The Quarterback Draw (The Four Quarters Collection 2) 27. Capítulo 27
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27. Capítulo 27

Zach

C ruzo la puerta de Murphy's Tavern, recorriendo con la mirada el interior en penumbra hasta que localizo a Jenni en un reservado de esquina.

El lugar está casi vacío, con solo unos pocos habituales tomando cervezas en la barra y el sonido de alguna vieja canción de rock que suena demasiado bajo de fondo.

No es exactamente lo que esperaba cuando me envió un mensaje pidiéndome que nos viéramos.

Levanta la vista cuando me acerco y su sonrisa es demasiado radiante para el entorno. —¡Zach! Gracias por venir.

Me deslizo en el banco frente a ella, manteniendo las distancias. —Bueno —digo, yendo directo al grano—, ¿por qué no podíamos vernos en Hail Mary's? Está en el campus, y...

—Porque no quería que nadie nos viera juntos y se llevara una impresión equivocada —me interrumpe, jugueteando con su bebida—. Ya sabes cómo habla la gente, especialmente sobre ti. Lo último que querría es que se repita el incidente del porche.

Estudio su rostro, intentando leer entre líneas. Es una explicación razonable, pero hay algo en la forma en que lo dice que parece demasiado ensayado.

—Ya —digo despacio—. ¿Así que querías repasar lo de la fiesta?

La expresión de Jenni cambia. —¡Sí! —dice con entusiasmo antes de sacar su teléfono y desplazarse por una larga lista de notas.

Al inclinarse hacia delante para enseñarme la pantalla, su mano rozó la mía sobre la mesa.

El contacto es breve pero deliberado; me doy cuenta por la forma en que deja que sus dedos se demoren un segundo de más.

Retiro la mano sin decir nada, pero no me pasa inadvertido el destello de algo en sus ojos cuando lo hago.

—He reservado un espacio en The Holy Oak.

Pensé que estaría menos concurrido que Hail Mary's; la llevé allí la semana pasada y le encantó.

—Ahora habla más rápido, y quiero creer que es porque le entusiasma ayudar a Honey, pero hay algo forzado en todo esto—.

Chris y su equipo tienen algunas decoraciones que sobraron y que podemos usar, y también he hablado con la pastelería que hay frente al campus que le gusta a Honey.

—Parece que lo tienes todo bajo control —digo, recostándome en el asiento—. No sé por qué necesitabas que estuviera aquí para repasar esto.

—Bueno, quería asegurarme de que lo aprobabas todo. Es a tu novia a quien celebramos. —Su mano se desplaza de nuevo por la mesa, aterrizando esta vez en mi antebrazo—. Y pensé que quizá podrías ayudarme a recoger la tarta mañana por la mañana.

¿Habla en serio? Tengo partido por la tarde y ella lo sabe.

Vuelvo a quitar su mano, esta vez con más firmeza. —Jenni.

—¿Qué? —pregunta con total inocencia, pero hay un desafío en su mirada.

—Ya sabes qué.

Suspira, recostándose en su asiento. —Solo intento ser una buena amiga para Honey, y para ti. Sé que las cosas han estado tensas entre nosotros, pero de verdad que me estoy esforzando.

—¿Ah, sí?

—¡Sí! —La palabra sale más cortante de lo que probablemente pretendía.

Toma aire, recomponiéndose—. Mira, sé que no confías en mí.

Lo entiendo. ¿Pero no podemos al menos intentar llevarnos bien por el bien de Honey?

Ella está atrapada en medio de lo que sea que pase entre nosotros, y no es justo para ella.

En eso no se equivoca, y el hecho de que tenga razón me irrita más que cualquier otra cosa que pudiera haber dicho.

—Está bien —digo—. Pero que quede claro algo: esto es por Honey. Nada más.

—Por supuesto —dice ella, pero hay algo en su sonrisa que no termina de llegar a sus ojos.

—No puedo ir a por la tarta mañana porque tengo que prepararme para mi partido de fútbol. —Tiff y Ella también llegan mañana, pero cuanto menos sepa Jenni sobre mí, mejor.

Sacude la cabeza, riendo con nerviosismo. —Claro. No me puedo creer que se me haya ocurrido sugerirlo. Le pediré ayuda a Chris. Su partido no es hasta el lunes.

Aprieto la mandíbula y, por desgracia, Jenni me observa tan de cerca que se da cuenta. —¿Pasa algo con Chris?

—Nada —respondo, todavía dándole vueltas al hecho de que le dijera a mi novia que estaba jodidamente enamorado de ella.

—Ah... —Su voz se apaga, mordiéndose el labio como si estuviera debatiendo si decir lo que tiene en mente—. ¿Tú también lo has notado?

—¿Notar el qué?

—Probablemente no sea nada, pero... ¿has notado a Honey diferente últimamente? ¿Un poco más distante?

Cada músculo de mi cuerpo se tensa, preguntándome si Honey le habrá contado lo de las últimas noches. Al fin y al cabo, ella fue la primera persona a la que Honey le habló de su padre.

—Yo no he notado nada. —Ignoro su cebo, sabiendo que las cosas que me dijo anoche eran demasiado vulnerables como para que se las hubiera admitido a ella.

—¿Entonces no se comporta de forma distraída contigo? No sé, es que a veces cuando habla, parece que tiene la cabeza en otra parte. —La voz de Jenni baja de tono—. Habla mucho de Chris. Pero mucho, ¿eh? De hecho, está allí esta noche.

Se me revuelve el estómago porque Jenni claramente esperaba que esto fuera una noticia para mí. Quería que reaccionara, que me enfadara o que me pusiera celoso, o ambas cosas.

—Lo sé —digo tajante—. Me lo ha dicho ella.

Jenni arquea las cejas, con una sorpresa genuina cruzando su rostro. —¿Te lo ha dicho? ¿Y te parece… bien?

—¿Por qué no iba a parecerme bien? Honey y yo no nos ocultamos secretos. —Me inclino hacia delante, con voz baja y firme—. Lo que no entiendo es por qué intentas que parezca algo que no es.

Un destello de algo —¿frustración?, ¿ira?— cruza el rostro de Jenni antes de que se recomponga. —No intento hacer nada. Solo pensé que deberías saberlo.

—No —digo, negando con la cabeza—. Querías que me enterara por ti, no por Honey. Querías que pensara que me estaba ocultando algo.

La expresión de Jenni cambia, suavizándose de forma inesperada. Se inclina hacia delante, deslizando su mano por la mesa hasta apoyarla en la mía.

—Quizá solo quería pasar un rato contigo —dice, bajando la voz hasta casi un susurro—. ¿Tan malo es eso?

Retiro la mano, incómodo con el repentino cambio en su actitud. —Jenni…

—Mira —me interrumpe, levantándose y rodeando la mesa para sentarse en el sitio a mi lado—. Ambos sabemos que aquí hay algo. Lo he sentido desde que nos conocimos.

—Aquí no hay nada —digo con firmeza, alejándome de ella—. Estoy con Honey. Amo a Honey.

Suspira, buscándome la mirada con los ojos. —No tienes que fingir conmigo, Zach. Veo cómo me miras a veces.

—Creo que estás confundiendo sospecha con interés.

—¿Ah, sí? —pregunta ella, y entonces se pone en pie, rodeando la mesa, tropezando ligeramente antes de sostenerse con una mano en mi hombro, con su cara de repente a centímetros de la mía.

Sus labios rozan mi mejilla, peligrosamente cerca de la comisura de mi boca; no ha sido exactamente un beso, pero tampoco exactamente un accidente.

—¡Vaya! —dice, sin parecer arrepentida en absoluto mientras se aparta un poco—. Qué torpe soy.

Me levanto bruscamente, poniendo distancia entre nosotros. —¿Qué demonios estás haciendo?

—Vamos, Zach —dice, mirándome a través de las pestañas—. Honey está ocupada con Chris. Ella no tiene por qué saberlo.

—De esto es exactamente de lo que estoy hablando —digo, con la ira bullendo en mi pecho—. Has estado intentando sabotearnos desde el principio.

Se ríe, un sonido agudo y quebradizo. —Dios, qué ego tienes. No todo gira en torno a ti, Zach. Quizá solo pienso que Honey se merece algo mejor que un tío que siempre pone el fútbol por delante y que no le quita el ojo de encima a su mejor amiga.

—He terminado con esto. Buenas noches, Jenni.

Cojo mis cosas y me dirijo hacia la puerta con mal humor.

—¿H-Honey? ¿Eres tú? —oigo sollozar a Jenni.

¿Pero qué cojones?

Giro la cabeza y es como si estuviera mirando a una extraña. Hace dos segundos, se mostraba arrogante y presumida. Ahora, está encorvada con el teléfono pegado a la oreja mientras las lágrimas le corren por las mejillas.

—Estoy bien. —Su voz se quiebra a mitad de una sílaba, temblando como si le hubieran hecho daño—.

Joder, yo... no sabía a quién más llamar.

Estoy... estoy en Murphy's y Zach ha aparecido y...

—Su respiración se entrecorta y deja escapar un pequeño sollozo ahogado—.

Me pidió que viniera para ayudar a organizarte una fiesta sorpresa, pero luego él... él ha intentado besarme.

Mi cerebro casi estalla. —¿Qué cojones estás...?

—¡Para! —grita ella, apartando el teléfono para que parezca que se está defendiendo de mí. Tengo las manos en alto. No la he tocado. Inclina la cara hacia el teléfono, con voz trémula—. Por favor, para ya...

Sus ojos se encuentran con los míos mientras una sonrisa burlona se dibuja en su rostro, en total contraste con su voz. —Le dije que no, Honey. Le dije que te quiero como a una hermana, que yo nunca... pero él no escuchaba. Dijo que tú no tienes por qué saberlo.

—Dame el teléfono —espesto, pero mi voz suena distante, estrangulada por la incredulidad.

—¡No, no lo hagas! —exclama, retrocediendo de nuevo, y juraría que casi sonríe antes de cubrirlo con otro sollozo tembloroso—. Lo siento mucho, Honey. Yo solo... no sabía qué hacer. No quería arruinar las cosas entre vosotros, pero no puedo quedarme callada.

—Dame el teléfono —digo entre dientes, lanzándome a por él.

Jenni se aparta con un pequeño grito ahogado, como si acabara de confirmar su versión. —Zach, para —grita, lo suficientemente fuerte como para que el camarero mire hacia aquí—. Por favor, para ya...

—¿Parar qué? —Mi voz se quiebra—. Estás mintiendo, Jenni. Ella no se va a creer esta gilipollez.

Retrocede un paso, todavía con el teléfono pegado al oído, las lágrimas surcándole las mejillas como si las hubiera ensayado frente a un espejo. —Yo solo... tenía que decírtelo, Honey. Te mereces saber con quién estás de verdad.

—Dame el puto teléfono...

Pero ella ya lo está apartando, presionando la pantalla con dedos temblorosos.

—Por favor, no me odies —susurra, y entonces la línea se corta.

Se me cae el alma a los pies.

—No —suspiro, pasándome una mano por el pelo, tirando con fuerza con la esperanza de que el dolor me despierte de esta pesadilla—. No, no, no.

Cuelga justo cuando le arrebato el teléfono de la mano; la pantalla está negra, la llamada ha terminado. Mi reflejo me devuelve la mirada en el cristal, con los ojos desencajados por la furia y el terror.

Jenni se limita a observar, ahora tranquila —serena, casi—, como si las lágrimas nunca hubieran sido reales.

—Estás loca —siseo.

Ella sonríe a través de sus falsas lágrimas y suelta con desprecio: —No. —Acomodándose el pelo, vuelve a guardar el teléfono en su bolso—. Soy lista, y ahora Honey sabe con qué clase de tipo está saliendo realmente.

No me quedo a oír más.

Me doy la vuelta y salgo disparado de Murphy's al aire frío de la noche. Mis manos tiemblan mientras saco mi propio teléfono, pulsando con el pulgar el nombre de Honey, pero la pantalla se queda tercamente en gris.

Sin señal.

—Vamos —gruño, intentándolo de nuevo, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado. Nada.

Joder.

Ella está ahí fuera, oyendo las mentiras de Jenni, y yo ni siquiera puedo avisarla.

Me guardo el teléfono y echo a correr sin plan ni vacilación, porque si Honey se la cree, si la pierdo por algo que no he hecho, no solo me destrozará. Acabará conmigo.

Tengo que llegar hasta ella.

Ya mismo.