15. Capítulo 15 #2
—Ayer vi un piso —dice Jamie, cambiando de tema—. De dos habitaciones. No es gran cosa, pero está cerca del campus y el casero no pide referencias de mi padre, lo cual es bueno porque estoy casi seguro de que estoy en la lista negra en todos los sitios donde las piden.
—¿Has encontrado un sitio? —De verdad lo está haciendo. De verdad se queda... ¿por qué me sorprende tanto?
—Sí. He tenido que dar seis meses de alquiler por adelantado, así que le he dado un buen mordisco a los ahorros que tengo, pero vale la pena, y estoy seguro de que podré conseguir un trabajo en ese tiempo.
Tengo una segunda entrevista en la librería del campus dentro de un par de días.
Un puesto de encargado. —Se rasca la mandíbula, un gesto nervioso que empiezo a reconocer—.
Por lo visto, mi «amplia experiencia en atención al cliente» les ha impresionado.
Levanto una ceja. —¿Amplia experiencia?
—Puede que haya exagerado el tiempo que pasé ayudando a clientes en el bufete de mi padre. —Su sonrisa es tímida—. Técnicamente, estaba allí. Eso cuenta.
—Eres terrible —me río, negando con la cabeza.
—Prefiero «creativamente cualificado». —Su sonrisa se desvanece un poco al volverse hacia la ventana—. Pero sí, si lo consigo, puedo empezar a construir algo real aquí. No es el trabajo que quiero para siempre, pero servirá por ahora.
Un vibrido de mi bolso rompe el momento y saco el móvil solo por tener algo que hacer que no sea mirar a Jamie.
Cuando veo el mensaje, frunzo el ceño.
Reese: ¡Hola! Zach me ha dicho que habías pensado en las clases de salsa del campus. También ha hecho un comentario sobre que necesito ayuda con el movimiento de cadera, así que... ¿quieres venir a demostrarle que se equivoca conmigo? 😉
¿Zach le ha mencionado las clases de salsa a Reese? Por supuesto que lo ha hecho. Solo quiere que salga más. Ojalá me lo hubiera preguntado antes de decírselo a Reese.
—Deberías ir —dice Jamie, haciéndome dar un salto.
—Eh... —Meto rápidamente el móvil en el bolso y lo cierro como si ese mensaje nunca hubiera existido—. ¿Qué?
—A las clases. —Jamie se encoge de hombros—. Con Reese.
Se me retira la sangre de la cara, para ser reemplazada por la mortificación de saber que ha leído eso.
—Mmm. —No sé qué decir. Me siento fatal porque no quiero que piense que he estado saliendo con Reese a sus espaldas.
—No pasa nada —dice él, echándome una mirada fugaz para luego volver a centrarse en Ella—. Como dijiste, no podemos estar juntos ahora mismo, pero te mereces una noche de diversión. Yo puedo cuidar de Ella si quieres.
—Espera. —Lo miro fijamente, segura de haber oído mal—. ¿Me estás diciendo que quieres que vaya a una cita con Reese?
—Quiero que hagas algo por ti misma. —Su voz es firme, pero sus manos se aprietan un poco en su regazo—. Algo que no sea estudiar, ni cuidar de Ella, ni lidiar con las mierdas legales de mi familia. Te lo mereces, Tiff. Aunque no sea conmigo.
No... eso es lo primero que me viene a la mente. No. No puedo hacer esto. —Jamie...
—Lo digo en serio. —Vuelve a mirar a través de la ventana a Ella—. Yo me quedo con ella. Podemos hacer la rutina de antes de dormir, ver Iced Out por centésima vez. Estará a salvo conmigo. Ya lo sabes.
No sé qué decir, pero me encuentro observándolo, captando cada expresión de su rostro en lugar de mirar a mi hija.
No es culpa suya que esté diciendo esto. Yo lo empujé a esto. Le dije que no estaba lista para nada y que él debía estar aquí por Ella. En lugar de intentar hacerme cambiar de opinión, me está dando permiso para seguir adelante sin él, y no estoy segura de que eso sea lo que quiero.
—No lo sé —digo despacio—. Reese es majo, pero...
—Pero no te interesa. —No es una pregunta. Jamie esboza una sonrisa al volverse hacia mí con un ligerísimo rubor en las mejillas—. O sí te interesa, y yo estoy haciendo que esto sea raro.
—Estás haciendo que sea raro —confirmo, aunque mi voz carece de convicción.
Su boca se tuerce ligeramente. —Lo siento. Intento ser comprensivo y maduro, pero se ve que se me dan fatal las dos cosas.
A pesar de todo, me río. —Se te dan fatal, sí.
—Lo peor. —Sonríe y, por un momento, vuelve a parecer el chico de la biblioteca. El que me hacía olvidarlo todo excepto lo que se sentía al ser vista—. Pero en serio, si quieres ir, yo me quedo con Ella. Sin condiciones, sin segundas intenciones. Solo... yo cumpliendo mi promesa de estar aquí.
Esto es lo que quería, ¿no? Espacio para aclarar las cosas.
Sin duda es lo que Zach y Madison creen que necesito.
La oportunidad de descubrir quién soy sin todas las complicaciones de los últimos años.
Reese es seguro y no es complicado. No carga con ningún pasado ni me hace sentir que mi mundo entero se desmorona con solo una mirada.
Él no sería capaz de destrozarme.
Entonces, ¿por qué decirle que sí a Reese me hace sentir que le digo que no a algo infinitamente más importante?
Jamie me observa con paciencia ahora. Me está dejando decidir y me ofrece la oportunidad de marcharme si eso es lo que quiero.
—Deberías ir —dice más suave esta vez—. Diviértete un poco.
¿Diversión?
La última vez que salí y me divertí , me quedé embarazada de Ella.
Miro al suelo y me froto la zapatilla para no tener que ver la cara de Jamie.
Si lo hago, diré que no. Ya lo sé. Pero ¿qué estoy esperando?
Jamie y yo no podemos estar juntos. Al menos no ahora.
Si lo estuviéramos, imagina lo que pasaría si rompiéramos.
¿Seguiría queriendo ver a Ella? No puedo meterlo en su vida y luego ser yo el motivo de que se marche.
Del mismo modo, no puedo quedarme aquí suspendida para siempre en esta relación a medias con Jamie.
Tengo que avanzar, y tal vez Reese sea la forma de hacerlo. Es fácil. Ya sabe lo de Ella y la acepta, y no me mira como si pudiera romperlo con una sola palabra.
Trago saliva, con los dedos entrelazados en el regazo. Esto es ridículo. Es una noche. Una clase de baile, por el amor de Dios. En todo caso, no son más que dos amigos saliendo a divertirse .
No debería reaccionar así.
Jamie se remueve a mi lado, mirando a Ella y dándome espacio para decidir.
Si no voy, nada cambia, y seguiremos dando vueltas el uno alrededor del otro hasta que a alguien se le rompa el corazón, y no puedo permitir que sea el de Ella.
Levanto la cabeza.
—V—vale —digo antes de poder echarme atrás.
—¿Vale? —Sigue con la vista fija en Ella, pero noto que su mandíbula se tensa mínimamente.
—Me lo pensaré —repito, ahora con más firmeza.
Jamie asiente, con una sonrisa que no llega a sus ojos. —Bien. Eso... eso está bien. Deberías ir y divertirte.
Asiento, incapaz de decir nada más. Mis manos juguetean mientras ambos volvemos a mirar a Ella, que ahora está bailando en fila. El silencio entre nosotros se siente diferente ahora. Es incómodo, y no estoy segura de lo que voy a hacer, pero al menos sé que decida lo que decida, él me apoya.
Cuando termina la clase de Ella, sale disparada del estudio, sudorosa y radiante.
—¿Me has visto, mami? ¿Has visto mis saltos?
—Lo he visto todo, cariño. Has estado increíble. —La abrazo, aspirando su olor familiar.
—Jamie, ¿lo has visto? —Se vuelve hacia él con los ojos muy abiertos y esperanzados, y en ese momento sé que he tomado la decisión correcta. No puedo romperle el corazón.
—Lo he visto. —Él se agacha a su altura, y la ternura de su expresión hace que me cueste respirar—. Parecías una bailarina de verdad ahí arriba.
—¡Voy a salir en la función! —anuncia con orgullo—. Mami, ¿puede venir Jamie a la función?
Le echo un vistazo y me lo encuentro ya mirándome.
—Claro que puede venir —digo en voz baja—. Si él quiere.
—Quiero —dice él de inmediato, todavía centrado en Ella—. No me lo perdería por nada.
Ella chilla y se lanza hacia él, y Jamie la coge con facilidad, apretándola fuerte y con aspecto de no querer soltarla nunca.
—¿Puede venir también a cenar a casa, mami?
—Por supuesto —digo—. ¿Si puede?
—Oh, sí que puedo. —La sonrisa de Jamie se ensancha mientras Ella vitorea y le rodea el cuello con los brazos. Jamie se ríe mientras la sostiene cerca.
Verlos juntos así hace que sienta el corazón rebosante.
Ese beso entre Jamie y yo tenía que ocurrir para que pudiéramos llegar hasta aquí. Si queremos que esto funcione, necesitamos ser una familia fuerte y estable por ella.
No importa que sintiera un hormigueo hasta en las puntas de los pies. Lo que importa es que él está aquí y me niego a hacer nada que pueda afectar a eso.