The heaven (Hermanas Taylor 3) Capítulo 16
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Capítulo 16

A Rachel se le expande un cosquilleo repentino por el pecho cuando escucha unos pasos bajando por las escaleras. A estas alturas, salvo que bajen juntas, sabe distinguir perfectamente entre su hija y Dakota y, por la forma casi sigilosa de las pisadas, sabe que se trata de la última.

Deja la taza de café que tiene entre las manos sobre el mármol y se gira mientras coge mucho aire.

Apenas ha dormido en toda la noche, la preocupación por el extraño incidente en el bar entre Dakota y ese chico maleducado al que terminó advirtiendo sobre los modales que podía tolerar en su bar en cuanto bajó, y esa conversación pendiente que tiene con ella y que parece imposible, la han mantenido demasiado ocupada como para conciliar un sueño en condiciones.

Desde que se ha levantado está pensando en qué debe hacer primero en cuánto tenga oportunidad de estar a solas con Dakota: abordar el tema entre ellas o preguntarle por ese momento de parálisis en el que permaneció varios minutos que para Rachel fueron interminables, en medio de esa especie de trance y estado ausente.

—Buenos días —saluda Dakota asomándose a la puerta de la cocina.

A Rachel se le anuda el estómago y apenas logra responder al saludo con un timbre de voz lo suficientemente firme, porque ella estaba convencida de que después de lo que pasó anoche, Dakota estaría dispuesta a concederle unos minutos, aunque solo fuese para hablarle de ese momento de tensión en el bar, pero la bajista está vestida como los últimos dos días, y no parece tener intención de quedarse.

—¿Te vas? —pregunta Rachel con un tono tan apagado que Dakota siente que su determinación se tambalea durante unos segundos.

Mira a la dueña del bar mientras intenta calmar esos latidos desbocados que siempre tiene dentro del pecho cuando la tiene delante, pero finalmente asiente.

—Sí, tengo que salir —dice y aprieta los labios en una mueca que pretende ser una disculpa, pero que a Rachel le parece una excusa para evitarla. Otra más.

—De acuerdo.

Rachel se gira y le da la espalda. Si Ashley no estuviera en el piso de arriba, impediría que Dakota se marchase y le exigiría una explicación de una vez por todas, pero no puede pedirle nada porque si lo hace en ese estado de rabia e impotencia que siente ahora mismo, está segura de que gritaría y acabaría despertando a su hija.

Dakota sale de la casa y se queda al otro lado de la puerta unos segundos.

Duda. Ya no sabe lo que es correcto y lo que no, y su mente a veces muy confusa no la deja ver las cosas con claridad.

No quiere hacerle daño a Rachel, pero tampoco quiere que su amistad con Ashley se estropee, y mucho menos ahora que por fin siente que ha encontrado un sitio en el que encaja.

Por eso aprieta los puños con fuerza y se muerde los carrillos con rabia, porque lo único que se le ocurre para solucionar el conflicto duele mucho, y Dakota está muy harta de sufrir.

Empieza a caminar con la mirada fija en el suelo, concretamente, en sus pies, pero Dakota sabe muy bien a dónde va, hacia casa de la única mujer con la que también se siente a salvo a pesar de que casi no la conoce: Camila.

Golpea la puerta sin pensarlo demasiado y se siente muy confundida cuando, tras pocos segundos, esta se abre y ante ella aparece una mujer menuda y muy risueña de unos cincuenta años, con el pelo rubio y unos ojos tan azules como los de Ashley.

—Hola, ¿te puedo ayudar? —pregunta la mujer con amabilidad.

Dakota no contesta, su mente está bloqueada mientras sus ojos recorren la fachada de la casa en busca de cualquier detalle que le indique que se ha equivocado.

Solo ha estado allí una vez. Fue el día que acompañó a Camila a la ciudad para hacer compras, al volver, se detuvieron en su casa antes para que ella pudiera ayudarla a descargar sus cosas.

Dakota tiene muy buena memoria y está segura de que la casa es esa, pero la presencia de la mujer la hace dudar.

—No —responde finalmente—. Lo siento, creo que me he equivocado de casa —añade dando un paso atrás para darse la vuelta y desaparecer.

—¿Buscas a Camila?

La pregunta hace que Dakota se detenga en seco y le devuelva una mirada confundida. Duda entre responder o marcharse, pero antes de poder decidirse, Camila aparece en la puerta.

—Dakota, cariño, ¿qué haces aquí? —pregunta Camila, alternando la mirada entre ella y la mujer rubia que ha abierto la puerta.

Dakota sabe que Camila se alegra de verla, pero también que se siente descubierta.

—Lo siento, yo no quería molestar. No sabía que estabas …

La bajista se pone muy nerviosa, sin saber muy bien cómo terminar la frase.

—Ya volveré.

Si fuera otra persona, como Ashley, por ejemplo, Camila probablemente dejaría que se marchase y esperaría a que volviese más tarde para que la sometiese a un interrogatorio, pero a Dakota no puede dejarla irse porque sabe que, si lo hace, es muy posible que ya no regrese.

—De eso nada, pasa —dice, y contiene el impulso de cogerla de un brazo para arrastrarla hasta el interior. Algo que haría con cualquier persona, pero que no puede hacer con ella.

—No hace falta, solo quería saludar —insiste Dakota.

—Pues me saludas como Dios manda, sentada a la mesa con un buen café. Venga, entra, que fuera hace frío.

—Claro, bonita, por mí no te preocupes, que yo ya me iba —dice la mujer rubia, haciéndose a un lado para dejarla pasar.

—Ella es Trisha Lohan —dice Camila dirigiéndose a Dakota con una sonrisa—, es una amiga especial.

Después se gira hacia Trisha y le señala a la bajista.

—Y ella es Dakota, creo que ya te he hablado de ella. Trabaja con Rachel en el bar.

—Claro —dice Trisha respetando el espacio de Dakota—, es un placer.

Dakota mueve la cabeza de manera afirmativa mientras sonríe, desconcertada por la información.

—Bueno, yo ya me voy. Hablamos después —dice Trisha cogiendo su abrigo.

La bajista baja la mirada cuando ve que las dos mujeres se despiden con un beso en los labios y no se atreve a levantarla cuando Camila cierra la puerta.

—Anda, ven a la cocina que preparo algo, y levanta la mirada, que no será la primera vez que ves a dos mujeres besarse —dice Camila divertida cuando pasa por su lado.

Dakota se ríe y la sigue con las manos en los bolsillos.

—No sabía que estabas con alguien —se atreve a decir, apoyando la espalda en la pared mientras Camila pone la cafetera.

—Nos estamos conociendo, tampoco es algo serio todavía —contesta Camila.

—Pero Rachel es tu amiga —suelta Dakota sin poder contener la lengua.

Camila se gira y la mira durante un instante antes de volverse para sacar las tazas.

—Es verdad, es mi amiga, pero ahora no lo está pasando muy bien y no quiero restregarle mi alegría —Camila responde sin pensar, y solo se da cuenta de lo que ha dicho cuando el silencio de Dakota parece estrechar las paredes de la cocina.

Se gira de nuevo, y la encuentra en la misma posición mientras la mira fijamente.

—Dakota…

—Déjame vivir contigo hasta que pueda ahorrar un poco —el tono de la bajista es más una súplica que una petición.

Camila no responde, solo apaga el fuego, sirve el café en las tazas y le pide que la siga hasta el salón, donde hace apenas un día estuvo escuchando la tristeza de Rachel.

—Siéntate —le pide la profesora para después sentarse a su lado—. ¿Por qué te quieres ir de casa de Rachel? ¿Ha pasado algo? —indaga Camila .

Dakota asiente con vehemencia.

—Estoy enamorada de ella —confiesa con la voz a punto de quebrarse—, y no puedo seguir en esa casa viéndola cada día sin poder acercarme, o sabiendo que está durmiendo en la habitación que hay al lado de la mía.

No tienes ni idea de lo difícil que es controlar la tentación de levantarme todas las noches y abrir su puerta.

Me estoy volviendo loca en esa casa y ya no sé qué hacer, Camila, y no me quiero ir de aquí.

Este sitio me gusta, me da paz —las lágrimas se le escapan, pero Dakota se pasa los dedos rápidamente por los ojos—, y vosotras me tratáis bien.

Camila traga saliva mientras contiene el impulso de abrazarla.

—Escucha, Dakota —empieza la mujer—, a esta casa puedes venir cuando quieras, mis puertas están abiertas para ti el tiempo que tú necesites.

Hay espacio de sobra, pero antes de tomar una decisión como esa, creo que deberías hablar con Rachel, ¿no crees?

Esto no va solo de lo que tú sientes, también debes tener en cuenta lo que siente ella.

—Lo que sentimos no importa —interrumpe la bajista sorprendiendo a Camila—.

No puedo fallarle a Ashley. Es la única amiga que tengo.

¿Qué pensará si se entera de que me he acostado con su madre?

¿Y de que quiero seguir haciéndolo cada día de mi vida?

Sentirá que he roto su confianza. Ella me invitó a venir aquí para ayudarme y yo…

—Sus ojos vuelven a anegarse y sonríe con cansancio.

—Y tú, ¿qué, Dakota? —pregunta Camila.

—Y yo me enamoro de su madre hasta tal punto que ya no puedo pensar cuando la tengo cerca.

Camila sonríe sin poder contenerse y se toma la libertad de extender un brazo para coger la mano de Dakota.

—Escúchame bien, de lo que Ashley pueda pensar, olvídate ahora mismo —ordena la profesora.

Dakota le clava la mirada, sorprendida.

—Si algo hicimos bien Rachel y yo, fue educarla. Ashley tiene una mente muy abierta y te aseguro que siempre que vea que lo tuyo con su madre es sincero, no tendrá ningún problema en aceptarlo.

—Pero Rachel es más mayor que yo —Dakota se rasca el pelo.

—¿A ti te importa esa diferencia de edad entre vosotras? —pregunta Camila.

Dakota esboza una sonrisa y niega con la cabeza, no solo no le importa, sino que, ha descubierto que le gusta mucho la madurez de Rachel en todos los aspectos.

—Pues lo que le importe a los demás no es relevante. Además, entre Rachel y yo también había una diferencia parecida y a Ashley nunca le supuso un problema.

—Quizá debería hablar con Rachel —concluye Dakota, pensativa.

—Debes hacerlo, Dakota, independientemente de cuál sea el resultado. Rachel se merece saber lo que piensas. No es justo para ella que os beséis por los rincones o la busques a hurtadillas por la noche y después huyas por el día. ¿Tienes idea de lo que supone para ella no poder hablar contigo?

—Hablaré con ella —afirma Dakota y después mira a Camila mordiéndose ambos labios.

—¿Qué pasa? —pregunta la profesora.

—¿Rachel te habla de nuestras cosas? —pregunta Dakota con un destello de diversión en la mirada.

Camila suelta una pequeña carcajada.

—Alguna cosa me cuenta —admite entre risas que contagian y empiezan a relajar a la bajista.

—Siento haberos molestado a ti y a Trisha —dice Dakota con la intención de levantarse y marcharse, concluyendo así la conversación.

La mano de Camila sobre la suya la detiene.

La profesora sabe que ha establecido un vínculo importante con Dakota, que la bajista, de algún modo, se ha abierto con ella.

Y no quiero que piense que allí solo puede ir cuando sienta que colapsa, necesita dejarle claro que su casa es un lugar seguro para ella siempre que lo necesite, igual que la de Rachel.

—No nos has molestado, Trisha se iba a marchar, quizá algo más tarde, pero se iba —reconoce divertida—. ¿Por qué no te quedas a comer? Tengo que ir al mercado a comprar algunas cosas, puedes acompañarme y me ayudas a preparar la comida. Rachel dice que se te da bien la cocina.

Dakota se ríe y se muerde el labio mientras piensa en Rachel. Tiene ganas de ir a verla y hablar con ella, pero también necesita estar calmada y prepararse mentalmente para esa conversación tan seria que debe tener con ella, así que decide quedarse.

—¿Cuándo le hablarás a Rachel de Trisha? —pregunta Dakota cuando salen por la puerta.

—Quizá la próxima vez que hable con ella, ya veremos —responde la profesora entregándole las llaves del coche.