The heaven (Hermanas Taylor 3) Capítulo 20
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Capítulo 20

Camila observa a su hija con ojo clínico mientras se hace a un lado para que entre. Ashley va directa hacia el sofá, y se deja caer a un lado todavía con la expresión de pasmo dibujada en el rostro. Su madre cierra la puerta y camina lentamente hasta sentarse a su lado, con calma.

—He llegado antes a casa y las he pillado en el bar —aclara Ashley antes de que Camila pueda decir nada—. Estaban tan acarameladas que ni siquiera me han visto —añade, y de repente se echa a reír—. Joder, qué fuerte.

Camila también sonríe y le coge una mano, envolviéndola entre las suyas con amor maternal.

—¿Y tú qué piensas sobre eso, cariño? —pregunta sin soltarla—. ¿Qué te parece que tu madre y tu amiga tengan un lío?

Ashley estira el brazo para coger una galleta de las que Camila tiene en una bandeja sobre la mesa que hay frente a ellas. Se la lleva a la boca y da un mordisco al mismo tiempo que hace botar los hombros.

—A mí me da igual. Yo solo quiero ver a mi madre feliz y si Dakota puede conseguirlo, no veo por qué no puede ser con ella —dice y sigue masticando.

Camila sonríe satisfecha y su hija se gira de manera brusca para enfocarla .

—Espera, ¿tú ya lo sabías? —pregunta Ashley.

—Bueno, no sé exactamente lo que tienen, pero que hay algo, sí que lo sé. Tu madre se está volviendo loca desde que llegasteis —explica Camila acompañando sus palabras con una sonrisa traviesa.

Ashley suelta una pequeña carcajada.

—Joder, con mi madre, no tiene mal ojo. Y Dakota —dice y mira hacia el techo—, no sabía que le iban tan maduras. En fin, ¿crees que van en serio?

—Pues no sé en qué punto están ahora mismo —dice Camila intentando no parecer muy misteriosa, pero tratando de evitar contar todo lo que sabe, al menos por parte de Dakota—, pero creo que se gustan mucho, así que, si la cosa no se ha puesto seria ya, tampoco creo que tarde mucho.

—Pues me parece genial —Ashley coge otra galleta.

—Oye, cariño —dice Camila—. Si lo ves tan bien, ¿por qué no les facilitas las cosas a tu madre y a Dakota y eres tú misma la que les dices que ya lo sabes?

Tu opinión les importa mucho a ambas, y creo que Dakota tiene mucho miedo de que te enfades y eso la tiene muy angustiada.

Saber que no te opones, la tranquilizaría, y teniendo en cuenta su dificultad para expresarse, opino que le harías un favor tanto a ella como a tu madre si les quitas ya ese peso de encima.

Ashley suelta una pequeña risotada solo de pensarlo. No solo no le importa lo que pueda haber entre su madre y su amiga, es que la situación le divierte.

—Claro que sí. Todavía falta bastante para abrir el bar. ¿Por qué no me acompañas? Así entras tú primera y te aseguras de que están vestidas cuando lleguemos. Una cosa es que no me importe y otra es encontrarme a mi madre en esa tesitura. Sería un trauma para mí —se carcajea contagiando a Camila.

—Anda, vamos, y haz el favor de comportarte —exige Camila poniéndose en pie.

Llegan al bar unos minutos después y, aunque Ashley se reía cuando lo ha dicho, le cede el paso a Camila para que entre la primera.

Encuentra a su exmujer y a Dakota sentadas frente a frente en una de las mesas, tomándose un refresco mientras charlan entre susurros, mirándose como dos auténticas enamoradas a las que a Camila le sabe mal interrumpir.

—¿Hay sitio para dos más? —pregunta mientras se acerca, seguida de Ashley.

Rachel levanta la mirada y sonríe. Aunque estaba encantada hablando con Dakota mientras se conocían un poco más, siente que tienen todo el tiempo del mundo para eso y le apetece mucho compartir con la visita inesperada.

—¿Queréis algo más de beber? —pregunta Ashley, que se mete detrás de la barra para coger bebidas para ella y Camila.

Dakota y Rachel niegan con la cabeza.

—Bueno, pues agua con gas para mamá —dice dejando el vaso frente a Camila con desparpajo—, y una cerveza para mí —añade sentándose al lado de su madre.

—Qué contenta vienes —dice Rachel sonriendo mientras observa a su hija—. ¿Vas a darnos una noticia? —pregunta intrigada por esas citas misteriosas de Ashley.

—Pues sí —sonríe Ashley con una malicia que hace que Camila tenga que esforzarse para aguantar una carcajada.

Ashley Taylor hace una pequeña pausa para asegurarse de que tiene la atención de todas las mujeres, sobre todo, de las dos que más le interesan. Después da un pequeño sorbo a su cerveza y deja la botella lentamente sobre la mesa antes de mirar a su madre fijamente.

—Sé que tú y Dakota estáis liadas, os he visto antes.

Dakota, que estaba a punto de dar un sorbo a su refresco, se queda con el vaso a medio camino, petrificada.

A Rachel se le congela el aliento y, de inmediato, dirige su mirada hacia la bajista, asustada de su reacción.

Ella conoce lo suficiente a su hija para saber que no le importa lo que ha visto, pero Dakota es impredecible.

Ashley sigue la mirada de su madre y no tarda en darse cuenta del bloqueo de su amiga, a la que Camila le acaba de poner una mano sobre el hombro para tratar de serenarla.

—Dakota —dice Ashley con voz suave.

La bajista alza la mirada y la observa con la respiración entrecortada.

—No pasa nada, me encanta que estés con mi madre. En serio.

Dakota deja el vaso sobre la mesa y mira a Camila como si necesitase que ella le confirmase que lo que dice su amiga es cierto.

—Relájate —le sonríe Camila y lo siguiente que nota Dakota, es el calor reconfortante de Rachel cuando le coge una mano por encima de la mesa.

—Dakota, cariño —le susurra Rachel, haciendo que una descarga eléctrica atraviese todo el cuerpo de la bajista—, ya la has escuchado. Todo está bien.

—Claro —añade Ashley—, a mí no me tenéis que ver como un impedimento. No sé si lo que tenéis va en serio o es algo pasajero, pero a mí me da igual, si vosotras estáis bien, es lo que importa.

Ashley alza su cerveza para brindar y Dakota coge también su vaso, pero no suelta la mano de Rachel, porque la siente como su ancla .

—¿No deberíais ir a prepararos para abrir el bar? —pregunta Camila tiempo después.

Las cuatro mujeres se han relajado y han comenzado una conversación animada que ha hecho volar el tiempo.

—Madre mía —dice Ashley sorprendida cuando mira la hora—. Voy arriba a cambiarme.

—Yo también —anuncia Dakota y ambas desaparecen por la puerta.

Camila y Rachel también se levantan.

—¿Te quedas? —pregunta Rachel—. Me puedo escaquear y nos tomamos algo dentro de un rato. Tú y yo solas.

—Estoy cansada, Rachel —dice Camila, besándole la mejilla—, pero sí que tenemos que hablar para ponernos al día —sonríe con suspicacia—. Dejemos que estas dos se espabilen solas mañana y te vienes a mi casa para desayunar. Te espero.

—De acuerdo —sonríe Rachel y le da un abrazo para despedirse.