Capítulo 21
La noche en The heaven fue algo más movida de lo habitual.
Una celebración improvisada hizo que el local se llenara hasta arriba y las tres mujeres acabaron tan agotadas que ni siquiera hicieron la habitual limpieza nocturna.
Ashley y Dakota quedaron en encargarse por la mañana, mientras Rachel se ocuparía de comprar más vasos y servilletas; ese día toca una banda que las visita desde Pensilvania y tienen que dejarlo todo preparado.
Rachel se mueve con cuidado para no despertar a Dakota y, antes de salir de la cama, la mira durante unos segundos.
Tiene el rostro sereno y respira tranquila mientras duerme.
La mayor de las Taylor aún no se acostumbra a la belleza de la bajista, ese cabello siempre alborotado que le confiere una sensualidad única y una piel tan tersa que merece ser admirada en vez de tocada.
Es la primera noche que actúan con normalidad, como una pareja o dos mujeres que empiezan una relación.
Cuando llegaron al apartamento, entraron en la habitación de Rachel y, aunque Dakota vaciló durante un momento, la actitud relajada de Ashley fue lo que la hizo decidirse por quedarse en el dormitorio con Rachel.
—¿Ya te vas? —balbucea Dakota cuando siente el movimiento del colchón.
—Sí —contesta y la besa en los labios—. Sigue durmiendo; vuelvo más tarde .
Dakota asiente, se gira boca abajo y ocupa toda la cama en un gesto de comodidad que hace que Rachel entrecierre los ojos pensando que la bajista estaba deseando tener todo el espacio para ella sola.
Cuando Rachel sale del coche haciendo malabares con un par de cafés y una bolsa repleta de comida, observa la fachada de la casa de su exmujer.
Recuerda lo feliz que fue allí y cómo la vida la lleva una y otra vez a ese hogar que alguna vez formó parte de ella también.
No fue hasta que llevaban seis meses oficialmente cuando ella y Camila decidieron vivir juntas; eligieron la casa de Rachel más por comodidad y no mover demasiado a Ashley, así que la morena puso su casa en alquiler y así la mantuvo por el resto de años que convivió con las Taylor.
Cuando se separaron, tuvo que esperar un par de meses a que desocuparan el lugar, pero Rachel venía cada semana; jamás ha podido separarse de esa que fue su gran amor y espera no hacerlo nunca.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí de pie? —la voz de la antigua profesora la sobresalta. Hoy parece que Rachel tiene el día de estar muy pensativa.
—Unos minutos —dice y sonríe.
—Venga, entra, que hoy hiela —contesta Camila y frunce el ceño—. ¿Qué llevas ahí?
Rachel levanta la bolsa y la gira para que la mujer pueda ver el logo de la cafetería. Camila ensancha la sonrisa.
—Nunca he entendido esa debilidad por los desayunos de Dayanne —dice la dueña del bar.
—Son los mejores de todo Ítaca —responde Camila mientras lo dispone todo en la mesa de la cocina.
Sacan todo lo que Rachel ha traído. Tortitas, huevos revueltos, tocino y varios muffins de arándanos y chocolate blanco.
Cuando comenzaron a quedar, hace muchos años atrás, Camila invitaba a Rachel a esa cafetería; siempre desayunaba lo mismo, así que cuando ya vivían juntas, era el turno de Rachel de aparecer una vez a la semana con todos esos manjares que derretían a Camila.
—Que Ashley no se entere —dice Camila con una risa jovial.
—Es tu culpa, la volviste adicta a ese sitio.
Cuando Ashley se mudó a Los Ángeles, no había llamada en la que no se quejara por no tener los desayunos de Dayanne en su nueva ciudad.
—Bueno, ¿qué tal? ¿Cómo viste a Dakota después de que supiera que Ashley está de acuerdo con lo vuestro? —pregunta Camila.
Rachel se limpia la comisura de los labios manchados por el tocino.
—Bastante bien, ya viste que al principio se puso algo nerviosa, pero luego en el bar parecía más suelta —sonríe, ilusionada.
—Me alegra mucho, Rach —Camila le deja una caricia fraternal en una mano—. ¿Eres feliz?
Una pregunta compleja. ¿Qué es la felicidad?
Es un concepto tan distinto para cada persona que sería imposible darle una sola definición.
De repente, piensa en sus hermanas; Caroline era feliz con sus cruceros, sus noches calientes y su familia, pero llegó Indira y ahora su sonrisa es más grande y sus ojos brillan más.
Katherine estaba plena con sus hoteles, las fundaciones que tanto ayudan a los más necesitados y el poder que le confería ser una Taylor.
Apareció Jodie y su alma parece ir por libre, tranquila, relajada y sobre todo viva.
¿Será que la felicidad viene en forma de mujer? Es posible.
—Ahora más —concluye Rachel—. Sabes que no buscaba nada, me gustaba mi vida tal y como estaba. Lo único que me faltaba era tener a mi hija cerca y vaya sorpresa, no solo volvió a casa, es que trajo con ella esa pieza que jamás creí que me hiciera falta.
—La vida nos sorprende cuando menos lo esperamos —contesta Camila, risueña.
Rachel entrecierra los ojos porque conoce bien esa actitud en su exmujer.
—Entiendo que tienes algo que contarme.
—Primero tú —exige Camila—. ¿Has hablado algo más con Dakota?
Rachel se tensa. Aunque han pasado varios días desde que Dakota le contó su historia, la mayor de las Taylor no puede ignorar el mal cuerpo que le ha quedado y, pese a que intenta dejarlo pasar, le cuesta sacarse de la cabeza las palabras de su chica.
—No ibas muy desencaminada —le confirma Rachel y respira profundo—. No quiero entrar en detalles, pero Dakota… —le cuesta hablar—, Dakota fue abusada por su hermano cuando era una adolescente.
Camila cierra los ojos un momento y niega con la cabeza. Sabía que algo así pudo haberle pasado, pero que su propio hermano haya sido el criminal, le trastoca.
—Cuando su padre se enteró, acabó no solo con la vida de su hijo, sino con la suya propia. Dakota se quedó completamente sola, abusada y traumatizada por las muertes.
—Dios mío —dice Camila y se tapa la boca—. Pobre chica.
—Ella asegura que lo ha superado, que estuvo muchos años en terapia, pero, Camila, ¿cómo se supera algo así?
La morena vuelve a negar con la cabeza .
—Creo que es algo que se te queda dentro para siempre.
Puede que ya no sienta ese dolor terrible que le causó todo aquello, pero vivirá con eso toda su vida —afirma Camila, que en sus años de profesora vio de todo—.
Aunque en el aspecto sentimental, no creo que tengas que preocuparte, han pasado muchos años y estoy segura de que su mente está preparada para tener una relación.
—Ha estado con más mujeres —dice Rachel como si eso fuera algo crucial.
Camila ríe.
—Eso no lo dudo, es muy guapa —Rachel mueve la cabeza confirmándolo—.
Pero yo te hablo de una relación estable.
Normalmente, a las personas que pasan por ese tipo de traumas les cuesta establecer vínculos reales, pero lo que he visto de Dakota me dice que, si Ashley no hubiera sido un impedimento para ella, hace mucho que hubiera intentado algo contigo.
—Tengo miedo de hacer algo que la haga alejarse de mí —confiesa Rachel.
—¿Por lo que le pasó?
—En parte —dice la mayor de las Taylor—. No sé cómo lidiar con algo así y no me malinterpretes, estoy loca por ella y quiero seguir a su lado, pero no quiero hacer mal las cosas. Además, es una chica joven y yo ya soy …
—No vayas por ahí —la detiene Camila—. Entiendo que estés preocupada, lo que le pasó a Dakota es muy duro, pero creo que ahora tu papel es apoyarla y estar ahí para ella.
Te ha demostrado que está lista y no deberías dudar de su palabra.
En cuanto a la diferencia de edad, no son más que chorradas, Rach, y tú lo sabes.
La vida se mide en años por saber un número cuando te preguntan la edad, pero para mí, las experiencias son las que de verdad te dicen cuán madura eres.
Dakota ha vivido mucho, superado traumas y cumplido su sueño de estar en una banda.
Ahora busca paz, se ha enamorado de Ítaca y de ti —zanja—, y no veo que tenga la intención de marcharse o incluso de buscar otra cosa que no sea tranquilidad.
Disfruta de lo que sientes y tienes ahora.
Rachel le regala una sonrisa cálida a su exmujer.
Camila siempre ha sido de esa manera, directa y que, además, no le teme al futuro; le gusta vivir el presente porque mañana, no sabemos.
Es lo que le dijo a Rachel cuando le pidió que vivieran juntas; no se quería perder la infancia de Ashley ni estar un día más despertando sin ella.
—Bueno, basta de hablar de mí —dice Rachel con la voz rota de la emoción—. Cuéntame tú.
—¿El qué?
—Venga, no te hagas la tonta —le suelta Rachel.
Camila ladea la cabeza, coqueta.
—Esta vieja que ves aquí ha ligado.
—¿Trisha por fin lo consiguió?
—Puede ser muy persistente cuando quiere —explica Camila y sonríe—. No quería decírtelo porque estabas tan angustiada con lo de Dakota que no vi necesario restregarte mi felicidad.
Rachel se pone seria y la señala.
—No vuelvas a hacer eso, ¿me oyes? Siempre nos lo hemos contado todo y, no importa cómo haya estado yo, me hubiera encantado saber que por fin le dabas una oportunidad a Trisha. ¿Cuándo la llevas al bar?
Camila se horroriza.
—No corras tanto, quiero que salgamos un par de veces más para luego presentarle formalmente a mi familia.
Una familia. Eso es lo que siempre serán Camila, Ashley y Rachel, aunque cada una haga su vida. Esos años juntas fueron el inicio de lo que es hoy una relación tan fuerte que están seguras de que perdurará para siempre.
Ambas se miran y se sonríen, contentas porque después de estar tanto tiempo sin pareja, parece que el destino decidió darles una a cada una casi al mismo tiempo.