The heaven (Hermanas Taylor 3) Capítulo 18
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Capítulo 18

Rachel intenta leer, pero le resulta imposible.

Hace casi una hora que han subido a las habitaciones después de cerrar el bar y tiene el estómago girado de ansiedad mientras sus ojos se clavan en la puerta una y otra vez.

Considera que ha pasado demasiado tiempo y no deja de pensar que Dakota ha cambiado de opinión y ya no va a pasar a verla como le ha asegurado antes de que Ashley las interrumpiera en la cocina.

Suspira intentando contener la bola de decepción y clava la mirada de nuevo entre las páginas, pero no ha logrado leer ni una sola línea, cuando la puerta se abre y por ella se asoma Dakota, con su melena siempre alborotada y una camiseta sin mangas y las bragas como toda vestimenta.

—¿Puedo? —pregunta la bajista en voz muy baja, mirando de reojo hacia el pasillo.

—Claro, ven —la apremia Rachel, que cierra el libro y lo deja sobre la mesita para después levantar el edredón por un lado y dejar sitio para Dakota.

La bajista entra y cierra la puerta con cuidado de no hacer ruido, al conseguirlo, se gira y sonríe por su victoria, desbocando el corazón de Rachel de un modo que no le parece natural ni sano.

—Venga, ven —insiste la dueña del bar con tono divertido—, que te vas a helar.

Dakota camina hasta la cama y se quita las gafas, dejándolas en la mesilla antes de acurrucarse junto a ella.

Rachel no sabe muy bien qué esperar de ese encuentro.

Desea seguir la conversación y que Dakota se abra con ella, y también está loca de ganas de hacer el amor con ella.

La cabeza le explota, pero después de lo que han hablado en la cocina, tiene muy claro que, si hay algo entre ellas, irán al paso de la bajista, así que se limita a dejar que sea Dakota la que dicte los siguientes pasos, y lo que hace la joven de ojos verdes es guiarla para que Rachel se gire dándole la espalda para ella poder abrazarla desde atrás.

—¿Puedes apagar la luz? —pregunta Dakota, con la cara casi pegada a su nuca.

Rachel se estremece al sentir el calor de su aliento, y estira el brazo para hacer lo que le pide pensando erróneamente que Dakota está demasiado cansada como para tener esa conversación que le ha prometido.

—Ahora yo hablaré y tú no dirás nada hasta que termine —le susurra al oído de repente y los ojos de Rachel se abren como dos faros mientras que su respiración se corta porque todo su cuerpo se ha puesto en alerta.

—Vale —contesta en un susurro entrecortado.

Dakota toma aire y se pega más a ella, agarrándose con firmeza a su cintura como si la necesitase para mantenerse anclada a la realidad.

—A mí madre no la recuerdo, lo único que sé de ella es que mi padre la echó de casa cuando yo era muy pequeña porque siempre estaba borracha.

Rachel carraspea e intenta tranquilizarse. Ashley le dijo que pensaba que sus padres estaban muertos y Rachel sabe de sobra lo duro que es crecer sin madre porque a su hermana Caroline le tocó vivirlo, pero siente alivio porque ella había pensado cosas mucho peores.

—Lo siento, Dakota, yo… —dice, pero no puede continuar porque la bajista la corta.

—Te he dicho que no hables, no he terminado —dice apretando su cintura con más fuerza.

Rachel se maldice por ser tan torpe y asiente en medio de la oscuridad, poniendo su mano sobre la que Dakota tiene en su vientre.

—Tenía un hermano cuatro años mayor que yo. Se llamaba Kevin. Él y yo tuvimos una vida bastante normal junto a mi padre, no teníamos lujos, pero no nos faltaba de nada porque él aceptaba cualquier trabajo extra que le ofrecían.

Dakota hace una pausa, Rachel incluso nota que deja de respirar unos segundos, como si lo que viene a continuación le resultase muy complicado de explicar. Ella también contiene el aliento, intuyendo que necesita estar muy receptiva para encajar esa parte de la historia.

—Kevin me violó cuando yo tenía quince años.

Para Rachel la frase es como un mazado para el que no está preparada. Su cuerpo se tensa tanto que Dakota tiene que sujetarla cuando intenta girarse.

—Si te giras no podré seguir —dice la bajista con voz monótona y Rachel se la imagina con la mirada perdida en algún punto oscuro de la habitación, sin parpadear.

A ella la cabeza le da vueltas y tiene que contener una arcada. Es incapaz de comprenderlo, Su mente jamás ha procesado las violaciones, pero que las cometa un hermano sobre otro es algo que simplemente escapa a su capacidad de procesamiento.

—Dakota…

—Rachel, por favor .

La dueña del The heaven traga saliva intentando que el nudo que la estrangula se disuelva y, aunque no lo consigue, logra mantenerse quieta y en silencio para escuchar todo lo que Dakota tiene que contarle.

—Era un viernes por la noche. Mi padre había comenzado a trabajar esa semana en ese turno y Kevin llegó borracho después de celebrar su cumpleaños con sus amigos.

Antes de eso jamás había intentado nada conmigo, así que no lo vi venir, entró en mi habitación sobre las cuatro de la mañana y se me echó encima. Intenté apartarlo, pero era un gigante…

Dakota guarda silencio unos segundos en los que Rachel quiere decirle que no ha de justificarse. La culpa fue de aquel depravado que tenía por hermano, no suya.

—No paraba de decir que yo lo había provocado, que lo provocaba cada día.

Llegó un momento en el que me quedé paralizada, sin ser capaz de defenderme más porque estaba agotada.

Solo esperaba que pasara rápido y terminara, creo que me desconecté.

Cuando por fin paró, me dijo que, si le contaba algo a mi padre, me haría lo mismo cada noche.

A pesar de que no se mueve, las lágrimas silenciosas de Rachel van empapando la almohada poco a poco, como un grifo mal cerrado que no deja de gotear.

—Intenté no decir nada, pero me hundí tanto que mi reacción fue no querer salir de mi cuarto.

Aquello alertó a mi padre, que no dejaba de preguntarme a todas horas si me había pasado algo en el colegio.

Kevin pasaba por delante de mi habitación y me miraba como si no comprendiera nada.

A veces pienso que estaba tan borracho o drogado, que no recordaba lo que había hecho.

Rachel se mueve, la boca le quema porque tiene mil opiniones sobre el tema, pero otro apretón sobre su vientre le advierte de que debe seguir callada .

—Una mañana no pude más y se lo conté a mi padre aprovechando que mi hermano había salido y él no trabajaba.

Yo estaba aterrada pensando que no iba a creerme porque él siempre había estado muy orgulloso de Kevin, pero me miró y dijo que no me preocupara, que Kevin no volvería a ponerme una mano encima.

Tras eso salió de la habitación y yo sentí que me hundía como una piedra en medio de un lago.

No sé lo que buscaba antes de contárselo, pero después necesitaba que me abrazara y me ayudara a salir del pozo, no que se fuera y me dejara sola con mi agonía.

La mayor de las Taylor hace un nuevo intento de moverse y esta vez Dakota se lo permite, dejando que se gire y quede frente a ella.

Rachel sabe que no puede decir nada, pero se permite sacar una mano de debajo del edredón, apartar el pelo de la frente de la bajista y besarla con ternura.

Dakota baja la cabeza y apoya la frente en la barbilla de Rachel mientras le coge una mano entre las suyas y se aferra como si fuera un salvavidas.

—Aquel día mi padre no salió de casa, se quedó esperando a que mi hermano regresara.

Otra pausa. Rachel siente tanta tensión, que está segura de que mañana le dolerá todo el cuerpo.

—Lo único que recuerdo de aquella tarde fue una explosión.

Después nada. Desperté al día siguiente en el hospital, me dijeron que me había desmayado después de encontrar el cadáver de mi padre.

La policía concluyó que esperó a mi hermano con una escopeta cargada, le disparó en cuanto entró y después se voló la cabeza.

Rachel está tan impactada que la propia Dakota es la que nota que ha dejado de respirar y levanta la cabeza para ser ella la que le acaricia la mejilla.

—Sé que es un espanto de historia, Rachel, pero ya lo he superado. Me costó muchos años de terapia y me ha dejado varias secuelas, pero he seguido con mi vida.

—Dakota, cariño… —Rachel, llora, sin saber qué decir.

—No pasa nada. Solo quería contártelo para que entiendas porque soy así de reservada y desconfiada con la gente. Estuve muy rabiosa durante años, odiando a mi hermano por lo que me había hecho y a mi padre por no quedarse conmigo, pero salí adelante.

—Claro que sí —dice Rachel angustiada, besándole la frente de nuevo.

—Nunca le he contado esto a nadie, Rachel.

Jamás me he sentido en confianza de hacerlo.

He estado con varias chicas y, cuando comienzo a sentir algo que va un poco más allá de la atracción, siempre huyo porque me aterra que me traicionen como hizo Kevin, pero contigo no siento eso, quiero quedarme y demostrarte que confío en ti, que me siento segura contigo.

—Despellejaré a cualquiera que intente hacerte daño, Dakota, te lo juro —asegura Rachel con los labios temblando.

Dakota sonríe con los ojos encharcados y se abraza a ella, dejando que su calor la reconforte.

Rachel sabe que la conversación ha terminado y lo agradece, porque tiene un nudo en la garganta que la está destrozando.

Necesita procesar todo lo que ha escuchado y tratar de calmarse, después, simplemente se asegurará de que Dakota descansa tranquila, porque ella está segura de que no podrá pegar ojo después de haber escuchado esa historia de terror.