The Quarterback Draw (The Four Quarters Collection 2) 26. Capítulo 26
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26. Capítulo 26

Honey

M e quedo mirando la foto de Zach en mi móvil. Solo con pulsar el botoncito verde sé que respondería. Me ha dicho que estaba ocupado esta noche con reuniones consecutivas, pero sé que, si lo intentara, cogería el teléfono y fingiría que se alegra de saber de mí.

No lo hagas.

Me obligo a dejar el móvil e intento avanzar con algunos de los documentos que mi padre me envió a casa. No me convertiré en esa novia. La pegajosa que necesita atención constante y se presenta borracha y sollozando en la puerta de su novio porque no puede soportar un mal día.

Colocando los papeles frente a mí, leo el primer párrafo.

Luego otra vez. Nada. No me entra. Lo único en lo que puedo pensar es en lo mucho que lo he jodido todo entre Zach y yo.

Cuando me ha dicho que estaba ocupado esta noche, he podido verlo en su cara.

Contenía una mueca, preparándose para una reacción.

Le preocupa que pueda volver a desmoronarme.

¿Y lo peor? Puede que tenga razón.

Entre los constantes mensajes de desconocidos y las miradas de la gente por la universidad y la oficina, no siento que haya ningún sitio donde pueda aterrizar.

Incluso la casa de Zach ya no me parece tan segura como antes.

Sé que está esperando a que se produzca la siguiente explosión, y odio que en eso sea en lo que me he convertido.

Me ha enseñado su plan para hacerse un tatuaje de un panal de miel y lo único que he podido pensar ha sido: « No lo hagas». No merezco estar grabada permanentemente en su piel de esa manera. Soy un estorbo inútil que solo va a arrastrarlo conmigo al fondo.

Me muerdo el labio inferior, conteniendo las lágrimas.

¿Cuándo me he convertido en alguien que necesita reafirmación constante y no puede manejar su propia vida sin hacerse pedazos?

Supongo que todo empezó en el instituto, y desde entonces he estado cayendo en espiral a cámara lenta.

Sacudiendo la cabeza, obligo a mi mirada a bajar hacia los papeles. No tengo tiempo para pensar en lo rota que estoy. Tengo que centrarme en esto.

Otro párrafo apenas leído.

Solo es un premio de consolación. ¿No le da vergüenza?

Como si no tuviera suficiente de qué preocuparme. Los comentarios de Jonathan Nicks se filtran cada vez que intento leer estos estúpidos papeles.

Limpio una lágrima del papel mientras intento leer la siguiente frase, pero no funciona.

Bzz. Bzz. Bzz.

Cuando mi móvil vibra a mi lado, lo reviso rápidamente, agradecida por el respiro de mis propios pensamientos.

Chris: Noche de pelis en la casa del hockey hoy. Deberíais venir a pasar el rato con nosotros. Nada lujoso, solo pizza.

Chris: @Honey Zach es más que bienvenido.

Chris: @Jenni Puedes traer a ese tío del que hablabas esta mañana.

Chris. Otra relación más que he intentado sabotear durante esta última semana.

Por suerte, tiene una forma de hacer que las cosas parezcan normales incluso cuando todo lo demás dentro de mí parece estar mal.

Después de nuestra conversación del otro día, me preocupaba que las cosas se pusieran tensas entre nosotros, pero me sigue invitando a la pista, asiste a nuestras sesiones de estudio como si nada hubiera pasado y no me trata como si fuera de cristal.

A diferencia de todos los demás en mi vida en este momento.

No sé qué le dijo Zach a Olivia, pero está claro que fue suficiente para convencerla de venir el fin de semana para celebrar mi cumpleaños.

—A la mierda —susurro para mis adentros, empujando la silla del escritorio con tanta fuerza que chirría contra el suelo de madera.

No recuerdo la última vez que simplemente pasé el rato con amigos sin analizar demasiado cada interacción. A los chicos del hockey les importa un bledo el fútbol americano. Solo me ven como a una de sus amigas, y eso es lo que necesito.

Necesito esto. Necesito salir de esta habitación, de mi propia cabeza, y demostrarme a mí misma que no necesito a Zach para funcionar. Joder, Zach querría que lo hiciera.

Respondo rápidamente:

Honey: Zach está ocupado esta noche, pero yo me apunto. ¿A qué hora?

Chris: ¿Sobre las siete? Te aviso: Chase intentará monopolizar el mando, pero se distrae fácilmente con las palomitas.

Honey: Me aseguraré de comprar algunas por el camino. ¿Cuál es su sabor favorito?

Chris: Pepinillo... lo sé. No me juzgues por las papilas gustativas de mi hermano.

Honey: Nunca lo haría. Cogeré otros sabores también.

Jenni: Me habría encantado ir, pero tengo una cita con el chico en cuestión.

Honey: ¿Cita? ¿Cómo es que es la primera vez que oigo hablar de esto?

Jenni: escribiendo...

Mientras espero la respuesta de Jenni, cojo una de las sudaderas de South Point Prep de Zach y me la pongo.

Jenni: Es algo reciente. Las cosas han ido evolucionando entre nosotros y me alegra que por fin se haya decidido a invitarme a salir.

Honey: ¡Mucha suerte! Tengo ganas de que me lo cuentes todo.

Jenni: Oh, tendrás todos los detalles. Te lo prometo.

Chris: Suerte, Jen. ¡Nos vemos pronto, Honey!

Tardo unos quince minutos en caminar hasta la casa del hockey, justo al final del campus, y cuando llamo, es Chris quien abre.

—Hola, Honey —dice con una sonrisa afable. Lleva unos pantalones de chándal y una camiseta de hockey desgastada mientras se echa atrás para dejarme sitio—. Has venido.

—¿Pareces sorprendido? —Entro, asombrada de lo limpio que consiguen mantener este sitio a pesar de que viven aquí cuatro tíos del hockey. No está tan limpio como la casa de Zach, pero él vive solo y es bastante obsesivo con el orden de todos modos.

—Los chicos están en la cocina —explica Chris, guiándome por el pasillo—. Están discutiendo por la elección de la peli, lo que significa que probablemente acabaremos viendo lo que tú elijas.

—No puedo. No puedo ver otra película de superhéroes —oigo que una voz se queja desde la otra habitación mientras me quito los zapatos junto a la puerta—. Vimos tres la semana pasada, y eso hizo que Jensen creyera que podría ser capaz de hacer que Vera cobrara vida.

Hay una pausa y luego otra voz, demasiado alegre.

—¿A qué te refieres? Ella está viva y juega conmigo todas las noches .

Sigue un momento de silencio.

—Vale —dice finalmente otra voz—. Voy a elegir fingir que eso se refería al entrenamiento de hockey.

—Y así fue. En su mayoría.

—¿Quién es Vera? ¿Viene esta noche? —le susurro a Chris antes de entrar en la cocina.

Chris me dedica una sonrisa divertida. —Puede que te arrepientas de haber preguntado eso.

Espero.

—Vera es el poste de la portería de Jensen. Habla con ella, le puso nombre y, ¿sinceramente? Creemos que tienen una relación muy seria.

—Va-vale.

—Bienvenida a la casa del hockey.

Sigo a Chris hasta la cocina, donde veo a Nick y a Jensen cerca de la nevera.

—¡Honey! —anuncia Chase, pasándome el brazo por los hombros—. ¡Momento perfecto! Por favor, convence a estos paganos de que el cine debería tener argumento, no solo persecuciones de coches, bolas de fuego y gente gruñendo sobre venganzas.

Nick se vuelve hacia mí y sonríe. —No le hagas caso. Yo voto por las explosiones antes que por las emociones en cualquier ocasión. Los sentimientos no hacen explotar helicópteros.

—Creo que una comedia de bofetadas satisfaría los requisitos de todo el mundo —añade Jensen, guiñándome un ojo.

—Paso olímpicamente de las comedias de bofetadas —interviene Chris—. Lo último que necesita Jensen es pensar que caerse de culo es un deporte de competición.

Me río, sorprendida de lo fácil que es estar con ellos. Aquí no hay juicios, solo diversión.

—¿Entonces cuál es el veredicto sobre la película? —pregunto mientras saco un par de bolsas de palomitas.

—¿Pepinillo? —dice Chase con asombro mientras nos mira a Chris y a mí.

—Sí. Me han dicho que eran tus favoritas.

—Eres un tesoro —dice Chase, dándole un codazo a su hermano mientras saca un par de cuencos del armario—. No lo fastidies, Chris.

—No hay nada que fastidiar —murmura Chris mientras yo me quedo allí, balanceándome de un lado a otro, sintiéndome un poco extraña sin Zach.

Es exactamente por esto por lo que necesitas estar aquí.

—Como eres nuestra invitada, habíamos pensado dejar que eligieras tú —dice Chase.

—¿Yo? ¿Soy la única invitada esta noche?

—Sí —dice Nick con una sonrisa—. No podemos dejar que demasiada gente se infiltre en nuestra noche de hockey. Siéntete agradecida, acabas de entrar en la lista. —Me guiña un ojo y le dice algo a Chris mientras coge un cuenco ya lleno de palomitas y pasa por mi lado.

—Vaya, es un honor, y ahora siento la presión de elegir algo bueno.

—Lo harás bien —dice Chris—. Nos gustará lo que elijas. Solo asegúrate de que no sea algo con subtítulos, que probablemente Jensen se pondrá a hablar con la pantalla.

—Yo no hablo con las pantallas —protesta Jensen—. Simplemente... leo los subtítulos para que vosotros no tengáis que hacerlo. Es muy diferente.

—¿Así que lo que estás diciendo es que convertir películas extranjeras en obras de teatro de un solo actor es totalmente normal? —pregunta Chase, sacando la bolsa de palomitas y vaciándola en un cuenco.

—Totalmente normal —repite Jensen.

—¿Qué tal si dejamos que Honey elija la película antes de pasarnos la noche entera hablando de ello? —Chris me guía al salón y me da el mejor sitio en el centro de su sofá. Luego me tiende el mando.

—Confío en que elijas algo bueno.

—Sin presión. —Acepto el mando y me desplazo por las opciones de películas, sintiendo el peso de sus expectativas.

—Uf, ¿qué tal esta? —sugiero, haciendo clic en un thriller que parece interesante pero no demasiado intenso.

—Perfecto —dice Nick, dejándose caer al otro lado de mí. Al poco rato, Jensen y Chase se han unido a nosotros con pizza y el resto de las palomitas.

Justo cuando me estoy poniendo cómoda, se ilumina mi móvil y sonrío al instante al ver su nombre en la pantalla. Zach me ha escrito esta noche. No al revés.

Zach: Te echo de menos. ¿Qué estás haciendo?

Honey: Yo también te echo de menos. Estoy viendo una peli en la casa del hockey, pero ojalá estuviera contigo.

Zach: Lo mismo digo.

Honey: ¿Puedo ir a tu casa después? Sé que estás ocupado esta noche, pero está más cerca que la mía y quiero verte aunque solo sea en la cama.

Zach: Es nuestra casa y sí, joder, por favor.

Honey: Qué ganas. Te quiero, Zach.

Zach: Yo también te quiero, Honeycomb.

Vuelvo a meter el móvil en mi bolsillo, pero oigo que llega otra notificación y vuelvo a mirarlo por si es él.

Desconocido: El partido de tu chico de oro no es hasta dentro de dos días y ¿de verdad crees que se va a pasar la noche hablando con los chicos? Qué tierno.

Desconocido: Comprueba la ubicación compartida, Honey. O no lo hagas; la negación te sienta tan bien ahora como cuando estabas en el instituto.

Vuelvo a leer el mensaje, esforzándome al máximo por reprimir cualquier emoción que suplicara por salir. No puedo hacer eso. Aquí no. No delante de un grupo de tíos a los que apenas conozco.

No es la primera vez que mencionan el instituto y, sinceramente, empiezo a sentirme igual que antes de descubrir que Jamie me estaba engañando.

Por un segundo, mi pulgar se cierne sobre la aplicación de ubicación compartida, pero me detengo.

Esto no es nada. Zach no me miente. Esto solo es otro de esos gilipollas anónimos que parecen disfrutar haciendo que lo cuestione todo.

Dejo el móvil boca abajo en el cojín del sofá y me centro en la tele. Las manos no me dejan de temblar. Las cierro en puños hasta que las uñas se me clavan en las palmas; cualquier cosa para mantener los pies en la tierra.

—¿Estás bien? —pregunta Chris en voz baja, inclinándose más para que los demás no puedan oírlo—. Pareces tensa.

—Solo cansada —miento, obligando a mis hombros a relajarse—. Ha sido una semana larga.

Estudia mi cara durante un momento, como si pudiera ver a través de mis mentiras, pero no insiste. En su lugar, alarga la mano hacia el cuenco de las palomitas y me lo ofrece.

—La peli se está poniendo interesante —dice simplemente.

Asiento, fingiendo que esto es normal. Que solo soy una estudiante universitaria corriente pasando una noche de cine normal con amigos normales.

Después de todo, de esto trata la universidad.

No debería preocuparme por una persona cualquiera que me manda mensajes constantemente.

No me conocen. No conocen a Zach y dejar que se me metan en la cabeza es un flaco favor a mi relación.

Así que me guardo el móvil en el bolsillo, me recuesto e intento centrarme en la película lo mejor que puedo.