Capítulo 2
CAPÍTULO
La Criatura
V amos, sigue retorciéndote. Así te podré mostrar cuán delicadas son las tráqueas en realidad —susurré, rozando la oreja de esa linda avecita con mi labio inferior. Cuando mis palabras causaron el sollozo de la frágil criatura, un grave gemido de satisfacción escapó de mi garganta.
Bajé los labios hasta su cuello. Casi podía sentir el regusto metálico en las raíces de mis caninos.
Se removió una vez más antes de que mordiera su cuello y apretara sus caderas entre mis piernas para mantenerla en su sitio.
El calor me colmó la garganta entibiando mi cuerpo más rápido que el whisky solo.
Me retiré un poco para inspeccionar el resultado de mi obra, tratando de deleitarme en su sabor y prolongar mi cena un poco más.
Además, cargar con un peso muerto sería más desagradable que su ligereza actual.
Clic .
Realmente odiaba las interrupciones.
Tardé un instante en arrancar mi atención de la carne fresca; lentamente, mis ojos se posaron en la figura en el arco.
¿De verdad? Todavía no estaba listo para otro platillo. Mi noche de suerte.
Inspeccioné el cuerpo de pie en el arco. Me pareció mucho más apetitoso que el que tenía entre los brazos.
Su alta y grácil figura estaba cubierta por un untoso tejido negro.
De inmediato, las imágenes de aquella prenda tirada en el suelo se abrieron paso en mi mente.
De no ser por su carne lechosa, la habría confundido con una sombra, con su vestido negro y su cabello de medianoche.
Sus ojos eran como el hielo de la tundra; implacablemente fríos e iracundos.
Una sonrisa burlona se abrió paso hasta mi rostro, causando que aquellas bonitas pestañas suyas se agitaran con incredulidad.
¿Estaría lo suficientemente sobria como para recordarme? ¿Se sentía asustada o fascinada? ¿Por qué permanecía ahí, de pie?
¿Por qué su expresión era más satisfactoria que el bocado que me acababa de saborear?
Mis dedos se clavaron aún más en la presa sobre mi regazo, arrancándole otro frágil sollozo.
Un destello de furia decoró aquel par de ojos relucientes.
¿Haría un sonido semejante cuando tomara un puñado de su cabello negro? ¿Cuando apretara aquel grácil cuello entre mis dedos? ¿Se resistiría, maldiciendo mi nombre como una bruja? ¿O acaso lloraría, rogándome que siguiera? Todas eran preguntas para las que felizmente buscaría una respuesta.
Aplasté mi lengua contra el cuello de la pobre alma, deslizándola lenta y firmemente. Un rastro de sangre y de saliva pintó el lienzo de su piel.
¿Qué harás ahora, mirona?
Un fuego se encendió en ella. Si hubiera estado más cerca, lo habría podido sentir irradiar hasta mí como el calor de un horno. Perdido entre mis pensamientos, mi diversión se vio interrumpida en cuanto la vi escabullirse.
Qué lástima.
Mi apetito había cambiado. El platillo que acababa de ver valía más que los cien bocados de borrachera que podría atrapar esta noche.
Hacía tiempo que no sentía esa pasión desbocada por la caza, la cual regresaba rápidamente a mí. Quizás solo me hacía falta algo que valiera la pena perseguir.
¿Tendrás una expresión igualmente deliciosa en el rostro cuando te atrape?