Capítulo 8
La noche ha comenzado bien en el The heaven.
Además del público habitual, las mesas se han ocupado con gente nueva, más joven, atraída probablemente por esas publicaciones y promociones que Ashley ha estado haciendo de manera constante en las redes sociales.
El momento de la actuación de las chicas se acerca y parece que la única que está nerviosa es Rachel.
Ashley está encantada y emocionada ante la perspectiva de subir al pequeño escenario y Dakota, ella simplemente está ahí, sirviendo copas concentrada como si nada pudiese alterar esos pensamientos que a veces la hacen parecer ausente.
—Vamos allá —dice Ashley sonriendo.
Dakota deja varias botellas vacías en una caja y se incorpora para seguir a su amiga al escenario.
Rachel baja las luces, dejando iluminado solo el suelo del escenario de manera que la atención de todos los presentes se enfoca en las dos chicas.
Cuando Dakota comienza con los primeros acordes, Rachel contiene el aliento, le resulta imposible evitarlo y se queda hipnotizada hasta que uno de los habituales le pide una copa.
Rachel se la sirve mientras escucha la voz de su hija con un orgullo al que le resultaría muy difícil poner palabras.
Durante los siguientes minutos, Rachel apenas tiene trabajo.
La clientela permanece atenta a las chicas que tocan en el escenario y ella apenas sirve un par de copas más durante las tres canciones que tocan.
Cuando finaliza la última, Rachel sube un poco las luces y después suelta un potente silbido en medio de los aplausos de la gente mientras se fija en la reacción de las dos mujeres.
Ashley está encantada de la vida, sonriendo y saludando desde el escenario mientras deja su guitarra.
Dakota, sin embargo, trata de mantenerse en un segundo plano, como si ella no hubiera estado ahí y todo el mérito fuera de su amiga.
Cuando bajan del escenario, aparece un grupo de amigos de Ashley que Rachel reconoce de cuando iban a la universidad.
Se acercan a ella para felicitarla y también a Dakota, cuya incomodidad solo parece ser evidente para Rachel porque Ashley está muy ocupada saludando y haciéndose fotos con sus amigos.
—¡Dakota! —la llama Rachel levantando una mano desde la barra.
La bajista parece ver la luz y se escabulle entre el grupo para seguir la orden de su jefa.
—Lo siento, enseguida te ayudo —dice tal y como entra en la barra, aturdida.
Rachel tarda unos segundos en reaccionar, y por poco le da un pasmo cuando comprende que Dakota piensa que no quiere que pare ni un minuto.
—No te he llamado para eso —dice cortándole el paso al ponerse frente a ella.
A Dakota el pulso se le dispara, porque al ir con la mirada baja, lo primero que ve de Rachel es el escote perfecto que dibuja su camiseta negra de tirantes.
Levanta la mirada muy despacio y, durante una fracción de segundo, se imagina cómo sería sentir el roce de esos labios entreabiertos de la dueña del The heaven. Dakota se tambalea.
—Sé que te agobia que invadan tu espacio —dice Rachel de repente, haciendo que levante la mirada mientras intenta respirar—.
Ashley me lo dijo —sigue la dueña del bar con tono dulce y calmado—.
Supongo que para ti no habrá sido agradable que os rodearan de ese modo cuando habéis bajado del escenario.
—No mucho —reconoce Dakota sin saber qué más decir.
—¿Por qué no te tomas unos minutos? Sal fuera para que te dé el aire y te despejes.
Hazlo por el almacén y sales al patio de atrás, así estarás sola.
Cuando entres, aprovecha y trae un par de bolsas de hielo, me da que habéis dejado a todos estos un poco sedientos —dice mirando de reojo hacia el otro lado de la barra, que se empieza a llenar.
La sonrisa de agradecimiento de Dakota es tan sincera que a Rachel el corazón le da un vuelco.
—Vuelvo enseguida —dice Dakota mirando hacia la gente.
—No te preocupes, he lidiado con cosas peores. Anda, ve.
Dakota atraviesa el almacén y llena los pulmones de aire fresco en cuanto sale al patio trasero.
Apoya la espalda en la pared y cierra los ojos un instante mientras el silencio le calma las pulsaciones, aunque lo que verdaderamente quiere es golpearse la cabeza contra la pared por estar enamorándose de Rachel Taylor.
Tan solo se toma dos minutos. Después entra, coge las dos bolsas de hielo que Rachel le ha pedido y vuelve a la barra.
Lo que se encuentra es algo parecido al caos.
Todas las personas que han permanecido tranquilas mientras las escuchaban actuar, parecen haberse puesto de acuerdo para pedir al mismo tiempo.
Ashley se ha quedado al otro lado de la barra sirviendo las mesas mientras que su madre no deja de llenar bandejas y tomar nota mental de todo lo que le van pidiendo.
—¿Estás mejor? —le pregunta a Dakota en medio del jaleo.
Ella asiente y le dedica una sonrisa que trastoca tanto a Rachel, que casi se tropieza con sus propios pies. Dakota empieza a ayudarla, aunque el bar esté tan lleno, detrás de la barra se siente a salvo y se mueve con tanta destreza como su jefa.
—Tres jarras más para la mesa seis —dice Ashley dejando la bandeja vacía sobre la barra—. Y otra ronda de chupitos para la dos.
Rachel se pone con lo primero y Dakota con lo segundo mientras Ashley vuelve para recoger vasos vacíos.
Con las prisas, Rachel se gira de golpe y le resulta imposible frenar a tiempo de no impactar contra Dakota, que pierde el equilibrio y solo logra mantenerse en pie porque la dueña del bar —sin dudarlo ni un segundo— la rodea por la cintura con firmeza y la pega a su cuerpo.
A pesar del ruido ensordecedor que hay dentro del bar, durante ese instante en el que sus miradas se quedan enganchadas, todo se desvanece.
A Rachel la recorre un calor abrasador cuando nota la suavidad de la piel de Dakota contra la suya.
Observa su mirada a través del cristal de sus gafas un instante sin ver miedo o rechazo por parte de la bajista.
Dakota no puede pensar, la mano de Rachel le quema la espalda y le tiemblan las rodillas.
Nunca ha estado tan cerca de ella y el cosquilleo se derrama por su cuerpo como si fuera chocolate fundido.
Le gusta cómo huele y le gusta cómo la mira, y también le gustaría que la besase en ese instante, pero Rachel se aparta cuando de repente es consciente de que ha invadido el espacio personal de Dakota.
—Perdona, ha sido culpa mía. No quería molestarte, pero ibas a caerte y yo… —Rachel deja de hablar, porque la mi rada oscurecida de Dakota y sus labios entreabiertos la trastornan.
—No pasa nada —logra contestar la bajista y le mantiene la mirada unos segundos hasta que parece reaccionar y sigue hacia delante.
Rachel la ve coger una botella de tequila y empezar a servir chupitos en los vasos. Ella se gira, consciente de que también estaba haciendo algo, pero incapaz de recordar lo que era porque ahora solo piensa en esa mirada de Dakota que parecía devorarla.
—Mamá, ¿y las jarras? —pregunta Ashley.
Rachel se gira y recuerda el pedido de repente.
—Ya voy —dice, pero todos sus movimientos a partir de ese momento, son tan torpes como los de una aprendiz, porque le resulta imposible concentrarse.