The Quarterback Draw (The Four Quarters Collection 2) 5. Capítulo 5 #2
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5. Capítulo 5 #2

—Está bien —dice él, con la mandíbula tensa—. Llegaron las pruebas de ADN del tribunal y demostraron que Jamie es el padre de Ella. No es que no lo supiéramos ya.

—Eso es algo bueno, ¿no?

—Más o menos. Hace que el caso avance, pero ahora lo están usando para intentar conseguir la custodia total de Ella.

Suelto un suspiro, sorprendida. —Pero si Ella ni siquiera los conoce.

Bzz. Bzz. Bzz.

El teléfono de Zach vibra en su bolsillo, pero él lo ignora. Intento no pensar en quién podría estar enviándole mensajes.

—Sí. Sus abogados dicen que es solo una maniobra de poder. Esperan presionarla para que firme un acuerdo de confidencialidad y acepte una indemnización, pero ella no va a ceder.

—Pero si lo firma, podrá pasar página de la familia Nicks y olvidarse por completo de Jamie.

Zach me lanza una mirada. Una que siento hasta en el pecho.

—Si hace eso, legalmente no se le permite mencionar a Jamie a Ella nunca. Jamás. Su nombre quedaría sellado en el tribunal, así que cuando Ella sea mayor, si quiere encontrar a su padre, no podrá. No legalmente, al menos.

Frunzo el ceño. —Eso no tiene sentido. ¿No podría descubrirlo de todos modos? A través de otra prueba de ADN o... no sé, por internet.

Zach se encoge de hombros. —Los Nicks hicieron que se bloquearan sus registros de ADN. Pagaron a alguien para que borrara su información de cualquiera de esas bases de datos. ¿No hicieron lo mismo tus padres?

Asiento lentamente, dándome cuenta de lo raro que es eso en realidad. Mis padres pagaron por privacidad. Por protección. Por control, y nunca lo cuestioné hasta ahora.

—Así que... ¿Jamie no quiere saber nada de Ella? —pregunto en voz baja, todavía sin poder creerlo.

—No —dice Zach rotundamente, sin vacilar.

—Pero eso no tiene ningún sentido —digo frunciendo el ceño—. Él no es el tipo de persona que huye de algo tan grande.

Zach bufa.

—Sí, es egoísta, pero esto... eso no es propio de él.

—¿Entonces engañarte y engendrar un hijo mientras aceptaba casarse contigo solo para cumplir algún estúpido destino de gente rica no se considera cruel? —Arquea una ceja y me observa intensamente.

Siento que me retuerzo bajo su mirada. —No es lo mismo.

—Agito la mano—. Eso estaba envuelto en todo tipo de problemas, y sí, la forma en que terminó las cosas conmigo estuvo mal, pero eso no cambia quién era cuando las cosas se ponían difíciles.

Siempre me cogía la mano por debajo de la mesa mientras mi madre hablaba pestes de mí a quien quisiera escucharla, y al final de esas cenas, íbamos al cenador y hablábamos durante horas bajo las estrellas.

No siempre fue terrible conmigo, aunque eso sea lo que le gustaría que todo el mundo creyera.

Zach me estudia durante un largo momento. Está buscando algo, pero no estoy segura de qué.

—¿Qué? —digo por fin.

—Eres demasiado buena para este mundo —dice como si fuera un hecho obvio.

—¿Por qué?

—Porque ves lo bueno en personas que te tratan como a una mierda. Dudo que le estuvieras defendiendo si supieras la mitad de la mierda que dijo de ti en el vestuario.

—No le estoy defendiendo —insisto, aunque me siento un poco menos segura—. Simplemente prefiero quedarme con los buenos recuerdos que dejar que los malos tomen el control.

Zach exhala por la nariz. —A veces las partes malas son la verdad, e ignorarlas no hace que desaparezcan.

Le miro. —Puede que no, pero es el padre de Ella, así que quizá no haya que descartarle todavía.

Eso le ablanda. No responde, pero apoyo mi cabeza en su hombro y, tras un instante, me planta un beso en la coronilla.

—Anda —dice—. Déjame enseñarte la habitación de Ella.

Me guía por el pasillo y abre una puerta que revela un dormitorio más pequeño. Las paredes son de un azul más claro y hay una pequeña cama con sábanas de Iced Out contra una pared.

—Esto es para Ella —explica—. Nunca ha tenido su propia habitación, así que quería que tuviera un lugar que le resultara especial.

Abre otra puerta, revelando un pequeño cuarto de baño con un taburete que tiene el nombre de Ella tallado. Por supuesto, hay accesorios de baño de Iced Out en el borde de la bañera.

—Esto es muy tierno, Zach —digo, asimilándolo todo.

Él se encoge de hombros, restándole importancia.

Como si no estuviera sacrificando cosas para que ellas estuvieran aquí.

Su tiempo, su dinero, su libertad... eso es lo que me gusta de él.

Puede decir que soy demasiado buena para este mundo, pero creo que eso se le aplica más a él.

Siempre se centrará en hacer felices a los demás, incluso en su propio detrimento.

—Quiero que se sientan como en casa aquí. Se lo merecen.

—Se lo merecen —digo simplemente antes de rodear su cintura con mis brazos y plantarle un beso en los labios.

—Ahora —dice con una sonrisa contagiosa—, deja que te enseñe el piso de arriba.

Me toma de la mano y me guía por la escalera. Lo noto. Los nervios. Estoy terriblemente nerviosa por ver esta habitación.

Al final de la escalera, hay un corto pasillo con dos puertas. Me suelta la mano y pone la suya en la parte baja de mi espalda, guiándome hacia la más lejana.

—El dormitorio principal está por aquí. —Abre la puerta de par en par.

La habitación está a oscuras, pero en cuanto enciende la luz, contengo el aliento.

Es perfecto.

Sabía que lo sería.

Hay una cama king-size con dosel en el centro de la habitación con un edredón azul marino y suficientes almohadas como para que me den ganas de ahogarme en ellas. Está a un mundo de distancia del colchón de muelles de mi residencia.

—He intentado que sea lo más minimalista posible. —Zach se acerca a las cortinas y las abre. La luz de la luna inunda la habitación al quedar al descubierto los ventanales que van del suelo al techo.

Me quedo boquiabierta por la sorpresa mientras me acerco a contemplar las vistas. Está oscuro, pero aún alcanzo a distinguir el gran jardín trasero y el patio de abajo.

—No quería volverme demasiado loco con los colores hasta tener tu opinión —le oigo decir. Noto un ligero titubeo en su voz. Se me encoge el estómago.

Todo esto es para nosotros .

—Es precioso, Zach —digo en voz baja, dedicándole una pequeña sonrisa porque no sé qué más decir.

Él no me presiona. Se limita a asentir levemente y luego se dirige a una de las puertas que salen del dormitorio.

—Y esto —dice, abriéndola— es el vestidor.

Entro en la estancia, echando un vistazo al lado que ya está ocupado, el de Zach, y luego al otro lado, que está completamente vacío.

—He dejado la mitad para ti —dice con naturalidad—. Hay espacio de sobra para todas esas sudaderas mías que no dejas de robarme.

Me río porque es más fácil que expresar lo que siento de verdad: que estoy abrumada. El nudo en mi estómago es demasiado doloroso como para ignorarlo ahora.

¿Estaré siendo idiota?

¿Por qué no me mudo con él ahora mismo? Dormiría de maravilla en los brazos del hombre al que amo, en una cama cómoda, y no tendría que preocuparme por lo que piensen los demás.

Me rodea por detrás con los brazos y me besa en la sien. —¿Puedo enseñarte la mejor parte? —susurra en mi oído. Como si esto no fuera ya suficiente.

Asiento y él me guía hacia la otra puerta. En cuanto se abre, me encuentro ante una bañera exenta lo bastante grande para dos y una ducha con efecto lluvia al lado. El calor sube a través del suelo radiante cuando entro y, por un segundo, me quedo completamente sin palabras.

Este es el tipo de baño propio de un hotel de cinco estrellas, no de la casa de un quarterback universitario de veinte años.

—Por esto querías enseñarme la casa, ¿verdad? —pregunto con un toque de humor mientras paso la mano por el borde de la bañera.

Sabía que, en cuanto viera esto, me daría cuenta de que los mugrientos baños comunitarios de mi residencia son una broma de mal gusto.

—Una de las muchas razones —dice con una sonrisa.

—¿Y eso es un armario para la ropa blanca? —pregunto, señalando con la cabeza hacia una puerta cerrada al otro lado del baño, necesitando una distracción de las emociones que estoy sintiendo.

—Eso —dice él— podría ser todo tuyo.

Empujo la puerta y descubro una habitación vacía con ventanas tan altas como las del dormitorio.

—Es donde entra la mejor luz natural de toda la casa —dice, acercándose a mí—. Pensé que sería un buen lugar de estudio para ti.

—¿Para mí?

—Sí, y si no necesitas eso, podría ser una biblioteca o lo que sea. —Su mano busca la parte baja de mi espalda y entonces noto con cuánta atención me observa—. Solo pensé que sería agradable que tuvieras tu propio espacio, lejos de todo.

—Es precioso, Zach.

Y lo es... pero también da miedo porque ha pensado en todo. En todo. Al igual que con Ella y Tiff, ha buscado un espacio solo para mí dentro de una vida que es totalmente suya.

Su generosidad hace que quiera dar el salto con él. ¿Por qué no? Es todo lo que siempre he deseado y lo amo, pero esa vocecita impertinente en el fondo de mi cabeza sigue recordándome que eso mismo pensaba de Jamie.

No es solo que necesite ser independiente. Lo ansío . Necesito saber qué se siente al valerse por una misma, aunque eso signifique dejar pasar un lugar donde podría ser feliz.

—Sé que aún tienes reservas. —La voz de Zach interrumpe mis pensamientos—. Pero, sinceramente, estoy harto de ver cómo la gente te trata como a una mierda solo porque estoy enamorado de ti.

El corazón me late más deprisa; su confesión se asienta en lo más profundo de mi pecho.

—No es justo —continúa—. Y sé que aún no quieres casarte, pero quiero ayudar, y de esta forma tendrías lo mejor de ambos mundos. Tu propio espacio privado, pero también... —se interrumpe, haciendo un gesto vago para abarcar el resto de la casa—. Nosotros.

No respondo. Me limito a seguir mirando a mi alrededor.

He pasado un año intentando romper con los moldes que otros construyeron para mí y aquí estoy, en una casa que solo espera a que me mude. Sería tan fácil decir que sí, y mi corazón quiere hacerlo. Dios, cómo lo desea, pero mi cabeza sigue haciendo la misma pregunta.

¿Quién eres tú sin él?