The heaven (Hermanas Taylor 3) Capítulo 14
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Capítulo 14

Rachel lleva un buen rato despierta, pero no quiere levantarse.

La poca luz que entra por la ventana es suficiente para ver la silueta de Dakota, que permanece dormida, acurrucada junto a su cuerpo como ha estado durante toda la noche, como si, de algún modo inconsciente, la bajista buscara su protección.

La mayor de las Taylor tiene claro que hay algo que no está bien en la chica que duerme a su lado.

Dakota tiene algo dentro que está roto, Rachel lo intuye de algún modo inexplicable, y se desespera porque no encuentra la manera de ayudarla, de conseguir que se abra y confíe en ella.

Le arrastra parte de la melena con suavidad para quitársela de la cara y Dakota se mueve, pero al notar el calor reconfortante de Rachel en la cama, se aprieta más contra ella y aspira el aroma de su piel con fuerza como si lo necesitara para seguir durmiendo con tranquilidad.

Rachel se estremece y la abraza, para después besarle la frente y acariciarle la espalda con los dedos mientras intenta despertarla, porque no quiere que Ashley se levante y las descubra en su habitación.

—Dakota —le susurra y la bajista abre los ojos de inmediato.

Se gira y se pone bocarriba, sobresaltada, e intenta que su mente se despierte para saber lo que tiene que hacer .

—Eh —le vuelve a susurrar Rachel—. Tranquila, es temprano, pero tengo que levantarme y Ashley no debería verte aquí.

Dakota mueve la cabeza afirmativamente, como un robot.

No quiere irse, quiere quedarse con Rachel todo el día, sin salir de esa cama, pero entiende que las cosas no se hacen así, que no han hablado, que se presentó en su habitación y se metió en su cama sin explicaciones, y ella tampoco quiere que su amiga descubra que suspira por su madre de esa manera.

—Vale —dice y se incorpora, aturdida.

Sale de la cama, desnuda, mientras Rachel la mira entre descolocada por su comportamiento errático y excitada porque no puede dejar de pensar en todo lo que pasó anoche. Y necesita que se repita.

Dakota se pone las gafas y empieza a buscar su ropa. Se viste con torpeza mientras Rachel sale de la cama y se pone una sudadera para protegerse del frío antes de acercarse a Dakota, que va directa hacia la puerta.

—Espera —dice Rachel estirando la palabra, cogiendo a Dakota de la mano de forma cariñosa para atraerla hacia su cuerpo.

Dakota parece respirar cuando la mira.

—Tranquilízate, ¿vale? —dice Rachel acunándole la cara entre las manos. Los ojos verdes de ambas parecen fundirse como si fueran el prado más frondoso.

Dakota asiente y Rachel le da un beso en los labios.

—¿Estás bien? —pregunta Rachel.

—Sí —Dakota sonríe y a Rachel le tiembla todo el cuerpo porque, a pesar de tener las sábanas marcadas en la cara, le parece la chica más bonita que ha visto en su vida.

—Bien —dice Rachel aliviada .

—Te iba a pedir perdón por colarme así en tu habitación anoche —dice Dakota de repente, mirando hacia la cama deshecha—, pero no me arrepiento.

Rachel la sujeta por el mentón y la obliga a mirarla mientras contiene el impulso de arrastrarla de nuevo hasta la cama.

—Me alegra escuchar eso, Dakota, porque yo tampoco, pero tenemos que hablar de lo que pasa, cariño. ¿Entiendes eso?

El cuerpo entero de Dakota se estremece ante ese apelativo afectuoso que Rachel ha utilizado para dirigirse a ella sin darse cuenta, porque le ha gustado, la ha hecho sentir bien, y sobre todo sentirse importante y querida para Rachel.

Sus ojos amenazan con encharcarse y empiezan a brillar estremeciendo a Rachel, que se da cuenta del efecto que ha provocado en ella, como si con su muestra de afecto acabase de llenar un vacío enorme dentro de Dakota.

—Sí, lo entiendo —contesta Dakota finalmente.

—Vale, pues hablaremos después —concluye Rachel.

—Hoy me voy con Ashley al centro de Ítaca —anuncia Dakota como si eso chafara todos los planes—. He quedado con el mánager de un grupo interesado en tocar en el bar, y ella me acompañará.

Rachel le sonríe y la estrecha entre sus brazos con fuerza.

—Pues hablaremos en otro momento, pero hablaremos —dice sonriendo contra su oído.

Dakota se separa lentamente, le da un beso en los labios y sale de la habitación para correr hasta la suya mientras Rachel la mira desde el quicio de la puerta.

En cuanto terminan de desayunar y Dakota y Ashley se marchan, Rachel coge su abrigo junto a las llaves del coche y sale por la puerta. Mientras las chicas desayunaban, ella le ha escrito a Camila para preguntarle si podían verse, y esta le ha dicho que se pasara por su casa.

—Bueno, cuéntame qué es eso que te urge tanto, que me tienes en ascuas —dice Camila después de que ambas se sienten en el sofá de su casa con sus respectivas tazas de café.

—Me he acostado con Dakota —suelta Rachel con los ojos muy abiertos, como si no terminase de creerlo.

Camila sonríe y mira a su exmujer con los ojos entornados, ladeando la cabeza con expresión divertida.

—Pues déjame que te felicite, cariño, porque esos bajos tuyos llevaban mucho tiempo abandonados —dice burlona.

Rachel la empuja y suelta una sonrisa amarga. Quisiera divertirse con la broma, pero a pesar de lo feliz que se siente, algo se la come por dentro.

—Algo falla, Camila, no he podido hablar con ella todavía —dice, echándose hacia atrás con pesar, angustiada.

—¿Por qué no? —pregunta Camila girándose hacia ella, sin comprender nada.

—Porque fue imposible. Lo intenté, le dije lo que yo sentía, me abrí con ella como un libro.

Creo que nunca he podido ser tan clara con tan pocas palabras, pero cuando le pedí que me dijera lo que pensaba, se quedó paralizada, como ida, y al cabo de un rato simplemente dijo que no tenía nada que decir.

Se marchó y me dejó con la palabra en la boca y una sensación de humillación espantosa.

Camila la escucha con el corazón encogido, dolida por Rachel y preocupada por Dakota.

—Pero os habéis acostado, no comprendo —dice pensativa.

Rachel sonríe de manera seca y el aire se le escapa por la nariz.

—Pues imagínate yo, cuando por la noche entró en mi habitación, me dijo que no se le daba bien hablar y bueno… —Rachel sonríe ruborizada—, lo demás te lo imaginas.

Camila asiente y le da un apretón cariñoso en el brazo a su exmujer, después coge su taza y da un pequeño sorbo al café antes de volver a dejarla sobre la mesa.

—Entonces, ¿no habéis hablado nada?

—No. Esta mañana le he dicho que teníamos que hacerlo en cuanto tuviéramos un momento y no se ha negado, pero no sé, es tan impredecible —Rachel niega con la cabeza—.

Le pasa algo, Camila, estoy segura —añade preocupada—.

En cuanto se quedó dormida, se hizo un ovillo y se pegó a mí como si buscara cobijo, y no se ha movido en toda la noche.

Fue como pasar la noche con dos Dakotas diferentes, la primera, atrevida y segura de lo que quería, y la segunda, asustada y desorientada.

No sé qué pensar, Camila. Ashley me contó que los padres de Dakota murieron cuando ella era adolescente y pasó bastante tiempo en centros de acogida. Esos sitios cambian a los niños, ¿no?

—Mira, cariño —dice Camila tras pensárselo mucho—.

Tú sabes que en mis años como profesora he visto a todo tipo de niños y comportamientos.

Todos los críos que arrastran algún tipo de trauma de la clase que sea, tienen problemas en casa o sufren algún tipo de acoso en el colegio, tienen un comportamiento parecido al de Dakota, cada uno con sus particularidades, pero en general, son muy parecidos.

—¿Qué quieres decir? —pregunta Rachel.

—Pues que se le nota, Rachel, me lo pareció el primer día que la vi y con cada cosa que me cuentas no hago más que confirmarlo.

Solo tienes que ver cómo se comporta conmigo.

De inmediato se sintió cómoda y no es porque yo sea ni mejor ni peor que tú, es porque me identificó como una figura protectora, alguien con quien sentirse a salvo porque estoy acostumbrada a tratar con niños así y sé cómo actuar con ellos.

Yo le di su espacio desde el principio, respeté sus normas y de algún modo le hice saber que me tiene aquí si me necesita.

Rachel se tensa.

—¿Y yo no he respetado su espacio?

—Claro que sí, pero vuestro caso es muy diferente. Tú le gustas y ella te gusta a ti, Dakota contigo no quiere ese tipo de espacio —sonríe Camila con ternura.

—¿Y no puede ser que Dakota simplemente sea así? ¿Tan introvertida que no sabe expresarse? —pregunta Rachel suspirando.

—Puede, pero he visto a demasiados niños con su comportamiento como para apostar a que detrás hay algo.

—Madre mía, Camila —dice Rachel angustiada—. ¿Qué crees que le ha pasado?

La mayor de las Taylor siente vértigo solo de pensarlo.

—No lo sé, puede ser cualquier cosa. Quizá su trauma es la muerte de sus padres, o algo que pasó en su casa, o en las casas de acogida, si es que estuvo en alguna, o en el propio centro.

Pueden ser mil cosas, cariño, pero alguna arrastra y tú no podrás avanzar con ella si no consigues que se abra contigo, porque de lo contrario, eso siempre será una barrera entre vosotras, algo que la alejará de ti como probablemente la ha alejado de todas sus parejas anteriores.

Rachel vacía los pulmones y cierra los ojos, sintiendo que Dakota está muy lejos de su alcance .

—Es imposible, si no se lo ha contado a Ashley, que es su mejor amiga, no me lo va a contar a mí.

—Eso no lo sabes. Igual que tampoco sabes si se lo ha contado a nuestra hija —dice Camila.

La cabeza de Rachel se gira hacia su exmujer como la de una muñeca diabólica.

—Ashley me dijo que no se lo había contado.

—Y puede que sea cierto, pero también puede que le esté guardando el secreto a su amiga. Esto es algo serio y muy personal, Rachel. En cualquier caso, tampoco la puedes presionar, por ahora, limítate a aclarar lo que pasa entre vosotras y si ella quiere lo mismo que tú, lo otro ya vendrá después.

—Con lo que me ha costado enamorarme después de ti, podría haberlo hecho de alguien menos complicado —dice Rachel, apartando el café que apenas ha probado porque siente que, si se lo bebe con lo alterada que está, le dará un infarto.

—Eso no se elige, Rachel —dice Camila acariciándole la espalda—, y es muy probable que tú seas lo mejor que le ha pasado a Dakota en su vida, así que, si no estás segura de querer seguir con esto por el motivo que sea, páralo cuanto antes porque esa chica no necesita añadir más problemas a su vida.

—No pienso parar nada, Camila —dice Rachel rodando los ojos—. Estoy loca por Dakota, es solo que estoy asustada, me da miedo no saber llegar a ella.

—Lo harás, cariño. Te conozco y estoy segura de que encontrarás la manera, así que tranquila.