The Quarterback Sneak (The Four Quarters Collection 1) 6. Capítulo Cinco #2
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6. Capítulo Cinco #2

Mi atención se desvía cuando un par de manos se posan en mis caderas como si tuvieran permiso para estar ahí. —Honey, nena —me arrulla Brett al oído, y me cuesta todo lo que tengo no lanzarle uno de los vasos a la cara—. ¿Cómo has estado? Te estuve buscando hoy en el instituto pero no te encontré.

¿Qué demonios he hecho para merecer esta atención?

Brett no es un tío feo, con el pelo y los ojos oscuros e intensos; las chicas del instituto lo adoran.

¿A mí? No tanto. He oído demasiadas historias de boca de Jamie como para pensar que cualquier cosa que diga sea genuina y, francamente, sé dónde han estado esas manos y no quiero saber nada de ellas.

Arqueando una ceja, me zafo de su contacto. —No sé de qué me hablas. Estuvimos en matemáticas en cuarta hora hoy, ¿o es que no te acuerdas? Tenías a Kim sentada en tu regazo, así que quizá no estabas prestando atención.

Tiene las pupilas dilatadas y los ojos vidriosos.

¿Cuánto ha bebido esta noche? Este mitin está lleno de supervisores y, aun así, se las ha arreglado para colar alcohol suficiente como para emborracharse.

Mis ojos recorren el fuego, buscando a alguien que pueda delatar a Brett, ya que no quiero que se meta en líos.

No es que a él le importe, probablemente se limite a ofrecer favores sexuales al miembro del profesorado que lo pille. No sería la primera vez.

—Ah, sí, claro, cierto. Oye, escucha. ¿Te apetecería salir conmigo algún día? —Me da un apretoncito en la cadera y sonríe con suficiencia. Cómo desearía poder darle un puñetazo en la cara como respuesta.

Poniendo mi mano sobre la suya, le quito los dedos de encima y los aparto de mi lado. —No creo que sea una buena idea. Después de todo, yo salía con Jamie y tú eres su compañero de equipo. ¿No es eso como romper algún tipo de código de colegas o algo así?

Brett se muerde el labio inferior, esbozando una sonrisa. —Ah, sí, ya hablé con Jamie y me dio su bendición. —Me mira con los ojos entrecerrados, en lo que creo que pretende ser una mirada sexy pero que solo le hace parecer más borracho de lo que creo que está.

Se me suben las cejas mientras sus manos vuelven a subir por mis costados.

—¿Lo hizo? —Brett asiente y yo pongo la mano en su pecho mientras él se acerca.

Al dar un paso hacia él, acerco mi boca a su oreja—.

Pues puedes decirle a Jamie que no tiene derecho a darle su bendición a nadie.

No soy de su propiedad. Ahora, sería estupendo que tuvieras la cortesía de dejarme disfrutar un poco.

—Le aparto de un empujón con el hombro, derramando el vaso de Olivia en el proceso.

—Honey, espera —dice, intentando agarrarme, pero me escabullo—.

Sé que te duele todo lo que pasó con Jamie, pero esto no ha terminado entre nosotros.

—Suena decidido, pero me hace preguntarme cuánto recordará de esta noche.

Lanzo una mirada a Olivia, que sigue liada con Mike, ajena a mi actual predicamento.

Si Mike se concentrara en algo que no fuera la lengua de mi amiga, podría preguntarle sobre la apuesta e irme a casa.

Brett sigue acechando a mi lado, lo que supongo que se debe a que espera que cambie de opinión de repente.

A la porra.

Ya se lo preguntaré a Mike en otro momento.

—Adiós, Brett —le suelto, girando sobre mis talones y alejándome. Me encamino hacia mi coche, harta de esta noche, cuando un pecho ancho me bloquea el paso. Sin prisas, levanto la barbilla para ver a Kyle plantado allí con una sonrisa de suficiencia que podría competir con la de Brett.

—¿A dónde vas con tanta prisa, caramelito?

—¿Caramelito?

Él se encoge de hombros, con una mueca burlona asomando en un lado de su cara. —Sí, porque eres muy dulce.

Me dan ganas de vomitar ante su pésima frase para ligar, pero estoy demasiado ocupada aguantándome la risa por su falsa sonrisa sexy. —«Dulce» no es exactamente como me suelen describir. —«Zorra egocéntrica» es a lo que me he acostumbrado en las últimas semanas.

Kyle me mira de arriba abajo, como si debiera tomarme su escrutinio como un cumplido.

¿Es que las tías de este instituto siempre caen rendidas ante estos tipos?

Mientras me alejo de él, una sensación persistente me ronda por la cabeza.

Brett y Kyle han sido los dos tíos que se me han acercado esta noche.

Brett y Kyle. Los dos tíos que mencionó Zach el otro día. Quizá decía la verdad.

—Tienes razón; eres demasiado sexy para ser dulce.

—Puaj. —Hago una mueca e intento esquivar a Kyle, pero él se interpone en mi camino—. ¿Qué narices haces?

Sus manos aterrizan en mis hombros y clavo la mirada en sus dedos gordos y velludos. —Solo pensaba que, ya que Jamie y tú habéis terminado, quizá me dejarías invitarte a salir.

Frunzo el ceño. —A ver, Kyle, nos conocemos desde la guardería y la última vez que me dedicaste una mirada de pasada fue cuando pisaste sin querer mi casita de plastilina cuando teníamos seis años.

—¿Aún te acuerdas de eso? —Se le salen los ojos de las órbitas.

—Pues claro. Me pasé todo el puñetero día haciéndola.

Sus manos recorren mis brazos mientras me mira con astucia. —Deja que te lo compense entonces, ¿vale, caramelito?

—Lo siento, pero llegas con varios años de retraso para eso.

Sus dedos me agarran los brazos mientras intento apartarme. —Oh, vamos. Deja que te invite a salir. Solo una cita.

El golpeteo de su pie y la urgencia en su voz me hacen sospechar. Más de lo que ya sospechaba. Tiene que estar pasando algo más.

—Estoy bien —respondo, pasando por su lado para volver hacia la hoguera, porque ahora estoy segura de que esta conversación con Mike no puede esperar.

Siento que un par de ojos me observan mientras camino de vuelta hacia el fuego; espero encontrarme con la mirada de Zach atravesándome, pero en su lugar es Jamie.

Tiene el brazo rodeando a una animadora de segundo que está demasiado ocupada presumiendo ante sus amigas de tener a Jamie Nicks a su lado como para notar que él me mira fijamente.

¿Dónde está McKenna? ¿Por qué me da un vuelco el corazón ante la idea de que ya haya terminado con ella?

No debería sorprenderme; tiene la capacidad de atención de un mosquito.

A Jamie le tiembla la mandíbula cuando ve que no me inmuto, y después le da un largo trago a su cerveza.

Es curioso porque es la primera vez que me mira desde todo el desastre de la infidelidad, y esperaba que se me revolviera el estómago, pero no es así.

Supongo que es porque esperaba que me mirara con arrepentimiento y remordimiento, no con esa hambre en los ojos, como si de alguna manera fuera a recuperarme.

¿Podría tener razón Zach?

La multitud vitorea, atrayendo mi atención hacia el escenario improvisado frente a la hoguera. Flanqueado por un par de animadoras, Zach sube los escalones, luciendo como el rey del campus. La camiseta verde brillante resalta sus ojos mientras estos recorren a la multitud.

Mientras sonríe a la gente, su mirada se detiene al encontrarme y, aunque las animadoras le acarician el brazo a ambos lados, no les presta atención.

Zafándose de sus manos, avanza y ocupa el centro del escenario como si fuera el dueño del lugar.

Nunca he pasado mucho tiempo mirando a Zach Evans, pero veo algo que nunca pensé que vería.

Entiendo por qué todas las chicas han intentado meterse en sus pantalones desde que llegó.

Es engreído, con un aura genuina de que todo le importa una mierda, y la sonrisa que asoma en el lado izquierdo de su mejilla es casi juguetona.

No es que no me hubiera fijado antes en lo guapo que era Zach; es solo que, como siempre pensé que Jamie era mi destino final, nunca me molesté en mirar a nadie más.

Los chicos eran solo chicos, y no le veía sentido a plantearme salir con nadie cuando sabía que nunca pasaría.

Cuando los escasos aplausos cesan, le entregan un micrófono a Zach, quien murmura un breve «Gracias» antes de acercárselo a los labios.

—Gracias, entrenador Bear, por dejarme hablar esta noche.

—Mientras me abro paso entre la multitud buscando a Mike y a Olivia, siento que los ojos de Zach me siguen, pero hago todo lo posible por ignorarlo.

—No había preparado un discurso porque esto ha sido algo de última hora, pero vamos a intentarlo. —Cuando lo miro, sonríe con malicia, y ahí es cuando estoy segura de que me está observando. Una sensación de ansiedad crece en mi estómago, pero me concentro en la búsqueda de mis amigos.

—Hace tres años, ganar no era una opción muy viable para South Point Prep. Había que tener suerte para terminar la temporada con más victorias que derrotas, ni hablemos de clasificarse para las eliminatorias. Ahora, con la ayuda del entrenador Bear y del entrenador Anderson...

—¡Y la tuya! —grita Mike desde el público.

Zach baja la cabeza y se rasca la nuca antes de continuar.

—En fin, el año pasado no solo llegamos a las eliminatorias, sino que ganamos.

—Zach hace una pausa mientras los estudiantes jalean—.

Y ahora, estamos en la lucha por otra victoria este año.

¡Pero ganar no está garantizado! —exclama con el vigor de un orador experimentado—.

Ganar es difícil y, aunque piensen que estamos en la cima, todavía tenemos más que demostrar.

—Las palabras se pierden en la noche mientras los estudiantes hablan y ríen entre ellos, pero yo escucho con atención—.

Necesitamos coraje, determinación y la mentalidad adecuada.

Una mentalidad que sepa mirar hacia adelante y olvidar la humillación de la derrota, porque sabes que al final resurgirás como un fénix de sus cenizas y demostrarás a todos que se equivocaban.

Frunzo el ceño y vuelvo a prestar atención al escenario porque ese último comentario no tiene sentido. No necesitamos resurgir; ya hemos ganado. Zach sigue mirándome y arquea una ceja como para confirmar mis sospechas.

¿Está hablando de mí?