The Poisoner. Una mordida mortal Capítulo 11
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Capítulo 11

CAPÍTULO

La Criatura

E mpezaba a creer que vivía en esa tienda a tiempo parcial. Para ese momento, hubiera pensado que se marchó un rato atrás; habían pasado tres horas y cincuenta y dos minutos desde la hora de cierre y aún no la había visto salir de su guarida.

Cada día se quedaba más tiempo. En ocasiones, tomaba una silla de la cafetería cerrada de enfrente y me sentaba a esperar para acompañarla a casa.

Esto está tardando demasiado.

Me levanté de mi asiento, a punto de entrar por la puerta trasera para hacerle una visita, cuando la vi salir de su cueva.

Aquí estás.

Las llaves tintinearon entre sus dedos mientras cerraba, dándole un tirón adicional a la puerta para cerciorarse.

Empecé a caminar calle abajo, pero ella tomó una ruta equivocada.

Cuando me giré, estaba caminando en la dirección opuesta.

Ese no es el camino a tu casa, pequeña sombra.

La seguí por el lado opuesto de la calle, caminando deprisa para alcanzarla.

Llevaba un bloc de papel en la mano; mientras serpenteaba entre las calles, mantenía los ojos puestos sobre la hoja.

Empecé a preocuparme; nunca se alejaba tanto de su rutina.

Podía contar los lugares que Alina frecuentaba con una sola mano y tener números de sobra.

Ni una sola vez la había visto caminar en esta dirección.

Al cabo de por lo menos treinta minutos de caminata, la vi quedarse de pie, inmóvil, justo afuera de mi casa.

Parecía una figurilla frente a la gran mansión señorial, que podría haber sido un museo considerando su tamaño, así como la cantidad de cosas que había coleccionado a lo largo del tiempo.

Salió de su estado de quietud para anotar algo.

¿Qué planeas, descarada?

Se paseó por delante y después, se escabulló en busca de alguna forma de asomarse al interior.

A lo largo del costado de la casa, probó suerte con la entrada de servicio.

Estaba cerrada, pero me dije que de ahora en adelante, debía dejarla abierta: encontrarme a mitad de la noche con una Alina extraviada sería todo un placer.

Esperaba que intentara llamar a la puerta, pero eso no parecía estar en sus planes. Entonces se retiró, caminando en la dirección que debió haber tomado desde el principio.

Se me tensaron los músculos de la mandíbula. ¿Para qué había venido hasta aquí si no planeaba hacer nada?