The Poisoner. Una mordida mortal Capítulo 45
87%

Capítulo 45

CAPÍTULO

La Criatura

S e podría pensar que poner tantos objetos de valor en una sola habitación podría implicar alguna clase de riesgo.

Supongo que nadie lo pensó cuando organizaron este circo.

Debían haber suficientes cuadros y obras de arte como para alcanzar un valor de millones.

Sin embargo, estaban ahí, sin apenas una cuerda para impedir que los clientes curiosos los tocaran.

El museo había cerrado buena parte de las salas, limitando el evento a una sola ala.

Aun así, me desconcertaba la facilidad con que estos preciados objetos le eran confiados a los asistentes únicamente porque estos habían pagado por ellos.

Lo único rescatable de esta exposición excesivamente pretenciosa era el licor de cortesía.

Le di un largo sorbo a mi copa. El líquido apenas alcanzaba a quemarme, aunque debajo alcancé a saborear las notas picantes del whisky.

Este tipo de eventos eran tan aburridos…

No comprendía por qué mi padre insistía en que asistiera.

Sabía que no le gustaba que pasara tanto tiempo fuera del nido, así que venir a este evento frívolo era lo mínimo que podía hacer para que me dejara en paz.

No me hacía demasiada ilusión la próxima reunión familiar.

Un marcado acento ruso se abrió paso entre el bullicio.

—Sabes, deberías sonreír más. Estás espantando la comida.

Incliné la cabeza hacia un lado. El escurridizo Reparador había decidido hacer acto de presencia.

—Parece que hoy en día dejan entrar a cualquiera —dije con desdén, devolviendo mi atención a la multitud conforme aumentaba el número de asistentes.

—¿No puedes pasar una sola velada sin estar tan amargado? —Luka observó a un grupo de mujeres que pasaba frente a nosotros y se inclinó los lentes antes de quitárselos, guardándolos en el bolsillo de su chaleco—. Tantos aperitivos deliciosos. ¿Crees que sepan mejor o peor después del alcohol?

—Luka —le advertí.

—En realidad, Viktor me gusta más. —Sonrió, con una chispa demencial en sus ojos ardientes. Sin aquellos horrendos lentes, el ámbar desprendía un brillo rojizo bajo la luz—. Sonará mucho mejor cuando se derrame con torpeza de los labios de tu mascota.

Mi mano salió disparada hasta él. Lo tomé del cuello, clavándole los dedos en la piel.

—Si le pones un dedo encima, te prometo que cuando te busquen no encontrarán ningún cadáver.

—Ah, también eres gracioso. Tu padre no me había dicho que tuvieras un sentido del humor.

—Sonrió—. Me temo que ya es demasiado tarde para eso.

Además, ella tiene unos efectos tan encantadores…

—Se inclinó hacia mí, echándose a reír—.

No me había divertido tanto desde… —Se tocó la barbilla, fingiendo pensar—. Bueno, desde 1476.

—Si decides seguir por ese camino, ni siquiera te quedarán manos con las que tocarla —amenacé.

Luka levantó mi trago de la barra.

—Entonces arráncamelas. —Se bebió el líquido restante de un trago y deslizó el vaso por la barra hacia el mesero—. No las necesito para lo que tengo pensado.

Se soltó de mis manos, guiñándome un ojo antes de perderse entre la multitud.

Me pasé la mano por el cabello, rascándome el cráneo con frustración.

A juzgar por el tono de nuestro intercambio, no me quedaba mucho tiempo.

Había interrumpido su acceso a Alina trasladándola, haciéndola quedarse conmigo o distrayéndola con suficientes muestras como para hacerla desaparecer de su vista durante horas.

En realidad, ella tenía suerte de tenerme: sin la protección de ese horario meticuloso, nada le impediría destriparla.

Paseé mis ojos por la multitud, perdiéndole la pista tan pronto se adentró en el mar de gente. En su lugar, mis ojos se posaron en otra figura de cabello oscuro. Mi hermosa sombra lucía un costoso vestido verde, acompañada de la tonta charlatana de su amiga.

¿Es que acaso está intentando matarla?

Empujé los cuerpos a mi alrededor para abrirme paso, pero perdí a Alina de vista.

El destello de un vestido amarillo se movió entre la multitud. Tomé a Phoebe del brazo y tiré con tanta fuerza que por la forma en que me miró, me pregunté si se lo habría dislocado.

—¿Por qué tienes que ser tan salvaje? —espetó Phoebe, arañándome la mano con que le sujetaba el brazo.

—¿Qué hace Alina aquí? —No era tanto una pregunta como una exigencia.

—Yo la invité. ¿Por qué otra razón estaría aquí?

—El Reparador está aquí —comencé a decir.

—¡Sí! He oído que estaba en la ciudad. Yo también sé cosas, ¿lo ves? —Puso los ojos en blanco—. Ha venido por un envenenador. Por eso papá nos ha llamado a casa. Espero que lo utilice como ejemplo.

—Phoebe —dije con voz tensa mientras me pellizcaba el puente de la nariz—, Alina es la Envenenadora. ¿Cómo puedes ser tan ciega?

Su rostro no podía estar más pálido.

—Yo no lo había…

—¿Pensado? ¿Tú no pensaste? Ah, sí, estoy perfectamente al tanto de eso —me burlé—. ¿Cómo es posible que no supieras que ella ha estado elaborando venenos en su tienda todo este tiempo?

—¡No es culpa mía que ya no me cuente nada, ahora que está tan ocupada contigo! —espetó, clavándome el índice en el pecho—. ¡Podrías habérmelo dicho!

—¡Pensaba que lo sabías! —le grité—. ¡Quizá te lo habría contado si tú le hubieras dicho la verdad!

—Ella me odiaría.

—Nunca nos perdonará a ninguno de los dos si Luka la alcanza primero… —Me detuve para mirar a mi alrededor—. ¿Dónde está?

Phoebe se mordió el labio y miró a su alrededor, pero no pudo ver nada por encima de la multitud.

—Si la encuentras antes, llévala a tu casa y no la dejes irse —le ordené, soltándole el brazo para abrirme paso entre la multitud, buscando frenéticamente ese vestido color verde oscuro.