Capítulo 12
—Con esto creo que está todo —dice Dakota, dejando una caja de cervezas que acaba de traer del almacén al lado de una de las neveras que Ashley tiene abiertas.
La hija de Rachel mete todas las botellas y cierra la puerta mientras Dakota sale al patio para dejar la caja vacía.
Ambas están preparando todo lo necesario para la abertura del bar dentro de una hora y, aprovechando que su madre está todavía en casa de Camila, Ashley coge dos cervezas de las que ya están frías y le entrega una a Dakota cuando vuelve del almacén.
—Vamos a sentarnos un rato —dice señalando una mesa—, desde que llegamos aquí, tú y yo apenas hemos hablado.
Dakota asiente y la sigue hasta una de las mesas, donde ambas se sientan una frente a la otra.
—¿Cómo lo llevas? —pregunta Ashley.
—¿El qué exactamente? —devuelve la pregunta Dakota, sin saber muy bien a qué se refiere.
Ashley sonríe y choca su cerveza con la de su amiga, sin acostumbrarse a que Dakota necesite que sea tan específica para ciertas cosas ni a sus respuestas siempre enfocadas a la pregunta en cuestión, sin dar más detalles de los necesarios .
—A vivir aquí, Dakota. Yo te veo bien, pero este pueblo de Ítaca no es como Los Ángeles. Solo quiero asegurarme de que te adaptas bien —aclara Ashley.
—Estoy muy bien —dice Dakota, bajando la mirada a su botella mientras empieza a arrancarle la etiqueta antes de seguir hablando—.
Este sitio me gusta mucho. Creo que va más conmigo.
Es tranquilo y calza más con mi manera de enfocar la vida, además, me gusta mucho el paisaje de los alrededores.
No sé cómo explicarlo, pero me da calma.
Dakota deja de hablar y sigue rompiendo la etiqueta mientras Ashley la observa sonriendo.
—Pues me alegro mucho, en serio. ¿Y qué tal con Camila? Tengo la sensación de que tienes buena conexión con ella.
Dakota abre la boca y se aparta el pelo de la cara mientras piensa en cómo puede definir eso que siente cuando Camila está cerca de ella. Después se sube las gafas y mira a su amiga antes de dar un sorbo corto a su cerveza.
—Es algo extraño, pero desde que me saludó en el aeropuerto sentí algo como fraternal con ella.
Como si fuera de mi familia, la abuela que nunca tuve o quizá una madre.
No se lo digas porque no quiero que se ofenda o se sienta incómoda, pero yo me siento protegida cuando ella está cerca. Es algo muy raro —confiesa Dakota.
—Camila tiene ese poder —asiente Ashley—.
Cuando tenía unos siete años mi madre me cambio de colegio porque no le convencía la metodología del anterior, yo estaba asustadísima con el cambio, me aterraba la idea de no poder hacer amigos nuevos o de que los profesores la tomaran conmigo por ser nueva —se ríe contagiando a Dakota—, pero el primer día Camila me presentó ante toda la clase, y lo hizo de tal modo que cuando terminó, todos los niños se acercaron para conocerme.
Yo la percibí como una especie de maga y de inmediato se convirtió en mi profesora favorita.
Dakota sigue sonriendo mientras piensa en cuánto le gustaría haber tenido a Camila en su vida cuando era pequeña, segura de que todo habría sido diferente para ella.
—Al cabo de un año o así, mi madre me sentó una tarde en esa barra y me contó que ella y mi profesora eran muy amigas, que qué me parecería si la invitaba algún día a casa a cenar. Yo no entendía muy bien a qué se refería, pero estaba encantada con la idea —cuenta con una carcajada.
—¿Y cómo te sentiste cuando entendiste que eran algo más que eso? —pregunta Dakota sin saber muy bien cuál es exactamente su interés, si conocer lo que sintió su amiga o saber más cosas de su madre.
—Es que no recuerdo que eso pasara —contesta Ashley, tranquila—, para mí todo fue muy natural.
Camila venía cada vez más por casa, empezó a quedarse a dormir y al final, simplemente también era mi madre.
Para mí lo único duro de lo que tuvieron fue cuando se separaron, creo que lo encajé yo peor que ellas, porque se llevaban tan bien que no entendía que ya no se quisieran de ese modo.
Pero no cambiemos de tema —dice como si despertara de un trance.
Dakota se echa hacia atrás como si no supiera de qué le habla.
—Estábamos hablando de ti y de cómo te adaptas y de repente te estoy contando la historia de mi infancia.
—Es una historia bonita —dice Dakota y baja la mirada a las bolas de papel roto que tiene frente a ella.
Ashley contiene la respiración unos instantes, tentada de preguntarle por la suya, pero sabe que Dakota no se siente cómoda con eso y decide no forzar la conversación.
—Bueno, sabemos que te gusta este sitio y que Camila te cae bien. ¿Qué tal con mi madre ?
Dakota deja de respirar y su cuerpo se pone rígido como una tabla.
Se aparta el pelo de nuevo de la cara y trata de ganar tiempo dando un largo sorbo mientras piensa qué decirle.
A cualquier otra persona le respondería directamente que Rachel simplemente le gusta, le gusta tanto que su cerebro no funciona como debe cuando ella está cerca.
Le diría que se siente tonta porque Rachel le habla y ella tarda en contestar porque se pone tan nerviosa que se vuelve errática y después se mueve por impulsos que probablemente la hacen parecer una trastornada.
La dueña del bar la vuelve loca, es la primera vez que le pasa eso con alguien y Dakota no sabe cómo se gestiona, y le encantaría poder contárselo a su amiga para que le diera consejo, pero no puede porque su amiga es la hija de la mujer de la que se ha enamorado.
—Tu madre es guay.
—¿Guay? —la carcajada repentina de Ashley hace que Dakota se ponga nerviosa, sin saber si ha metido la pata tras soltar lo primero que se le ha ocurrido—. Mi madre es muchas cosas, Dakota, pero ¿guay?
Ashley no deja de reírse hasta que se da cuenta de que su amiga está tiesa como un junco.
—Perdona —se disculpa y suspira para concentrarse—, en realidad sí que es guay, la verdad es que tengo una madre cojonuda, pero esperaba que dijeras algo más —dice y encoge los hombros.
—Me trata bien —añade Dakota, incómoda.
Ashley la mira aceptando su respuesta como válida.
Sabe que su madre no se parece en nada a Camila, ella no proyecta ese efecto que su otra madre ejerce sobre su amiga, pero tiene otras muchas cualidades que está segura de que Dakota sabrá ver cuando logre abrirse ante su madre, que a veces impone mucho con su apariencia de mujer inquebrantable .
Justo en ese momento, por la puerta aparecen Camila y Rachel.
—Pero bueno, vaya dos holgazanas —bromea Camila acercándose a su hija para estrecharla con fuerza entre sus brazos mientras le guiña un ojo a Dakota.
—¿Qué haces aquí? —pregunta Ashley levantando la cabeza para mirarla.
—Hoy es el primer día que viene un grupo de fuera y no me lo quiero perder —contesta Camila mientras los ojos de Dakota, se desvían un momento y se clavan en los de Rachel, que la mira desde el otro lado de la barra con la ansiedad de quien desea devorarla.
La primera noche de concierto oficial en el The heaven va todo lo bien que Ashley esperaba.
Sus esfuerzos en las redes sociales han dado sus frutos y el bar se ha llenado tanto que no ha quedado una mesa libre ni un momento.
Incluso Camila ha tenido que meterse dentro de la barra y echarle una mano a Dakota y Rachel porque no daban abasto sirviendo bebidas mientras Ashley se ocupaba de las mesas.
—Bueno, creo que esto se merece una pequeña celebración —dice Rachel cuando por fin terminan de limpiar.
—Estoy de acuerdo —concuerda Camila—, la mía sin alcohol —añade y Dakota le sonríe mientras coge cervezas para todas.
Se sientan en una de las mesas y Camila se las ingenia para situarse al lado de su hija y dejar a Rachel al lado de Dakota.
La conversación fluye con rapidez gracias a Ashley, que siempre tiene cosas que contar.
Rachel intenta prestarle toda la atención a su hija, centrarse en lo que dice y no en la corriente que siente que desprende Dakota cada vez que sus dedos se rozan bajo la mesa de manera disimulada, cortándoles la respiración.
Camila, que conoce demasiado bien a su exmujer y nota la tensión de su rostro, decide al cabo de un rato poner fin a la velada con la intención de que Ashley la imite y las dos mujeres se queden a solas.
—Bueno, yo me marcho ya, que tengo una edad y no estoy para trasnochar —dice y se levanta—. Y vosotras deberíais hacer lo mismo, que os habéis dado un buen trote —aconseja, aunque solo mira a su hija, a la que besa en la cabeza antes de marcharse.
—La verdad es que yo no tengo sueño —dice Ashley cuando Camila cierra la puerta—. ¿Queréis otra? —pregunta mirando a su madre y a Dakota.
Rachel comprende que esa noche no probará esos labios que tanto desea y, tras acariciar suavemente la mano de Dakota por debajo de la mesa, aparta su cerveza y se levanta.
—Creo que yo voy a seguir el consejo de Camila y me iré a la cama. No os acostéis muy tarde. ¿De acuerdo?