Me dedica una sonrisa tímida mientras la rodeo con el brazo y la guío hacia el sofá. —No pensé que quisieras ver eso conmigo. —Sus mejillas se sonrojan.
—Siempre, T. Siempre.
Me paso una mano por la cara porque me he quedado despierto un par de horas más viendo ese programa estúpido con Tiff. A ella le ha hecho feliz, y eso es lo único que importa, pero, madre mía, mi mente iba a mil por hora pensando en otras cosas.
Honey era la principal culpable, robándome los pensamientos igual que yo le he robado el aliento antes.
Quitándome la chaqueta, me desplomo en la cama y cierro los ojos por lo que me parece la primera vez esta noche.
El cuerpo flexible de Honey me viene a la mente.
No voy a olvidar fácilmente la forma en que cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás mientras yo le mordisqueaba el cuello.
Era como plastilina en mis manos, moviéndose al compás de cada beso.
Al principio pensé que solo era buena actuando y que no se estaba excitando tanto como yo al observarla.
Luego arqueó la espalda ante mi contacto y empujó sus caderas contra mí cuando mis manos se atrevieron a aventurarse hacia abajo.
Sus dedos tiraban de mi pelo, pidiéndome más, y yo no soy de los que decepcionan.
Así que pensé en poner a prueba los límites, besándola de forma un poco diferente a la de antes.
Esperaba que se apartara y que, básicamente, me indicara hasta dónde podía llegar.
Pero dejó que continuara... Así que lo hice.
Llegó un punto en el que estaba casi seguro de que, si seguía, se correría solo con mi tacto.
Vale, es mentira; estaba casi seguro de que me correría yo con la sola idea de estar excitándola tanto.
No era culpa suya ir vestida con ese vestidito negro tan ajustado que acentuaba cada una de sus curvas y que hacía que yo y cualquier otro hombre de la sala nos preguntáramos por su ropa interior.
Y sí, yo sabía que llevaba ropa interior porque pude sentir los hilos cuando la tocaba.
Pasándome la mano por la cara, suelto un quejido porque no me quito de la cabeza a mi novia rica falsa.
¿Qué demonios estoy haciendo? No se suponía que las cosas fueran así.
Se suponía que tenía que ganar dinero y ayudar a mi familia.
No se suponía que tuviera estos pensamientos carnales sobre Honey, sobre todo porque no había tenido pensamientos así sobre nadie desde antes de que naciera Ella.
El llanto agudo de Ella atraviesa mis pensamientos y la culpa se me instala en el estómago. Son las tres de la mañana y llevo dos horas pensando en Honey. Debería centrarme en el fútbol americano y en los estudios porque yo soy el que puede ayudar a mi familia a tener una vida mejor.
Saliendo de la cama, paso por delante de Tiffany, que se ha quedado frita en el sofá, y voy al dormitorio de la pequeña que llora.
Saco a Ella de su cuna y la estrecho contra mi pecho, acunándola suavemente mientras intento calmarla.
Se relaja en mis brazos, acurrucándose contra mi pecho, y me dejo caer en el balancín junto a su cuna.
Probablemente me quede así toda la noche, pero no me importa porque que Ella duerma es más importante que yo.
Cuando por fin se calma, miro su figura dormida y sonrío. Todo en ella es perfecto y se merece lo mejor, no la mano que le ha tocado, al igual que a Tiffany. Se merecen algo mejor y tengo que hacer todo lo posible por protegerlas.
Honey se les ha acercado demasiado hoy. Ha visto a Tiff, y me he dado cuenta de que no se ha creído que fuéramos hermanos.
No nos parecemos en nada, pero ha mantenido los labios apretados y no ha dicho nada.
¿Cómo iba siquiera a explicarle lo de Tiffany y Ella?
Simplemente no lo entendería, lo que podría poner en peligro toda esta apuesta y el dinero.
Necesito ese dinero más que nada, así que tengo que dejar de pensar en mi novia falsa como algo más que eso.
Es que es difícil de hacer cuando está tan jodidamente buena.