20. Capítulo 20 #2
—¡Exacto! —Me interrumpe, inclinándose hacia delante con entusiasmo—. Estás agotada porque nunca haces nada divertido. Es fin de semana, Honey. Estás en la universidad. Vámonos.
—No puedo simplemente…
—¿Por qué no? —me desafía—. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Te tomas una copa, te ríes un poco, recuerdas lo que se siente al ser una veinteañera normal?
La miro fijamente un segundo. —Tengo responsabilidades. Trabajo que recuperar. No puedo dejarlo todo y…
—¿Y qué? ¿Vivir un poco? —Jenni estira el brazo y me sacude los hombros, haciéndome reír un poco—. De esto es exactamente de lo que hablo. Estás tan ocupada siendo la estudiante perfecta, la novia perfecta, la becaria perfecta, que has olvidado cómo ser simplemente… tú.
Las palabras escuecen porque no le falta razón. ¿Cuándo fue la última vez que hice algo espontáneo? ¿Algo solo por mí?
—No lo sé —digo dubitativa.
—No tenemos por qué ir al Hail Mary —continúa Jenni, presintiendo que mi resolución flaquea—. Podemos ir a algún sitio más tranquilo. Solo nosotras dos. Sin multitudes, sin dramas. Solo unas copas y charla de chicas.
—Debería estudiar de verdad —digo débilmente, pero hasta yo noto la falta de convicción en mi voz. Tengo que admitir que la oferta es tentadora. La idea de salir de mi cabeza, lejos de archivos de casos y mensajes anónimos y de la presión constante de ser perfecta… suena casi revolucionario.
Jenni sonríe, sabiendo que ha ganado, y me coge la mano. —Venga. Los libros seguirán ahí mañana. Pero esta noche… esta noche vamos a recordarte lo que se siente al divertirse.
—¡Salud! —Jenni levanta su copa y yo choco la mía contra la suya con un suave tintineo.
—Gracias por obligarme a salir —admito, dando otro sorbo a mi whisky, el tercero de la noche, y hundiéndome en el gastado asiento de cuero—. Ha estado… bien.
—¿Bien? —Jenni arquea una ceja, sonriendo sobre su propio vaso—. Pareces sorprendida.
—Tal vez lo esté. —Observo nuestro entorno tranquilo, satisfecha por lo que parece ser la primera vez desde que llegué aquí.
El Holy Oak no es como el Hail Mary. Es más tranquilo, más íntimo.
Aquí no hay susurros. El puñado de clientes sentados en sillas desparejadas alrededor de mesas antiguas son en su mayoría estudiantes de posgrado que ni siquiera me están mirando.
Es exactamente lo que necesitaba.
—Hacía tiempo que no salía y me sentía tan anónima.
Jenni tararea pero no dice nada.
Me río entre dientes y niego con la cabeza. —Sueno patética y arrogante.
—Solo un poco —bromea ella, sonriendo—. ¿Ha vuelto ya?
—Debería llegar al campus pronto. —Hago girar el líquido en mi vaso, viendo cómo el ámbar se pega a los bordes—. Lo veo todo el tiempo, pero a veces parece que vivimos vidas completamente separadas, ¿sabes? —admito.
Jenni estira el brazo y me toca el brazo.
—Creo que eso es lo que pasa cuando sales con alguien como Zach —dice, curvando la boca en una pequeña sonrisa—.
Entra en una habitación y todas las cabezas se giran.
Debe de ser… agotador, intentar estar a la altura de alguien así.
Especialmente alguien como tú que solo quiere pasar desapercibida.
Por la forma en que lo dice, tan informal y admirada, se me eriza el vello de la nuca y la imagen de ella y Zach en el partido de hockey vuelve a primer plano.
Tal vez sea el whisky, o la forma en que se muerde el labio para reprimir una sonrisa, pero antes de que pueda contenerme, las palabras se me escapan:
—A veces me pregunto si realmente hay algo entre tú y Zach.
Jenni se queda helada, se aclara la garganta y luego se recuesta, dejando que las palabras queden suspendidas entre nosotras.
—Estás de broma, ¿verdad?
—Ya lo sé —me apresuro a decir, con las mejillas ardiendo—. Sé que él odia… —Me detengo. Incluso achispada, no puedo decirlo en voz alta. No puedo dejar que nadie sepa que Zach es algo menos que el quarterback perfecto que le gusta representar—. …que nunca es precisamente cariñoso contigo.
—Eso es quedarse corto —dice ella secamente, levantando su vaso—. Zach apenas me tolera. La idea de que esté suspirando por mí en secreto es… hilarante.
Quiero creerle. De verdad, pero el recuerdo de esa foto me araña la garganta: Jenni inclinada hacia Zach, el móvil de él en su mano, sus cabezas juntas como si compartieran una broma privada.
—¿Entonces por qué vi una foto tuya sosteniendo el móvil de Zach? En la pista. Parecíais… —Se me cierra la garganta—. …íntimos.
Jenni parpadea, sobresaltada. —¿Foto?
Asiento, con el calor subiéndome a la cara. —Sí. Alguien me la envió.
Por un segundo, algo ilegible cruza su expresión. Luego suelta una risa suave, negando con la cabeza. —Dios, eso. Estábamos… —Hace una pausa, desviando la mirada antes de volver a mirarme—. Me estaba enseñando una foto tuya. De vuestras vacaciones. Salías muy guapa.
La combatividad se me drena de golpe, dejando solo vergüenza en su lugar. Por supuesto. Por supuesto que Zach no har… —
Se me revuelve el estómago mientras la culpa se desliza para ocupar el lugar de la sospecha. Me siento ridícula, paranoica.
Fuerzo una risa, débil e irregular. —Claro. Tiene sentido.
—Sinceramente —añade Jenni con una mueca—. Si alguien debería estar preocupado, creo que debería ser Zach.
Casi derramo el whisky al oír aquello. —¿Qué se supone que significa eso?
Con el ceño fruncido, intento pensar en cualquier escenario, en cualquier tío que pudiera siquiera malinterpretarse como algo más, pero me quedo en blanco.
—¿No lo sabes? —Jenni se recuesta en su silla, estudiándome—. Venga, Honey. No puedes pensar en serio que Chris no siente nada por ti.
—¿Chris? —Frunzo el ceño confundida—. No. Solo somos amigos.
La sonrisa de Jenni se suaviza. Es compasiva y me hace sentir patética. —¿Cómo no te has dado cuenta de que siempre está cerca de ti? ¿De cómo siempre está escuchando, observando y riéndose de tus chistes malísimos? Está coladito por ti.
Cierro los ojos, intentando procesar sus palabras, pero el whisky empieza a subírseme a la cabeza. —No es cierto —insisto, pero la voz me tiembla.
—Tú no lo ves, pero todos los demás sí. Incluso Zach —dice ella a la ligera, haciendo girar el pie de su copa entre los dedos—. Incluso cuando nos conocimos… ¿sabes que te estaba mirando desde el otro lado de la sala? Me dio tanta pena por él que me ofrecí a ayudar a presentárselo.
—Eso no es… —Niego con la cabeza—. Te lo estás inventando.
—No. Ha estado así desde el primer día. Siempre buscando excusas para estar cerca de ti, preguntando qué te gusta, qué te hace reír… Deberías haberlo visto el día que se enteró de que tenías novio. Estaba desolado y me dijo que ojalá te hubiera conocido antes.
No. No. Eso no tiene sentido. Chris está enamorado de su ex. No de mí.
—Chris es… No debería haber dicho eso.
—Tal vez no. —Su tono se suaviza y es casi compasivo—. Pero creo que lo decía en serio. Habla de ti como si fueras… inevitable. Como si hicieras que fuera imposible para cualquiera ver más allá de ti una vez que te han conocido.
Mi pulso se acelera y Jenni me estudia por encima de su vaso.
—Sinceramente, no es de extrañar. Está claro que tienes una forma de convertirte en el mundo entero de alguien. Zach está obsesionado con hacerte feliz y, a veces… bueno, a veces me pregunto si no eres feliz porque no sabes cómo existir sin ser el todo de alguien.
—Eso no es verdad. —Las palabras salen de mi boca, pero incluso mientras las pronuncio, sé que no me las creo. Tiene razón, y es todo lo que he sentido pero nunca me he atrevido a admitir.
Jenni se muerde el labio inferior y regresa esa mirada de lástima. —Mira, solo digo que… Zach es increíble. Va a llegar lejos y hay muchísimas chicas que matarían por estar con él. No estaría de más pensar en lo que tú quieres… al margen de él.
Un sordo eco de pánico surge bajo mi piel.
— Sí sé lo que quiero —digo, demasiado rápido… porque no lo sé. No lo sé desde hace muchísimo tiempo y ahora que empiezo a pensar en ello, siento que no puedo respirar.
—¿Ah, sí? —pregunta ella con suavidad.
El whisky me sienta mal en el estómago. Aparto mi vaso y me pongo en pie. —Debería irme a casa.
Jenni no discute. Solo pide la cuenta con un gesto, recorriéndome con la mirada. —Vale, cariño, pero me llamarás si me necesitas, ¿verdad?
—Sí —suelto con un hilillo de voz, lanzando suficiente dinero sobre la mesa para pagar mi parte.
Fuera, el aire fresco de la noche me golpea con fuerza, y lo aspiro como si intentara expulsar sus palabras de mis pulmones. De mi cuerpo.
Se equivoca… pero ¿y si no?
¿Quién soy yo sin él?
No… no lo sé.
Rebusco en mi bolso, buscando el móvil para poder pedir un Uber. Cuando lo encuentro, me quedo paralizada.
Justo ahí, en mi pantalla, hay otro mensaje.
Desconocido: ¿Jenni vuelve a proteger su propio pellejo? No sé por qué se molesta cuando no es la primera, y ciertamente no será la última chica que se folla a Zach. Me pregunto cuándo vas a aceptar por fin que no eres la única que se la chupa.
Las palabras se emborronan, luego cobran nitidez, grabándose en mí.
Se me cierra la garganta. El aire parece más liviano. Más frío.
La voz de Jenni se desliza por mi mente, cruel y resonante: « Hay muchísimas chicas que matarían por estar con él».
¿Y si ya se lo ha permitido? ¿Y si he estado caminando ciega mientras él se ha dedicado a darle la razón a ella?
El whisky en mis venas no ayuda. Hace que todo sea más ruidoso, más mezquino. Mis pensamientos tropiezan, fallan, chocan, hasta que lo único que oigo es la duda.
Me tiembla la mano al bloquear la pantalla del móvil. No puedo ir a casa. No puedo sentarme en el silencio, asfixiándome con preguntas que suenan demasiado a verdad.
Para cuando me doy cuenta de que me muevo, ya estoy a media manzana de distancia, con el hormigón golpeando bajo mis pies y el alcohol zumbando en mi sangre.
Voy hacia él.
Antes de que el pánico me coma viva.
Y antes de que se me pase el efecto del whisky y pierda el valor.