The Quarterback Sneak (The Four Quarters Collection 1) 6. Capítulo Cinco
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6. Capítulo Cinco

Capítulo Cinco

Honey

— Vamos, Honey —gruñe Olivia, arrastrándome por el aparcamiento de hormigón—. No será para tanto, lo prometo. —Clavo los talones en el suelo, pero los guijarros sueltos juegan en mi contra y me empujan más cerca del calor de la hoguera y de mi inminente humillación.

—Eso para ti es fácil de decir. No eres tú la que está obligada a llevar la camiseta de su exnovio e ir a un evento para celebrar los éxitos de su equipo.

—Niego con la cabeza, riéndome amargamente para mis adentros.

Pensaba que me había librado cuando mi madre canceló su cena con los padres de Jamie, pero me equivocaba.

La cena se canceló porque le llegó el rumor de que Jamie y yo teníamos «problemas» y no quería arriesgarse a empeorar las cosas.

En su lugar, pensó que enviarme con su camiseta para animarlo tendría más sentido.

Solo espero que no se haya enterado de la verdadera historia sobre él acostándose con otra chica; de lo contrario, enviarme así sería una auténtica canallada.

Especialmente porque me ha estado tratando como si fuera yo la que tiene que arrastrarse y asegurarse de que Jamie esté satisfecho.

Cuando me pidió, o más bien me exigió, que viniera, no supe qué más hacer aparte de obedecer. Complacer a mi madre me pareció lo correcto, pero ahora que veo las llamas de la hoguera lamiendo el aire de la noche cerrada, sé que he cometido un error.

Olivia inclina la cabeza hacia atrás y me mira poniendo los ojos en blanco.

—Estás siendo muy dramática. Ha pasado más de una semana desde el fiasco de Jamie.

La gente ya ha pasado a otra cosa. Kelsey Lanford se levantó la camiseta ante el equipo de fútbol masculino y a Matt Waters le estamparon una tarta en la cara cuando pidió a alguien para el baile de promoción. Tu humillación es noticia de ayer.

Mordiéndome el labio inferior, me guardo el hecho de que, aunque he cambiado de número, de alguna manera sigo recibiendo innumerables mensajes burlándose de mí por lo de Jamie todos los días; pero decirlo en voz alta hará que parezca que me duele, y nadie puede saber eso.

Admitir algo así ante cualquiera me haría parecer débil, y a mi padre no le gustaría nada que una Sanderson proyectara una imagen que no fuera de fortaleza.

—¿Podemos al menos cambiarnos las camisetas?

—Tiro del tejido de malla verde hacia delante y miro con asco el número 7 de Jamie—.

Preferiría llevar la de Mike antes que la de este traidor.

—Cuando la tela vuelve a golpearme la piel, hago una mueca al pensar que Jamie fue la última persona en usar esta prenda.

Su desagradable colonia se aferra al tejido, sirviendo como un recordatorio constante de que me estoy traicionando a mí misma al llevarla puesta.

Las risas de los estudiantes junto a la hoguera flotan en el aire y las lenguas de fuego se dispersan en el cielo nocturno, llenando mi corazón de inquietud.

Debería haberme quedado en el coche. Olivia tiene las mejillas teñidas de rosa cuando me giro hacia ella, y cambia el peso de un pie a otro.

—Eeeh, supongo que podemos cambiárnoslas.

Es solo que... bueno, vi a Mike antes de ir a tu casa y las cosas se nos fueron un poco de las manos...

Levanto la mano, cierro los ojos y espero que las imágenes que tengo de Mike y Olivia dándolo todo desaparezcan de mi mente. —No digas ni una palabra más. Por favor. Mis oídos no podrían soportarlo.

—Oh, vamos. No es como si tú no hubieras tonteado con Jamie mientras llevabas su camiseta. —No sé qué es peor: imaginar a tu mejor amiga montándoselo con su novio o recordar la última vez que te acostaste con tu ex.

—No quiero hablar de él ahora mismo. De hecho, preferiría no volver a pronunciar su nombre jamás.

—Pocas posibilidades hay de que eso ocurra, hermana —suelta Olivia con un bufido, mirándome de arriba abajo—.

¿Sabes? Creo que el hecho de que lleves su camiseta hoy te da un toque más cañero de lo que el instituto ha visto jamás.

¿Qué otra tía dura se pondría la camiseta de su ex infiel en su propio mitin de motivación?

Nadie. Hay que tener ovarios para actuar así, y en el fondo es un «que te den» gigante.

—Si tú lo dices...

Se gira sobre sus talones para mirarme fijamente.

—Oye —dice con calma—. Mira, sé que todo esto es una mierda y tu madre es lo peor por obligarte a venir, pero ya estás aquí, así que tienes que mirar el lado positivo.

Además, la única forma de que superes esta humillación es demostrando a todo el mundo que has pasado página y que no te importa lo que pasó.

—Pero sí que me importa —murmuro, ya que admitirlo en voz alta duele.

Ojalá fuera tan dura y de corazón frío como el instituto me pinta, pero no lo soy.

Soy una criatura dócil. Siempre haciendo lo que mi padre y mi madre quieren.

Sin darme cuenta, Jamie también estaba en esa lista.

Ignoré las señales de alarma e hice todo lo que me pidió porque mis padres me dejaban en paz cuando él estaba contento.

—Sé que tenías en la cabeza que Jamie y tú erais almas gemelas, pero no te merecía. ¿Ha hablado contigo desde que te enviaron aquel vídeo? —Niego con la cabeza—. ¿Te ha mandado algún mensaje? —Niego otra vez—. Cielo santo, H. ¿Acaso ha llegado a romper contigo?

—Técnicamente no, pero diría que bloquear el número de alguien e ignorarlo en el instituto es indicación suficiente de que has terminado.

Olivia niega con la cabeza. —Capullo —masculla—. ¿Sabes qué? Tienes que enseñarle lo que se está perdiendo. Te ha tenido demasiado tiempo comiendo de su mano. Quizá deberías tener un par de citas.

—¿Citas? —Mi mente vuela hacia Zach y la conversación que tuvimos hace unos días en el aparcamiento.

—Sí, ya sabes... Es cuando conoces a un chico que te gusta, él te pide salir, tú dices que sí y vais a una cena épica con un beso al final. Hay montones de tíos que quieren salir contigo.

—Por la notoriedad, quizá.

—Qué va. Mike mencionó que Brett, Kyle y un par de tíos más andaban preguntando por ti.

—¿Brett y Kyle? ¿Los del equipo de fútbol?

—Ella asiente, pensando que ha despertado mi interés, pero yo solo puedo pensar en la apuesta.

¿Decía Zach la verdad? Para cuando llegué a casa en coche, me había convencido a mí misma de que intentaba estafarme diez mil pavos, pero ahora ya no estoy tan segura.

A Jamie le encanta jugar a juegos, así que la premisa es creíble, pero no me imagino a Brett y Kyle vendiéndome de esa manera.

Entornando los ojos hacia Olivia, busco el más mínimo tic en su rostro para ver si me oculta algo.

Todo lo que obtengo es una sonrisa demasiado entusiasta y el ceño fruncido.

Ella no sabe nada, pero ¿y Mike? Lo he visto desde entonces, pero no me molesté en indagar como sugirió Zach.

Sin embargo, ahora que estoy aquí, con aspecto de exnovia acosadora que intenta recuperar desesperadamente a su amante, casi desearía haberlo hecho.

Girando sobre mis talones, camino con paso firme hacia la hoguera, sin querer dar más explicaciones hasta haber hablado con Mike. —¿Dónde está Mike? Tengo que preguntarle una cosa.

—Llegará pronto; hasta entonces, vamos a por algo de beber. Necesitas relajarte un poco. —Cuando Olivia me agarra del brazo, dejo que me arrastre hacia la parte trasera del campo, donde toca la banda y las animadoras se lanzan unas a otras por el aire.

Aferrándome a la tela vaquera de mi chaqueta, me siento más fuerte que antes mientras observo a la multitud de estudiantes que tengo delante. Esta noche no será tan mala. Nadie se fijará en mí y, si mantengo la chaqueta bien cerrada, debería poder ocultar la camiseta de Jamie debajo.

Todo lo que me queda por hacer es hablar con Mike y averiguar si Zach decía la verdad. Entonces tendré que tomar una decisión.

He tocado fondo. Un fondo que no creía posible después de todo el fiasco de la infidelidad, pero ha ocurrido, y solo puedo culparme a mí misma.

Mis dedos tamborilean contra los dos vasos de plástico que sostengo mientras permanezco junto a mi mejor amiga, fingiendo que no me he dado cuenta de que prácticamente le está restregando hasta el alma a su novio.

Pensé que se darían un pico rápido para saludarse, pero me equivoqué.

Muy, pero que muy equivocada, y ahora lo estoy pagando con una situación de lo más incómoda.

Miro el líquido transparente que se agita en mi vaso, intentando desesperadamente ignorar los ruidos de succión y los gemidos que vienen de un palmo a mi izquierda.

Sin embargo, resulta imposible. Son ruidosos y estoy justo al lado.

Cuando levanto la vista e intento establecer contacto visual con alguien, me ignoran.

No me sorprende, ya que Jamie me ha convertido en el hazmerreír del curso, pero aun así es una mierda.

De repente, se me corta la respiración cuando mis ojos se encuentran con un par de ojos verdes que me observan desde el otro lado del fuego.

Zach está allí de pie con una sonrisa en el rostro. Tiene una vista perfecta de mi patético trasero. Mi mejor amiga me ignora para liarse con su novio mientras yo llevo la camiseta de mi ex, estoy sola y jugueteo con dos vasos de plástico. Parece que «humillación» es mi segundo nombre últimamente.

Él arquea una ceja y, por el hoyuelo en el lado izquierdo de su labio, sé que me está cuestionando en silencio mi decisión de ignorarlo el otro día.

Como si fuera a darle a ese tío diez mil pavos solo porque me los pidió.

Ni de coña voy a soltar esa cantidad de dinero sin verificar la historia primero.

No puedo ir por la vida siendo la chica despistada de la que los tíos se aprovechan.