10. Capítulo 10 #3
Alguien se aclara la garganta detrás de Honey, así que ella se gira, dejando ver a sus amigos. Trago saliva, intentando no mirar fijamente a la chica que —ahora que la he visto de cerca— era sin ninguna duda la que estaba en mi porche.
—¡Ah!, ¿te acuerdas de que te mencioné que iba a venir con mis amigos? Estos son Jenni y Chris.
La sonrisa de Jenni es tímida mientras da un paso adelante y me tiende la mano, actuando como si fuera la primera vez que nos vemos.
—Gran partido, Zach. —Esa voz. El mismo tono almibarado y demasiado dulce—. He oído hablar mucho de ti.
Sí, ya me lo imagino.
Le estrecho la mano, no queriendo montar una escena. Es un gesto rápido e impersonal, sin calidez ni encanto.
El chico que está a su lado sonríe y me ofrece la mano. —Un final increíble, tío. Ha sido de élite. —Su apretón es firme, su sonrisa genuina. Odio lo simpático que parece.
—Gracias —digo con un apretón firme.
Antes de que pueda cuestionar sus intenciones con mi novia, Reese aparece detrás de mí. —¿Cómo demonios te has librado de esos reporteros? A mí no me dejaban en paz —dice, sacudiéndose la camiseta antes de darle un rápido abrazo a Honey—. Genial tenerte en el partido, Honey.
—Lo habéis hecho de maravilla. Esa recepción al final ha sido increíble —le dice ella y le dedica el tipo de sonrisa que hace que sea difícil recordar que hace treinta minutos estaba dispuesto a quemar el estadio por un guiño de Jenni.
—Todo gracias al brazo de tu chico —dice él, dándome una palmada en el hombro—. Nos vamos a Hail Mary’s a celebrar. Deberíais venir.
Antes de que Honey pueda responder, Jenni se entrelaza a su brazo y se adelanta. —¡Eso suena genial! ¿Os importa si nos unimos?
—Por supuesto que no —dice Reese con soltura, aunque capto la mirada inquisitiva que me lanza.
—¿Vienes, C? —le pregunta Jenni a él.
Él niega con la cabeza. —Esta noche no puedo. Mañana tengo partido temprano.
—¿Partido, eh? ¿A qué juegas? —pregunta Dax a mi lado con una sonrisa burlona.
—Hockey —responde Chris simplemente.
—Oh, eres uno de esos… —dice Dax, con el tono rebosante de falso desdén—, tíos de los palos.
Chris se limita a sonreír, sin inmutarse. —Culpable, y tú eres uno de esos tíos obsesionados con las pelotas.
—Lo entenderías si las vieras —replica Dax sin perder un segundo.
—Siento que no puedas venir —dice Honey, poniendo la mano en el hombro de Chris—. Quizá puedas venir en otra ocasión.
—Sin duda. —Chris la atrae para darle un abrazo.
Uno… dos… tres… Eso son tres segundos de más para mi gusto. Vale, quizá cuatro.
Aprieto los puños, tenso la mandíbula y solo cuando se separan vuelvo a respirar. Cuando abraza a Jenni para despedirse, no es ni de lejos tan largo. He contado.
Con otro saludo, se marcha. Sebi se inclina hacia mí. —El tío parece legal. ¿Por qué parece que quieres asesinarlo?
—No es eso —murmuro, aunque no estoy convencido.
—Bueno, ¿nos vamos? —pregunta Jenni alegremente, ahora del brazo de Honey—. Me muero por una copa después de tanta emoción.
Refunfuño en respuesta, observándola. La maldita audacia que tiene para estar aquí es de locos. Mason y Sebi encabezan el grupo, discutiendo sobre quién ha hecho la mejor jugada. Dax les sigue, enviando mensajes a alguien con una sonrisa mientras Reese se queda rezagado conmigo.
—¿Esa es la nueva amiga de Honey? —pregunta Reese en voz baja—. Hay algo en ella que me escama.
Bueno, al menos no soy el único que le ve el plumero. —Sí. Hay algo sobre ella que tengo que contarte luego.
—¿Quieres que la mantenga a raya?
—No —digo, viendo cómo Jenni susurra algo que hace reír a Honey—. Primero necesito averiguar a qué está jugando.
—Tú solo dilo —responde Reese—. Te cubrimos las espaldas.
—Gracias —murmuro antes de acercarme por detrás a mi futura esposa y rodear sus caderas con mis brazos. Besándole la mejilla, le susurro—: ¿Te vienes conmigo? —y la aparto de Jenni de forma no muy sutil para que me preste atención.
Su mano acaricia mi mejilla mientras apoya la espalda contra mí y sonríe con dulzura. —Siempre.
Jenni intenta seguirnos, pero Reese la conduce hacia su coche, desviando su atención hábilmente con una pregunta sobre su carrera universitaria.
Gracias, tío.
—Tu amiga Jenni parece… interesante —empiezo mientras nos alejamos del estadio. Quiero ser cauteloso con ella porque sé que, si salto con acusaciones a saco, Honey pensará que he perdido el juicio por su culpa. Por muy cierto que sea, primero necesito aclarar los hechos.
—Es genial, ¿verdad? —Está radiante, totalmente ajena a mis preocupaciones—. Ha sido tan agradable estar hoy en el estadio con amigos. Me ha ayudado a darme cuenta de que no debería dejar que las opiniones ajenas me impidan apoyarte.
Fuerzo una sonrisa, no queriendo arruinar su felicidad. —Me alegro, Honeycomb. De verdad.
Ojalá sonara como si me lo creyera. Quería que hiciera amigos aquí, pero ¿de verdad quería que fuera íntima de una chica que intentó pasarme su número hace una semana?
Mientras conducimos hacia Hail Mary’s, decido que no diré nada esta noche. En su lugar, vigilaré a Jenni y averiguaré sus intenciones. Solo después hablaré con Honey al respecto.
Al fin y al cabo, no quiero arruinar su amistad.