9. Capítulo 9
Honey
D esconocido: No es asunto mío, pero si yo fuera tú, querría que alguien me avisara. Tu novio tenía a una rubia en su casa. ¿Y sinceramente? Era impresionante. Él parecía francamente aliviado de que tú no estuvieras allí.
Me quedo mirando el mensaje. Sin parpadear. Sin respirar... pero sin creérmelo.
Mi pulgar flota sobre la pantalla antes de que lo descarte con frustración.
Otra vez.
Me han vuelto a encontrar.
Borré todo rastro, no he estado en las redes sociales en años, he cambiado mi número incontables veces y me he mantenido al margen, pero los troles siempre se las apañan para encontrar el camino de vuelta.
—¿Tierra llamando a Honey? —Jenni agita la mano frente a mi cara, su pelo rubio oscila mientras se inclina sobre la mesa del comedor—. Te has quedado mirando el móvil como un minuto entero. ¿Has escuchado algo de lo que acabo de decir?
Me guardo el móvil en el bolsillo y fuerzo una sonrisa. —Lo siento, es que estoy... distraída.
—¿Está todo bien? —Sus ojos se entrecierran ligeramente mientras todos a nuestro alrededor recogen sus cosas—. Pareces rara hoy.
Aspiro con fuerza, la tensión de mi charla con Zach de anoche todavía me pesa en el pecho.
Lo llamo charla porque no fue una pelea; no alzamos la voz.
Una vez que superó la impresión inicial, en realidad me apoyó.
Entonces, ¿por qué la conversación se repite en mi cabeza como si me hubiera equivocado en algo?
Eres demasiado creativa para eso. Lo odiarás.
Puede que odie el Derecho, pero si eso libera a Tiff y a Ella...
entonces ¿por qué no? ¿Qué más puedo ofrecer a la gente si no es una forma de escapar?
La única clase que despierta mi atención es Escritura Creativa e, incluso así, no estoy segura de si es porque soy buena o porque es la única asignatura en la que de verdad tengo amigos.
—Parece que vas a vomitar —dice Jenni, acercándose más—. ¿Quieres hablar de ello? Se me da genial la psicología barata y doy consejos muy mediocres.
Suelto el aire, tratando de calmarme. Zach dice que me cierro demasiado.
Que me ensimismo y espero que la gente entienda lo que no quiero decir en voz alta.
La única otra persona que lograba llegar a mí era Olivia, y no he hablado con ella en semanas.
No es culpa suya. Es solo que es difícil cuando ambas estamos en universidades en extremos opuestos del país.
Además, si intento hablar con ella sobre esto, sacará a relucir todos los demás problemas que rodean a mi padre. Los mismos problemas que sacó Zach.
No. Necesito a alguien que sea ajeno a la situación para que me ayude y, hasta ahora, Jenni no ha hecho nada para traicionar mi confianza. De hecho, es la única que ha intentado ayudarme de forma genuina. Quizá sea bueno tener a alguien más aparte de Zach en este campus con quien pueda hablar.
—Vale —digo despacio—. Es por mi novio.
Jenni sonríe con picardía. —Ah, tu novio . Sí, he oído hablar de él.
—¿A sí?—.
Sabía que era demasiado bueno para ser verdad. Lo sabe todo sobre Zach, ¿verdad?
—Chris mencionó el otro día que tenías uno.
—¿Lo hizo? —Un destello de culpa me recorre la espalda. No solo la juzgué, sino que estaban hablando de mí a mis espaldas. Lo odio. Odio que mi mente siempre piense que deben de estar criticándome.
¿Se lo ha callado? ¿Se cree demasiado buena para decirnos quién es su novio? ¿Es que no confía en nosotros?
—No dijo mucho —me interrumpe Jenni a mitad de mi espiral de pensamientos con un encogimiento de hombros—. Pensamos que era raro porque nunca lo habías mencionado antes.
—Esa era un poco la idea —digo con desánimo.
—¿Por qué? ¿No es buen tío? —pregunta en voz baja.
—No. No es nada de eso. Es un chico estupendo, es solo que...—.
Bueno, de perdidos al río.
—Él es, bueno, es alguien bastante importante aquí.
Jenni arquea una ceja y espero un segundo. Principalmente a que ella por fin admita que sabe quién es, pero no pasa nada. Se limita a seguir mirándome con la expresión en blanco.
—Es el quarterback del equipo de fútbol americano. Zach Evans.
—Zach Evans. Zach Evans. Zach Evans —repite Jenni, frunciendo el ceño—. El nombre me suena, pero no lo ubico. ¿Es el quarterback principal?
¿Quarterback principal? ¿Es que no sabe nada de fútbol americano?
—¿Estás segura? Hay literalmente un póster con su cara a la salida del comedor.
Gira la cabeza hacia la puerta y no dudo de que puede ver su rostro a través de las pequeñas rendijas de la ventana de la puerta.
El póster es enorme. Es entonces cuando veo que todo encaja en su cabeza.
—Un momento, ¿ ese rubio es tu novio? —suelta casi ahogándose, mirando a la puerta con sorpresa—.
No me había dado cuenta de que de verdad venía aquí.
Pensé que era un modelo cualquiera o algo así... —.
Se detiene antes de terminar la frase.
Por alguna razón, su reacción me llega al alma, porque si Jenni no sabe quién es Zach... entonces es que realmente me ve a mí .
—Pues no —digo marcando la «p» y observo su reacción con atención—. Es mi novio.
Veo cómo su expresión cambia del asombro a la curiosidad.
—Vaya.
Me remuevo incómoda en el asiento. —Cuando la gente se entera, suele... cambiar.
—¿A qué te refieres?
Echo un vistazo alrededor, asegurándome de que nadie pueda oírme antes de continuar.
—Es como... —hago una pausa, buscando las palabras adecuadas—.
Cuando la gente descubre que estoy con Zach, algo cambia.
Su tono, su lenguaje corporal, demonios, incluso la forma en que me miran.
Chicas que solían sonreírme al pasar, de repente fingen que no existo.
—¿En serio?
—Los desconocidos son lo peor. —Suelto una risa amarga—. O me odian o quieren algo de mí. Ya no hay término medio. He dejado de ser una persona para convertirme en un... nombre en la historia de otro.
Jenni frunce el ceño. —Eso es de locos.
Para recalcar el punto, saco el móvil, busco mis mensajes y lo deslizo por la mesa.
—Mira. A esto me refiero.
Jenni revisa los números aleatorios que me han enviado mensajes durante el último año. He cambiado de número cinco veces desde que empecé aquí, pero siempre es lo mismo.
—Esto es... —Se detiene en uno y lo lee—. «¿Espero que estés disfrutando de tu puesto de sustituta?» —Me mira—. Qué fuerte.
—Ese es de los más amables.
Recupero el teléfono antes de que vea algo peor.
—Me borré las redes sociales en el instituto después de que mi exnovio, Jamie, me pusiera los cuernos.
—Tía, lo mismo digo. Yo no entro en redes sociales desde que encontré los mensajes directos que mi novio del instituto les mandaba a otras tías.
Después de eso, intentó hacerme luz de gas a través de las historias de Instagram, así que lo borré a él y borré la aplicación.
Odio a ese capullo, pero no por eso es más fácil verlo en internet, presumiendo de su nueva relación.
Siento como si se estuviera burlando de mí, ¿sabes?
Me descubro asintiendo, quizá demasiado rápido.
Sus palabras alivian una parte de mí que no me había dado cuenta de que seguía tan sensible.
Ella lo entiende de verdad. El engaño, las mentiras, esa forma de hacerte sentir que estás loca incluso cuando tienes razón.
Sé que debería haber superado ya todo lo que pasó con Jamie.
Llevo un año con Zach, pero a veces todavía duele cuando la gente saca a relucir mi pasado o se inventa mierdas sobre ello.
—Solo desearía que esas chicas dejasen de buscar formas de encontrarme.
Jenni se inclina hacia delante, con la voz más suave ahora. —¿Por qué iba alguien a ir a por ti solo por salir con un quarterback? Quiero decir, es mono y todo eso, pero hay un montón de tíos monos en el campus. Chris por ejemplo.
Arquea las cejas significativamente, y tiene razón. Hay un montón de tíos guapos y atletas en St. Michael’s, pero Zach es diferente.
—No es por su físico. Es porque es Zach Evans —digo con un suspiro—. La universidad lo ha puesto en un pedestal, y el dinero que gana con sus contratos de patrocinio es de dominio público. La gente lo quiere a él y piensan que yo les estorbo.
Se queda callada un momento, y ese mismo destello de duda vuelve a recorrerme la espina dorsal. ¿He hablado de más?
Alcanza su agua, bebe un sorbo y dice: —Así que básicamente has estado viviendo en una pecera por culpa del fútbol y no me lo habías dicho porque, ¿qué? ¿Tenías miedo de que fuera a perder la cabeza por tu novio?
Asiento, pero la forma en que lo dice hace que casi me sienta avergonzada por haber pensado así en un principio.
—A veces es más fácil —digo—. Ser anónima.
Se encoge de hombros. —Sinceramente, no te culpo. Las tías de este campus ya están sedientas de sangre sin necesidad de que seas la novia de ningún bombón del fútbol. Añadir esa dinámica lo vuelve todo diez veces más complicado, y tú no te mereces ser el daño colateral del protagonismo de otro.
—Gracias —murmuro.
Entonces Jenni me dedica una sonrisa de complicidad. —Ahora tiene sentido. Por qué eras tan reservada y callada cuando nos conocimos.
—Sí... lo siento.
Se remueve en el asiento y se inclina hacia delante. —¿Es por eso por lo que has estado rara últimamente? ¿Ha pasado algo con Zach?
Dudo, mordiéndome el interior del labio, sin estar segura de si debería decir más, pero algo en su sonrisa me hace sentir lo bastante segura como para expresarme. —Anoche hablamos sobre algunas cosas.
—¿Os habéis peleado?
—No. No fue una pelea de verdad, pero en cierto modo se sintió como una.
Jenni me observa atentamente. —¿Te está dando la brasa con algo?
—No. No exactamente. —Miro hacia mi botella de agua, girando el tapón—.
Solo estamos aclarando las cosas. Quiere que me mude con él, pero no estoy segura de estar lista para ese nivel de compromiso.
Todo por aquí está eclipsado por Zach. —Arrugo la nariz, sintiendo que no me estoy explicando bien—.
Solo quiero algo que sea únicamente mío, ¿sabes?
—Ah —dice Jenni despacio—. ¿Y tienes alguna idea de qué podría darte esa independencia?