Capítulo 23
Rachel y Dakota llegan a Nueva York después del mediodía. La mayor de las dos está agotada. Entre el vuelo de ayer y el de hoy, arrastra un cansancio descomunal y solo quiere tumbarse.
—Deja que yo la lleve —dice Dakota, quitándole la maleta de la mano mientras salen del aeropuerto.
Rachel está a punto de protestar, pero Dakota se pasa la maleta a la otra mano y utiliza la que está cerca de ella para entrelazarla con la suya. La dueña del The heaven se estremece.
—Allí —señala Rachel la camioneta de su hermana, que ve desde lejos porque Caroline les hace señales levantando las manos.
Indira está a su lado, esperando a la pareja para llevarlas al hotel Mallois, donde se alojarán estos días. La escena es parecida al día que Dakota y Ashley llegaron a Ítaca, Rachel se abraza a su hermana y después a Indira, y Dakota se queda detrás, quieta como un junco.
—Hola, Dakota —dice Indira, la primera en librarse del abrazo de Rachel.
La empresaria mantiene una distancia prudencial, pero extiende la mano porque es una costumbre que tiene demasiado arraigada.
No se ofenderá si Dakota no se la estrecha, pero la bajista lo hace, porque se siente cómoda frente a la pareja de inmediato.
Ver a Caroline es como ver una versión un poco más adulta de Ashley, e Indira simplemente le ha caído bien.
—Hola —saluda ella y, manteniendo la misma distancia, estrecha también la mano de Caroline, que le devuelve una sonrisa sincera.
—Venga, vámonos, que estaréis cansadas del viaje —dice la pequeña de las Taylor.
Dejan las maletas en la parte trasera de la camioneta e Indira se pone al volante, algo que sorprende a Rachel, que levanta una ceja con gesto interrogante.
—Tu hermana no tiene paciencia para conducir con el tráfico que hay a estas horas —explica Indira—, o yo no tengo paciencia para escuchar sus exabruptos continuos, llámalo como quieras. Así que mejor conduzco yo —concluye poniendo el coche en marcha tras provocar la risa de todas las mujeres.
Durante el camino hasta el hotel Mallois, más largo de lo que debería por culpa de los atascos, Indira les explica que tiene muchos contactos en Boston y que, en concreto, tiene tratos con los dueños de una agencia inmobiliaria con los que puede hablar para que se ocupen de la venta de la casa.
—Me deben algunos favores, así que puedo apretarles si te corre prisa —dice, mirando a Dakota a través del espejo central.
—No es necesario, lo que consigas está bien, gracias —responde la bajista.
Cuando por fin cruzan la puerta del hotel, Katherine las está esperando en el lobby. De nuevo, otro abrazo entre las hermanas y una Dakota que no sabe cómo actuar, aunque esta vez es Rachel la que la presenta.
Dakota titubea cuando Katherine Taylor le tiende la mano, porque la mediana de las Taylor le impone mucho en un primer momento con esa pose elegante y autoritaria que la caracteriza, pero cuando Katherine le sonríe y Dakota nota el calor de su mano, se tranquiliza de inmediato.
—¿Y Jodie y papá? —pregunta Rachel.
—Jodie todavía no ha llegado del Magnolis y papá no está. Se fue hace un par de días con los Milton para asistir a un campeonato de golf y no vuelve hasta la semana que viene.
—Vaya —dice Rachel con pesar.
A pesar de que la visita ha sido improvisada, esperaba ver a su padre, aunque una parte de ella, en el fondo siente alivio.
Warren Taylor está al corriente de su relación con Dakota, pero no por boca de Rachel, ella todavía no ha hablado con él sobre ello y, aunque sus hermanas le han asegurado que no ha puesto objeción alguna al saber que su primogénita está con una chica de la edad de su nieta, ella está inquieta.
—Bueno, nosotras nos marchamos y volvemos después —dice Caroline.
Rachel la mira sin entender, pero ella e Indira se despiden con la mano y abandonan el hotel.
—Hemos pensado en cenar esta noche todas en mi ático, si os parece bien —explica Katherine, haciéndoles un gesto para que la sigan hacia los ascensores—. Ahora me imagino que estaréis cansadas del viaje, os llevo a la habitación para que os acomodéis.
—Te lo agradezco —dice su hermana—. Yo necesito una ducha y tumbarme un rato. Después a lo mejor damos un paseo antes de la cena.
Las puertas del ascensor se abren y entran las tres solas.
Dakota se sitúa al fondo con las maletas y Rachel se queda delante con su hermana, que aprieta el botón que sube a la última planta y después se saca una tarjeta del bolsillo del pantalón.
La agita en el aire, sosteniéndola con dos dedos entre ella y Rachel mientras la observa de reojo con una sonrisa torcida que Dakota ve a través de los espejos.
—He dudado con el tipo de habitación que debía daros, no sabía si querrías dos camas, una sola… —dice con expresión burlona, y su hermana le arranca la tarjeta de los dedos y después le da un suave empujón con el hombro ante la sonrisa divertida de Dakota.
Las puertas se abren en la última planta y Katherine les señala una de las suites.
—Es esa. Os subirán una bandeja con comida dentro de cinco minutos. He pedido un poco de todo porque no sé lo que te gusta, Dakota, pero si te apetece otra cosa, levanta el teléfono y lo pides. Lo que sea —dice Katherine.
—Gracias —responde la bajista.
—Supongo que ya sabes que esta es vuestra casa y que tenéis a vuestra plena disposición cualquier servicio del hotel —le dice Katherine a su hermana.
—Lo sé —Rachel se acerca y la abraza, dándole un potente beso en la mejilla.
—Ah, el código de acceso a la azotea no ha cambiado, por si quieres llevar a Dakota en algún momento —le recuerda su hermana cuando se separan.
Rachel le sonríe agradecida y Katherine se da la vuelta para dirigirse a su puerta.
—Nos vemos después —dice levantando una mano para despedirse.
Horas más tarde, todas las hermanas con sus respectivas parejas están en el ático de Katherine.
Después de darse una ducha, Rachel ha podido descansar cómodamente, acurrucada junto a Dakota mientras ella leía las noticias en el móvil e intercambiaba mensajes con Ashley.
Ahora se siente renovada y feliz, aunque no logra relajarse porque siempre está pendiente de Dakota, asegurándose de que no se siente fuera de lugar.
—Deja de mirarla tanto o serás tú la que la haga sentir incómoda —le suelta Indira cuando ambas están volviendo de la cocina tras haber ido a por los postres.
Rachel se detiene en seco, asustada.
—¿Tú crees? ¿Piensas que la presiono?
Indira se ríe y pasea la mirada por la mesa, comprobando que Dakota, sentada al lado de Jodie y delante de Caroline, tiene una expresión muy tranquila a pesar de que apenas ha pronunciado una palabra.
—Pienso que no te relajas. Por cómo has contado que es, Dakota necesita sus tiempos para todo. Nos acaba de conocer, es normal que sienta timidez, pero le costará más que se le pase si ve que tú no actúas con normalidad —opina la empresaria.
—Tienes razón —acepta Rachel vaciando sus pulmones por completo.
Indira le sonríe y las dos continúan hasta la mesa.
En esta ocasión, en lugar de preguntarle a su chica si está bien o necesita algo, Rachel simplemente se inclina sobre ella justo antes de sentarse y le da un beso en la cabeza.
Después se mete de lleno en la conversación que sus hermanas mantienen sobre su padre, que últimamente está tan activo con sus hobbies que incluso ha dejado de acompañar a Caroline a sus reuniones.
—La pobre se ha quedado sin niñera —se mofa Katherine.
—A lo mejor quiere acompañarme Jodie —dispara su hermana, provocando la risa de todas menos las de Katherine y Dakota, que no sabe de qué va la cosa.