5. Capítulo 5
Honey
— Es justo aquí —dice Zach, metiendo su camioneta en la entrada.
—Guau. —Me inclino hacia delante, mirando a través del parabrisas, admirando la elegante y moderna casa. Con revestimiento negro, persianas a juego y un césped perfectamente cuidado, parece sacada de una revista de arquitectura.
—¿Esta? —pregunto, señalando la vivienda—. ¿Aquí es donde vives?
—Todo mío —responde, con el orgullo irradiando de su voz.
Suelto un bufido.
—¿Qué pasa? —pregunta frunciendo el ceño—. ¿No te gusta?
—No. No. No es eso. Es preciosa. —Y tan perfectamente él. Es ambiciosa, impresionante y un poco ostentosa—. Solo que es tan... llamativa. —Le doy un tono juguetón a mi voz y apoyo la mano en su rodilla—. Parece que aquí vive alguien rico.
Él arquea una ceja, fingiendo ofensa. —¿Y dónde pensabas exactamente que viviría?
—No lo sé. —Me encojo de hombros, intentando asimilar lo que veo—. Supongo que pensé que elegirías algo un poco menos moderno, con un gran porche blanco, no esta mansión . —Señalo el imponente edificio—. A mi padre le encantaría.
Él suelta una carcajada. —Bien. Eso jugará a mi favor cuando le digamos que nos vamos a casar.
Pongo los ojos en blanco y le doy un palmazo en el pecho. —Oh, por favor. Ninguna casa va a hacer que mi padre se alegre de que haya ido en contra de sus deseos, aunque todo el lugar parezca juzgarte nada más llegar.
Me quedo callada un segundo al mencionar al hombre con el que apenas he hablado desde que empecé en St. Michael’s el año pasado.
En cuanto se dio cuenta de que lo de Zach no era una fase y de que yo no tenía interés en volver con Jamie, se alejó.
Como si alguna vez fuera a querer casarme con alguien que me puso los cuernos y tuvo un bebé con Tiff.
Tampoco es que yo haya intentado mantener el contacto con él. Sinceramente, no tengo nada más que decir. ¿Cómo puedo continuar una relación con un hombre que está intentando destruir a la prima de Zach?
Zach suspira, pasándose una mano por el pelo.
—Lo sé. Da un poco de miedo, ¿verdad? Como de guarida de villano.
Por desgracia, no había mucho donde elegir en Hope.
Necesitaba algo a poca distancia del estadio y del campus, con al menos cuatro dormitorios y que no hubiera sido usado como casa de una fraternidad antes.
Por no mencionar que necesitaba que uno de los dormitorios estuviera en el lado opuesto de la casa.
—¿Para que Ella no te moleste? —pregunto, sabiendo que la razón principal por la que quería tantas habitaciones es porque planea que su prima Tiff, y su hija de cuatro años, Ella, se muden aquí.
No estoy segura de poder imaginarme a una niña jugando en este césped, pero quizá la parte de atrás sea más apta para niños.
Zach sonríe con suficiencia, se inclina hacia mí y me acaricia la mejilla antes de rozar sus labios contra los míos. —No, Honeycomb. Para que podamos hacer todo el ruido que queramos sin molestarlas a ellas .
El calor me inunda la cara mientras me planta un beso en los labios. Lo aparto, dándole un suave golpe en el pecho. —Eres imposible.
—Imposiblemente enamorado de ti —rebate él, abriendo la puerta del coche y rodeándolo rápidamente para abrir la mía.
Hace una reverencia, ofreciéndome la mano. —Señorita Sanderson, ¿está lista para su recorrido por la Casa Evans?
Pongo mi mano en la suya, intentando ignorar el revoloteo de nervios en mi estómago mientras me guía hacia la gran puerta negra y de cristal.
Aquí estamos.
Esto no es solo un pequeño recorrido en el que presume de una chimenea. Esta es la súplica de Zach para que me mude con él, y cada vez me resulta más difícil resistirme cuando pienso en lo poco acogedor que es mi alojamiento actual.
Honey Sanderson. Elígeme a mí.
—¿Estás lista? —pregunta, tomando aire para calmarse.
—Claro. No puedo esperar.
Abre la puerta de acero, revelando un gran vestíbulo con suelos de madera oscura y una elegante lámpara encima.
Contengo el aliento.
Lo sabía. Sabía que esto era una mala idea.
—Bueno, esta es la entrada —dice, señalando las inmaculadas paredes blancas—. Está un poco vacía ahora mismo, pero he pensado que podríamos esperar y elegir algunas fotos juntos. Quizá de nosotros con Tiff y Ella.
Me mantengo en silencio, sonriendo mientras asimilo el lugar.
Es perfecto. Es lo único que puedo decir.
Y es tan Zach.
Hace solo dos cortos años, llevaba zapatillas sin marca en nuestra escuela preparatoria. Ahora ha comprado la casa más lujosa de Hope, Indiana. Todo gracias a su empuje y determinación. Su ambición hace que mi indecisión sobre qué carrera elegir parezca un mal chiste.
—Si no quieres que el pasillo sea algo tan personal, podemos ir a la galería de arte por la que pasamos el semestre pasado y elegir un par de esos cuadros en blanco y negro que te gustaron.
Claro que se acuerda. Zach se fija en todo lo que tiene que ver conmigo, lo que hace que cada vez sea más difícil querer estar lejos de él.
Me guía a la siguiente habitación y me quedo boquiabierta al ver los ventanales que van del suelo al techo.
—Este es el salón —anuncia con un gesto del brazo—.
Televisor de sesenta y cinco pulgadas, sistema de sonido envolvente, y mira esto.
—Coge un mando y pulsa un botón. La chimenea eléctrica cobra vida, proyectando un cálido resplandor por la habitación—. Para esas frías noches de Indiana.
—Es bastante lujoso, Evans —digo en tono de broma.
—Ya, bueno, tengo una chica que está acostumbrada a las cosas caras —masculla, y no puedo negar que oír eso me produce un pequeño escalofrío de placer.
Él quiere esto para nosotros . Yo también lo quiero...
solo desearía que el momento elegido no fuera una broma cósmica.
Ojalá fuéramos mayores y hubiéramos terminado la universidad.
Entonces estaríamos en algún lugar donde la gente no tratara nuestra relación como un proyecto de grupo en el que todos tienen algo que decir, pero desear eso es un terreno peligroso.
Conduce directamente a lo que trato de no pensar.
A menos que sufra una lesión, Zach irá a la NFL, y será seleccionado en los primeros puestos. Si juega como sé que puede hacerlo, este... foco de atención será su vida.
Sería la nuestra .
Y no puedo dejar de hacerme la pregunta que me aterroriza responder: ¿podré soportar eso para siempre?
¿Y si estar con él aquí significa perder más de mí misma ?
—Espera a ver la cocina. —Me toma de la mano y me guía por el espacio de concepto abierto.
La hermosa cocina blanca brilla con encimeras de granito y una enorme isla con taburetes.
—Hice que pusieran hornos dobles —me cuenta, abriendo uno para enseñármelo—.
Así podremos tener grandes cenas familiares los domingos.
Incluso podría darte espacio para hornear esas increíbles galletas de doble chocolate que hiciste para nuestro sexto aniversario.
Sigo soñando con ellas. —Abre un armario—.
Incluso he comprado cuencos para mezclar elegantes.
Y esto... —Saca una batidora de pie, todavía en su caja—.
Pensé que querrías una que hiciera juego con la que tienes en casa de tus padres.
Se me abren los ojos de par en par al ver el aparato. —Zach, eso es carísimo.
—Vale cada céntimo si significa más galletas. —Me guiña un ojo y luego señala un rincón para desayunar situado en un gran ventanal—. El sitio perfecto para el café de la mañana, ¿no crees? El sol le da justo a las siete.
Me acerco y toco la pequeña mesa redonda. —Es bonito.
Es bonito. Demasiado bonito. Parece algo perfectamente diseñado para atraerme.
Puedo imaginarme a Zach aquí, claro, pero ¿a mí? ¿Estaría repitiendo los mismos patrones, dejando que un hombre definiera mi existencia?
La voz de Jamie resuena en mi mente, aguda y no deseada.
— ¿Alguna vez te detienes a pensar: «¿Es esto? ¿Es esto todo lo que se supone que debemos desear en la vida?» .
Lo dijo una vez, con total naturalidad, durante una de esas estúpidas cenas a las que nuestros padres insistían en que asistiéramos.
Fue cuando todavía creía que éramos felices.
En aquel momento, lo descarté como si estuviera siendo filosófico.
Era el tipo de pensamiento fugaz que sueltas cuando estás aburrido o inquieto.
Ahora me pregunto si era una advertencia. Que él ya se había ido a medias, y que yo no era suficiente. Que la vida que nuestros padres construyeron para nosotros nunca fue la suya, y yo estaba demasiado ocupada fingiendo no darme cuenta como para verla realmente tal cual era.
—Por aquí... —dice Zach, abriendo una puerta junto a la cocina—, ...significa que no habrá que pelearse más por las máquinas en el sótano de la residencia. —Es un cuarto de lavado con no una, sino dos unidades de lavadora-secadora.
—¿Quieres decir que no tendré que preocuparme de que alguien deje mi ropa mojada encima de la máquina? —pregunto, fingiendo estar impactada.
—A menos que yo sea la razón por la que esas bragas estén mojadas, entonces no.
Sonríe con picardía, con los ojos brillantes mientras me guía suavemente de vuelta al pasillo principal.
Caminamos a la par y él abre la puerta de un amplio dormitorio con paredes de color azul pálido y un ventanal con un asiento acolchado.
Hay una cama de matrimonio y una cómoda, pero por lo demás está casi vacío.
—Esta va a ser la habitación de Tiff —explica—. Pensé que dejaría que ella eligiera lo que quiere hacer aquí.
Camino hacia la ventana, mirando el tranquilo jardín lateral, sabiendo que a Tiff le va a encantar esta habitación cuando llegue. Si llega.
—¿Cómo lo lleva? —pregunto, dándome la vuelta para mirarlo.
Durante el último año, Tiff se ha colado en mi vida sin ni siquiera intentarlo. Ella y Zach están muy unidos gracias a su hija Ella, y puedo entender por qué es tan protector con ellas. Tiff lo ha pasado mal con sus padres y aun así se las ha arreglado para seguir luchando contra todo.