Capítulo 6
Las risas en la terraza del ático de Katherine Taylor se escuchan imparables mientras las cuatro mujeres ríen a carcajada limpia.
Katherine y Jodie han invitado a Caroline e Indira a cenar y, esta última, les acaba de contar el percance que ha tenido su asistenta Amelia con un cliente al que —por teléfono— ha confundido con alguien que intentaba venderle algo y le ha colgado.
—Me he tenido que disculpar personalmente y, aun así, le ha costado creerme —termina cuando están más calmadas.
Siguen la charla unos minutos más, hasta que Caroline mira la hora en su reloj y ve que se empieza a hacer tarde.
—Vamos a llamar a Rachel antes de que se acueste —le dice a Katherine.
Las dos hermanas se disculpan y entran dentro del ático para no molestar a sus parejas y poder charlar tranquilas con Rachel, que parece intuir que iban a hacerle una videollamada, porque responde de inmediato.
—¿Qué tal la vuelta de Ashley y su amiga? —pregunta Katherine tras los saludos iniciales.
—Muy bien —responde Rachel un poco escueta y la ven levantarse y caminar hacia el pasillo—, un momento.
Caroline y Katherine se miran entre ellas con gesto confundido, sin saber qué hace su hermana.
Escuchan sus pasos y ven cómo la imagen se mueve desenfocada de un lado para otro hasta que de nuevo aparece Rachel en pantalla, abrigada con una chaqueta y un gorro mientras la cara se le va poniendo roja por el frío.
—¿Estás en la calle? —pregunta Caroline cuando reconoce la puerta del bar a sus espaldas.
—Sí, así puedo hablar más tranquila —responde Rachel tratando de no temblar.
Sus dos hermanas menores intercambian una mirada rápida sin comprender nada. Ellas esperaban poder hablar también con su sobrina, pero al parecer su hermana tiene otros planes.
—¿Ha pasado algo? —pregunta Katherine.
—¿Algo? No, todo va bien, ¿por qué lo dices? —pregunta Rachel.
Katherine sonríe sin entender nada.
—Anda, cuéntanos cómo os va —pide Caroline.
Rachel se sienta en un pequeño banco de madera que hay a un lado de la puerta del bar y ni siquiera cuando nota que el frío le congela las nalgas se plantea volver al calor de su casa, porque necesita hablar con ellas, aunque no sabe exactamente de qué.
—Va muy bien, estoy encantada de que Ashley haya vuelto, y su amiga Dakota es muy maja, un poco complicada para mí, pero muy maja —dice y empieza a juguetear con el cierre de la cremallera.
Sus hermanas abren la boca para preguntarle a qué se refiere, pero Rachel no les da tiempo y sigue hablando como si fuera la protagonista de un monólogo y ellas hubieran pagado para escucharla.
—Es muy introvertida. Ashley me advirtió de que no le gusta que la toquen, de que es muy celosa de su espacio.
La verdad es que me la había imaginado de otra manera, ¿sabéis?
—Rachel no se da cuenta, pero habla con la mirada perdida en el camino engullido por la oscuridad de la noche que tiene frente al bar, como si estuviera sola—.
Tiene una melena castaña muy desordenada, siempre le caen mechones por la cara que le resbalan por delante de las gafas.
Es alta como Ashley y cuando está por casa va descalza.
Tiene unos pies muy bonitos. ¿No os parece raro que vaya descalza?
—pregunta de repente, como si hubiera vuelto a la realidad.
Katherine y Caroline la miran pasmadas desde el otro lado de la pantalla, hasta que la más mayor de las dos carraspea y contesta lo primero que se le ocurre.
—Quizá la relaje caminar descalza.
—Sí, a lo mejor, pero el suelo está muy frío, debería ponerse unas zapatillas o acabará cogiendo un catarro.
La mirada de Rachel se vuelve a perder por el camino y se instaura un silencio entre las hermanas que dura unos segundos. De nuevo lo rompe la mayor de las Taylor.
—Le he dejado la tablet que me regaló Camila hace un tiempo, porque trata de hacer gestiones con el móvil para buscar grupos que puedan tocar en el bar y noto que le cuesta mucho leer en esa pantalla tan pequeña, no sé qué graduación tendrá en la vista.
—Qué detalle —interviene Caroline, que se está poniendo nerviosa—. ¿Ashley se está adaptando bien a la vuelta? —decide cambiar de tema.
Rachel parece volver en sí y los ojos comienzan a brillarle con ese amor de madre que siempre le ilumina la cara.
—De maravilla. Me daba miedo que se hubiera acostumbrado demasiado a su independencia o a estar fuera de aquí, pero parece encantada. En cualquier caso, acaba de volver y habrá que ir viendo, pero estoy muy feliz de que esté conmigo.
—Y nosotras, esperamos ir pronto, Rachel, pero dile a mi sobrina que, si quiere venir antes a visitar a sus tías y a su abuelo, aquí tiene todas las habitaciones que quiera —dice Katherine.
Las tres hermanas se despiden y, en cuanto cortan la llamada, Katherine deja su teléfono sobre el sofá y mira a Caroline con gesto desconcertado.
—¿Qué acaba de pasar? —pregunta sin salir de su asombro.
Caroline se atusa su melena rubia mientras busca una respuesta en esa mente prodigiosa suya, pero colapsa y comienza a reírse.
—Joder, no lo sé.
Katherine se contagia, sabe que no es una situación de la que debería reírse, pero le parece tan surreal que no puede parar.
—¿Qué es tan divertido? —pregunta Jodie, que entra acompañada de Indira, que cierra la puerta de la terraza a sus espaldas.
Ambas se sientan en el sofá frente a las hermanas con gesto interrogante.
—Hemos tenido una conversación muy curiosa con Rachel —responde Caroline—. ¿Nos quedamos aquí? —pregunta señalando la terraza.
—Sí, he apagado la estufa de fuera, hace demasiado frío —comenta Indira—. ¿Qué pasa con Rachel?
Caroline mira a su hermana mayor esperando que sea ella la que conteste. Katherine coge aire y lo expulsa lentamente, turbada .
—Pues no sé si me equivoco, pero diría que le gusta la amiga de Ashley, y me preocupa.
—¿La amiga de Ashley? —pregunta Jodie sorprendida—. ¿Cuántos años tiene?
—No sé, creo que tres o cuatro más que Ashley.
—¿Eso es lo que te preocupa? ¿Su edad? Yo también le llevo bastantes a tu hermana y estamos de maravilla —dice Indira un poco incómoda.
—No es la diferencia en sí, es la diferencia a la baja.
Rachel siempre ha estado con personas más mayores que ella.
El padre de su hija, Camila. Aquí la diferencia es brutal, por no hablar de que esa tal Dakota al parecer es extremadamente introvertida, no sé cómo se va a manejar mi hermana con alguien así cuando ella es una persona tan abierta.
—Es cuestión de paciencia, Kate —dice Jodie, siempre positiva.
—Yo estoy con mi hermana —interviene Caroline—.
Si hubierais escuchado hablar a Rachel, lo entenderías, parecía ida.
Creo que ni siquiera ella misma es consciente del enganche que empieza a tener por esa chica y aquí todas estamos obviando que esa tal Dakota probablemente solo ve en Rachel a la madre de su amiga.
Se va a enamorar de una chica casi veinte años más joven que quizá no la corresponda.
—Y la tiene metida en su casa —completa Indira espantada.