The Quarterback Sneak (The Four Quarters Collection 1) 11. Capítulo Diez
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11. Capítulo Diez

Capítulo Diez

Honey

L a campanilla sobre la puerta suena cuando entramos en el restaurante mexicano.

Me detengo en la entrada, pero siento las palmas de Olivia en mi espalda empujándome hacia adelante.

Mirando por encima del hombro, ella sonríe y me hace un gesto para que siga moviéndome.

Nunca me he sentido tan fuera de lugar como ahora mismo.

El suelo está un poco pegajoso y el olor a queso caliente se me quedará impregnado.

Mi madre, que tiene el olfato de un sabueso, olerá sin duda la grasa en mi ropa.

—Dime otra vez qué hago aquí.

Olivia se ríe entre dientes, sacudiendo la cabeza. —Porque si quieres que la gente se crea que Zach y tú sois pareja, entonces tenéis que estar en presencia el uno del otro más de unos pocos minutos.

El pelo rubio de Zach resalta contra los asientos de cuero rojo y mi respiración se ralentiza. No se ha fijado en mí porque está demasiado concentrado en algunos de sus compañeros de equipo.

—¿Zach viene siempre a estos almuerzos de después del entrenamiento?

—Qué va —Olivia acentúa la negativa—. Suele estar demasiado ocupado, o no lo invitan, pero hoy quería dejar las cosas claras contigo.

Jamie está sentado al otro lado del restaurante con Connor, Brett y Kyle.

Por eso me ha traído Zach aquí. Para presumir de nuestra relación delante de ellos y darles un pequeño adelanto de lo que está por venir.

Mi cuerpo se estremece; ojalá Zach me hubiera avisado.

Ahora tenemos que hacer que esto resulte creíble.

Mirando hacia Zach, me sorprende lo cómodo que se siente aquí. Teniendo en cuenta que normalmente no se junta con estos tíos, parece feliz. Está dibujando una jugada en un par de servilletas con la punta de la lengua asomando por la concentración, lo que me hace sonreír. Es mono.

Hago una pausa.

¿Acabo de pensar eso?

¿Zach es mono? Trago saliva, observando cómo aumenta su sonrisa mientras levanta las servilletas. Es innegable que es guapísimo, pero está fingiendo ser mi novio. Eso es todo.

Su rostro se ilumina cuando sus ojos se encuentran con los míos y se me revuelve el estómago. El olor de los burritos claramente me está afectando. He evitado ir a lugares como este porque son una tentación demasiado grande.

—No te quedes ahí parada con cara de tonta. Ve a reclamar a tu hombre. Jamie está mirando. —Cierto. Para eso estoy aquí.

Siguiendo diligentemente a Olivia, mantengo la vista fija en Zach. La forma en que me mira actúa como una brújula, guiándome directamente hacia él.

—¡Livi! —grita Mike, poniéndose en pie y envolviéndola en un abrazo—.

¿Qué haces aquí? —Le besa la mejilla, luego me mira y sonríe—.

Hola, Honey. ¿Vienes a ver a tu chico? —pregunta con una sonrisita que solo él y yo podemos entender.

Sabe que yo no pondría un pie en un sitio así sin un buen motivo.

Trago saliva, humedeciéndome el labio inferior.

Antes de que pueda responder, Zach me rodea con sus brazos.

—Hola, gatita —dice, lo suficientemente alto para que lo oigan los otros dos jugadores de la mesa.

Me besa en la mejilla y me quedo helada, todavía sin acostumbrarme al chispazo que siento cuando sus labios tocan mi piel—.

Relájate —susurra—. Sam y Hunter están mirando.

—Tiene razón; si quiero que el equipo de fútbol me deje en paz, tienen que creérselo.

—Hola, Z. —Él sonríe cuando le rodeo con el brazo y me sorprende lo mucho más ancho que es que Jamie.

Apretándome el costado, me guía hacia la mesa—.

Sam, búscate una silla. Me voy a sentar en el reservado con mi chica.

—Las palabras salen de la boca de Zach con facilidad, pero tengo que contenerme para no poner cara de asco. Todo esto me parece tan cursi.

Al deslizarme en el reservado, miro alrededor del restaurante, sorprendida de que nada haya cambiado. —¿Has estado aquí antes? —pregunta Zach mientras se acomoda.

—Una vez, cuando tenía seis años. Mi niñera me trajo porque creía que el queso fundido era la respuesta a todos los problemas de la vida.

—Parece que tenía claras sus prioridades —bromea Zach.

—Lástima que mis padres no lo vieran así. La despidieron al día siguiente.

Mike suelta un silbido bajo y Olivia me mira con los ojos como platos. Ahora que lo pienso, toda la mesa se ha detenido y me observa con sorpresa. Me acomodo contra el asiento e intento quitarle importancia con una risa. —Es broma —añado, pero nadie se ríe.

—¿Qué quieres para comer, labios de miel? —Zach golpea su muslo contra el mío, intentando echarme una mano.

¿Por qué es esto tan difícil y por qué resulta tan incómodo? Zach es agradable y es la distracción perfecta para olvidarme de Jamie, pero no logro sentirme a gusto a su lado. Constantemente siento que estoy caminando sobre cristal y me preocupa decir o hacer algo incorrecto.

Con cada roce de su muslo contra el mío, me voy alejando hasta quedar arrinconada.

Él levanta una ceja antes de pasarme el brazo por los hombros.

Me apoyo en su pecho, intentando que parezca natural pero sintiéndome increíblemente incómoda con público.

Quizá deberíamos haber practicado antes de venir aquí.

—No tengo hambre —digo, ignorando los totopos y el queso que hay frente a mí.

—¿Estás segura? Puedo oír cómo te rugen las tripas desde aquí.

—Giro la cabeza hacia Zach, entrecerrando los ojos ante su actitud desenfadada—.

¿Qué? No puedo decir que me sorprenda. Tu estómago debe de estar anhelando algo más que lechuga.

Tomará una enchilada de pollo con arroz y frijoles —le dice Zach a la camarera y, antes de que pueda replicar, me aprieta el hombro, animándome a seguirle la corriente.

Levanto la vista, cruzando la mirada con Sam y luego con Hunter, y hago lo posible por esbozar una sonrisa.

No puedo creer que aceptara venir aquí con Olivia.

Qué movimiento más estúpido. Para cuando me haya comido esto, estaré hinchada y enorme.

Si mi madre no nota el olor a queso cuando llegue a casa, sin duda verá el aumento de peso.

Entonces probablemente revisará esa aplicación de rastreo que no sabe que conozco.

Zach me besa en la frente y luego me aparta el pelo del hombro. —Jamie está mirando —dice tan suavemente que casi parece que esté diciendo algo sucio.

Su aliento me hace cosquillas en la nuca y suelto una risita, demasiado absorta en la actuación de Zach como para notar nada más.

—¿Así es como nos vemos nosotros? —pregunta Olivia con cara de asco.

—Qué va. Nosotros somos mucho más discretos. —Mike imita a Zach, besando a Olivia en la frente.

—Por favor, por el amor de Dios, ahorradnos esto. —Sam le da un codazo a Hunter en el costado para que le dé la razón.

El zumbido de mi móvil me hace dar un salto y Zach da unos golpecitos en el bolsillo de mi americana. —¿Eras tú?

Asiento, sacando el teléfono para comprobar que no es mi madre quien llama. Un nombre diferente parpadea en mi pantalla y, cuando levanto la vista, Jamie me está mirando desde el otro lado del restaurante con una ceja arqueada, esperando a que responda.

Jamie: ¿Ahora dejas que él pida por ti? Espero que pagues tú. Dudo que SK pueda permitírselo.

Me humedezco los labios, sin saber cómo responder. Zach suelta una carcajada. —Vaya. El tío de verdad que no puede dejarte en paz, ¿eh? —Me vengo abajo un poco y escondo el móvil por pura vergüenza de que haya leído el mensaje.

—¡Eh, Jamie! —exclama Zach, levantando la barbilla—. Deja de enviarle mensajes a tu ex. Ya ha pasado de tu patético culo.

—Zach, para —siseo, dándole un golpe en el pecho. Las burlas y los murmullos del equipo de fútbol son evidentes, y me quedo mirando los pimientos impresos en el mantel de plástico para no tener que encontrarme con la mirada de nadie.

—Solo me aseguraba de que puedes permitirte invitar a una chica como Honey, eso es todo —responde Jamie con la misma indiferencia.

El murmullo alto y molesto de los otros clientes es ahora inevitable, pero a ninguno parece importarle. —Deberías haberte preocupado de eso cuando la tenías.

—Zach, para. Por favor. —Le agarro la mano, instándole a que deje de avergonzarme. Su sonrisa desaparece lentamente cuando me ve la cara y luego entrelaza nuestros dedos.

—Lo siento, Bambi. Es que odio que intente convertirte en el blanco de sus bromas.

—No entres al trapo. Eso es lo que él quiere.

—Oye, Zach —dice Olivia, desviando nuestra atención de Jamie—.

¿Vas a llevar a Honey a la fiesta de Halloween de Eric el viernes?

—Me muerdo el labio, lamentándome por dentro porque pensaba preguntárselo más tarde, no delante de todo el mundo.

Olivia lo ha puesto en un compromiso y, mientras Zach me mira, no sé qué decir.

—Yo no voy a fiestas —declara, moviendo los hombros.

Sam nos mira a ambos antes de dirigirse a Zach.

—¿Estás seguro de que quieres que tu nueva novia vaya a una fiesta sin ti?

Una fiesta a la que asistirá todo el equipo de fútbol.

—Levanta una ceja y tardo un par de segundos en darme cuenta de que está sugiriendo que los jugadores podrían hacer algo para arruinar sus posibilidades de ganar la apuesta.

—¿De verdad es eso lo que quieres hacer con tu noche del viernes, dulzura?

Podría llevarte a otro sitio en su lugar.

—Ahí está. Es obvio que Zach quiere librarse y yo tampoco quiero ir, pero justo cuando estoy a punto de decir que no hace falta que vayamos, mi mirada vuelve a conectar con la de Jamie.

Con la barbilla baja, me observa, sonriendo porque cree que me están tomando el pelo. ¿Por qué pensé que salir con alguien de mentira me haría sentir mejor en esta situación? En todo caso, esto me hace quedar peor porque Jamie piensa que me estoy enamorando de un tío que me usa por mi dinero.

La única forma de salvar mi dignidad es hacer que parezca que Zach de verdad me desea.