Capítulo 25
—¿Quieres estarte quieta de una vez? Me pones nerviosa —dice Camila, dándole un manotazo a Rachel en la pierna justo cuando aparca delante del The heaven.
Dakota, que va sentada en el asiento trasero, suelta una pequeña carcajada.
Después de pasar cuatro días en Nueva York donde además de compartir tiempo con las hermanas de Rachel, esta le ha mostrado los lugares más emblemáticos de la ciudad y la ha llevado a sus rincones favoritos, han comido con las dos hermanas y se han despedido de la familia antes de que Mike, el chófer de Katherine, las llevase al aeropuerto.
Para Rachel todo estaba perfectamente calculado.
Tenían tiempo de sobra para llegar a Ítaca, descansar un rato y estar preparadas para abrir el bar junto a Ashley, pero el vuelo ha salido con retraso y a eso han tenido que sumarle un gran atasco que Camila no ha podido evitar por culpa de un accidente, así que llegan tarde y el bar ya está abierto, y Rachel está histérica porque su pequeña acumula otro día sola frente al bar.
—Es resolutiva, y ya no tiene cinco años —bufa Camila, apagando el motor.
Las tres mujeres bajan del vehículo y Dakota coge las maletas.
—Las podemos dejar en la entrada, ya las subiremos después —dice Rachel, desesperada por ver a su hija.
Dakota se ríe y Camila pone los ojos en blanco.
En cuanto cruzan la puerta del The heaven, los ojos de Rachel van directamente hacia la barra.
Todavía es pronto y no hay mucha gente, por lo que Ashley no tiene ningún problema para cubrir todos los pedidos de las mesas y la barra ella sola.
Está colocando cervezas en dos bandejas y solo es cuando termina de llenar una cuando Rachel se da cuenta de que hay un chico con el pelo espeso y negro como el carbón, tan brillante y liso que da envidia.
Su tono de piel es dorado como el bronce, contrastando con unos ojos azules que impiden que Rachel logre definir su origen.
Lo que sí concluye de inmediato es que él es el culpable de esas escapadas de su hija, se da cuenta por la mirada cómplice que ambos se dedican cuando él coge la bandeja, por la sonrisa de enamorada que Ashley le regala y por el roce sutil de sus dedos durante una fracción de segundo antes de que él se marche con la bandeja hacia una de las mesas.
—Anda —dice Rachel.
—Te he dicho que lo tenía controlado. Rohan la ha estado ayudando todos estos días, es un gran chico —asegura Camila.
Rachel tuerce el cuello hacia ella como una madre poseída.
—¿Tú lo conoces?
Camila no puede contestarle, porque Ashley repara en ella y literalmente salta por encima de la barra para ir a saludarlas. Se abraza a su madre como todas esas veces que venía de visita cuando vivía en Los Ángeles, como si llevara meses sin verla, y después hace lo mismo con Dakota.
Rachel tiene millones de preguntas explotándole en la boca, pero concluye que no es el momento, y mucho menos cuando su hija arrastra a Rohan a su lado y se lo presenta a ella y a Dakota.
El chico no le parece mucho más mayor que Ashley y tiene la sonrisa más franca que Rachel ha visto nunca.
Le cae bien de inmediato, aunque es solo una primera impresión y tendrá que hacer un examen más profundo, probablemente buscar antecedentes penales y hacer preguntas aquí y allá, pero eso será otro día.
—¿Nos atiende alguien? —grita uno de los habituales desde la barra.
Ashley y Rohan se dan la vuelta para seguir trabajando y Dakota se gira hacia Rachel y Camila.
—¿Por qué no os sentáis y os ponéis al día? Yo me quedo en la barra con Ashley.
—Gracias, cariño —dice Rachel, deseando interrogar a Camila.
Le da un beso en los labios y, mientras Dakota se mete detrás de la barra, las dos mujeres se sientan en una de las mesas más alejadas.
—¿Desde cuándo lo conoces? —dispara Rachel con impaciencia.
Camila se ríe antes de contestar.
—Me lo presentó el primer día que abrió el bar cuando tú no estabas. Vine a darme una vuelta por si necesitaba algo, y él ya estaba aquí —responde Camila con calma.
—¿Por qué no me llamaste?
—¿Para qué, Rachel? Se entienden de maravilla, no me pareció necesario molestarte para decirte que el novio de nuestra hija le estaba echando una mano. Te ibas a enterar de todos modos.
—Novio —repite Rachel mientras los observa—. ¿Van en serio?
—Diría que sí, Ashley está muy ilusionada, y a él apenas lo he tratado, pero ya ves cómo la mira .
—¿Qué sabes de él? Lo habrás investigado, ¿verdad?
La carcajada de su exmujer hace que Rachel se sienta como una madre histérica.
—Joder, soy una controladora —dice y suspira.
—Solo eres una madre preocupada —aclara Camila—, y por supuesto que he indagado.
Ahora la carcajada la suelta Rachel, que estaba convencida de que su exmujer no permitiría que nadie se acercase a su hija sin saber al menos de dónde viene.
—Su familia se mudó hace poco a Ítaca. Es primo de uno de los amigos de Ashley de la universidad, por eso lo conoce.
Su padre es norteamericano y su madre de India, de ahí esa mata de pelo frondosa y oscura tan bonita.
Tienen una tienda de antigüedades en la ciudad, el padre se encarga de las ventas y la madre de restaurar piezas antiguas.
Rohan es escultor según me ha dicho Ashley, pero lo que le da de comer es su trabajo como entrenador de un equipo de rugby.
—¿Todo eso lo has averiguado en cuatro días? —pregunta Rachel impresionada.
—En realidad, me bastó con uno. Le hice un tercer grado a nuestra hija y Trisha conoce a los tíos de Rohan, son prácticamente vecinos. Dice que son una buena familia, así que podemos estar tranquilas. Ahora te toca a ti —cambia de tema Camila—. ¿Qué tal con Dakota por Nueva York?
A Rachel la cara se le ilumina y su mirada se desvía hacia la barra, buscando los ojos verdes de la bajista. Dakota parece presentirla y se gira hacia ella, guiñándole un ojo de manera espontánea antes de seguir sirviendo copas.
—Por Dios —dice Rachel—, no sé si me acostumbraré a estos acelerones —añade sofocada mientras se lleva la mano al pecho .
Camila se ríe y le coge una mano.
—Seguro que sí —asegura convencida—. Intuyo que vosotras también vais en serio, ¿no?
—Sí —confirma Rachel—. Hablamos sobre ello y las dos queremos lo mismo, así que lo vamos a intentar —sonríe emocionada.
—Cuánto me alegro, de verdad.
—Gracias, Camila. ¿Y Trisha? ¿Cuándo piensas presentármela oficialmente? —insiste para provocar a su exmujer.
—Y dale. No seas pesada, yo tengo una edad y voy más despacio, las cosas cuando toquen —dice antes de pedirle a Rohan que se acerque para que les lleve bebidas.