The Quarterback Draw (The Four Quarters Collection 2) 4. Capítulo 4 #3
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4. Capítulo 4 #3

—Algo es diferente —digo, pasando un brazo por su cintura y atrayéndola hacia mí hasta que su pecho roza el mío.

Ahí es cuando lo veo.

Ese brillo en sus ojos. Los hoyuelos de sus mejillas que solo aparecen cuando sonríe de verdad.

—Honeycomb, prácticamente estás radiante.

Su boca se curva en una sonrisa. —¿Radiante?

—No te hagas la tonta —le digo, bajando mi atención a sus labios—. Estás guapa. Muy guapa. ¿Te ha excitado verme lanzar todos esos pases?

Suelta una risa suave, mordiéndose el labio inferior y, joder, me cuesta todo lo que tengo no tomar el control.

—A ver, no ha venido mal —bromea.

Sonrío, inclinándome ya, listo para besarla para que todas las chicas que alguna vez han hablado mierda de ella lo vean, pero entonces baja la mirada y dice en voz baja: —Creo que hoy he hecho algunos amigos.

Me detengo, con la mano aún en su cadera, y mi sonrisa se ensancha.

—¿Ah, sí? —pregunto con voz grave.

Asiente, mirándome por debajo de las pestañas. —Jenni y Chris. Los conocí en clase. Fueron... realmente amables. Uno de ellos incluso intervino cuando una chica hizo un comentario grosero.

—Joder —murmuro, atrayéndola aún más cerca, pegando mi frente a la suya—. No tienes idea de lo feliz que me hace oír eso.

—Incluso, eh, fui a comer con ellos —añade con timidez, como si eso no fuera la puta guinda del pastel—. Ha sido muy agradable estar rodeada de gente que no sabía nada de mí. Jenni estudia psicología y Chris está en el equipo de hockey. Dijo que debería ir a ver un partido algún día.

—Bueno, lo de Jenni suena bien —digo lentamente—. Lo de Chris... no tanto.

Pone los ojos en blanco y gime. —¿Por qué no?

—Porque eres mía —digo, acercándola más y besándole la mejilla. Me da un golpe ligero en el pecho y, por un segundo, creo que se va a burlar de mí por ser posesivo.

Pero no es eso.

Solo soy un tipo que sabe que le ha tocado el puto gordo y no voy a perder lo único que hace que todo esto valga la pena.

Me muevo para besarla en los labios, pero justo en ese momento, mi teléfono vibra.

Y otra vez. Y otra.

Hay una rápida sucesión de notificaciones, vibrando contra mi muslo como un avispón furioso.

Lo ignoro, posando mis labios sobre los suyos, pero ella ya me está apartando y mirando hacia mi bolsillo.

—Alguien está intentando localizarte.

Exhalo y echo mano al teléfono para silenciarlo, pero la mirada de Honey cae en la pantalla antes de que pueda darle la vuelta. Intento quitarlo de su vista, pero ella me agarra la muñeca, leyendo el flujo de mensajes según aparecen.

@ZachAttack69: ¿Ese lanzamiento de hoy? Increíble. Sabía que eras bueno con las manos, pero eso ha sido algo especial. 👀

@QBThirstTrap: Me has vuelto a dejar en visto, Zaddy. No me hagas suplicar. 💦 👅

@EvansEndZone: Esos pantalones no esconden nada. Seguro que lo sabes, ¿verdad, cielo?

@SaintMichaelsSidePiece: Sigo pensando en ti acorralándome después del partido. Me prometiste que me tocaría el turno.

@HydrateMeZach: Ponme en tu horario de recuperación, QB. Estaré chorreando antes de que empieces a sudar. 💦👅

—¿Quién es toda esta gente? —Puedo oír la duda en su voz y odio que esto haya arruinado el ambiente entre nosotros. Como no respondo de inmediato, me mira con sus ojos color miel, casi suplicándome que diga algo.

—Son solo mensajes de mis redes sociales.

—P-pero creía que ya no gestionabas tus redes tú mismo.

—No lo hago. Se encarga el becario de marketing, pero mantengo los inicios de sesión porque me gusta saber qué se publica en mi nombre.

—¿Son todos los mensajes así?

—Sí —admito, manteniendo un tono ligero—. No tengo permitido bloquearlos. La mala publicidad que conlleva podría afectar a mi acuerdo de patrocinio.

—¿Y no les respondes? —pregunta, arqueando una ceja.

Me río, frotando mi nariz contra la suya. —Por supuesto que no. La única persona que me interesa eres tú. Siempre tú.

Luego le tomo la cara suavemente, acariciando con mis pulgares sus mejillas heladas. Se entrega al contacto sin dudarlo, y eso hace que me duela el pecho de la mejor manera posible.

—Ven a casa conmigo —susurro—. Todavía no has visto el lugar, y esa chimenea de la que sigo hablándote podría calentarte como es debido.

Me mira con sospecha. —Pensaba que habías dicho que no podías verme esta noche. Por eso he venido al entrenamiento.

—Sí, se suponía que tenía que revisar unos vídeos, pero qué más da. Me levantaré temprano y lo haré entonces.

—No quiero estorbar.

—Tú nunca estorbas.

Frunce sus labios antes de torcerlos hacia un lado.

—Por favor. —No me importa suplicar cuando se trata de ella—. Déjame enseñarte mi casa, al menos. Ya sé que no quieres vivir allí. Me ha quedado muy claro, pero ni siquiera has venido a verla. Déjame mimarte un poco esta noche.

Un amago de sonrisa asoma a sus labios y, por un segundo, intenta reprimirla como si darme la razón fuera revelar demasiado.

—Está bien —dice suavemente.

—Joder, sí —murmuro, inclinándome y besándola de nuevo, más despacio esta vez, saboreándolo, porque ¿este momento? Es todo por lo que he estado luchando.

Honey. En mi casa. En mi cama. Lo es todo.