8. Capítulo 8 #3
Siento que te dejaran sola para lidiar con todo esto.
Siento que mi padre haya estado intentando manipularte desde que se enteró de lo de nuestra hija.
Siento no haber conseguido tu número antes de que te fueras aquella noche.
Siento no haber podido estar ahí para ti cuando más necesitabas a alguien.
Sinceramente, ha sido porque no sabía que estabas embarazada. No sabía que tenías un hijo. No pensaba que te hubieras acordado de mí después de aquella noche.
Yo sí pensé en ti, sin embargo… mucho. Más de lo que me gustaría admitir.
Fuiste, y sigues siendo, la única cosa buena que me ha pasado.
Sé que no tienes motivos para creerme después de todos estos años de silencio y de la demanda de mi padre, pero es la verdad.
Me enteré de lo tuyo hace seis meses mientras husmeaba en el despacho de mi padre buscando otros archivos. Había uno con tu nombre y se cayó una foto. Cuando la recogí, me di cuenta de que era de ti, de Zach y de la niña más bonita que había visto en mi vida.
Por un segundo, pensé que mi padre estaba chantajeando a Zach, así que revisé los archivos. Había cientos de documentos legales; todos falsificados con mi firma y una prueba de ADN a la que yo nunca había dado mi consentimiento.
Todo me llevó a la misma conclusión.
Tengo una hija a la que no conocía y, cuando volví a mirar su foto, no pude soportarlo.
Era mía, y mi padre estaba intentando ocultarlo.
Cuando me enfrenté a él por el asunto, ni siquiera intentó negarlo. Se limitó a exponérmelo como si fuera un informe legal.
Habías tenido a mi hija. Él había intentado comprar tu silencio. Te negaste, así que pasaste a ser un estorbo.
Estaba furioso. Ni siquiera pronunció su nombre. Ni una sola vez. Se limitó a llamarla «esa niña», como si no fuera más que una complicación legal.
La rabia se volvió contra mí rápidamente y me culpo de todo esto. Después de aquella noche, debería haber ido a buscarte. No debería haberte dado un nombre falso, porque ¿cómo ibas a encontrarme?
Por una vez en mi vida, debería haber luchado por lo que quería en lugar de plegarme ante mi padre como siempre.
La noche que te conocí, mi intención era mandarlo todo a la mierda. Ya no me quedaba nada, porque acababa de descubrir que las personas a las que me había pasado la vida intentando complacer no eran realmente mi familia y que no tenían intención de decirme nunca la verdad.
Sé que no me merezco esta oportunidad. Sé que me he perdido toda su vida y ese solo hecho me mata. Nunca sabré lo que se siente al acunarla en mis brazos recién nacida. Nunca sabré el sonido de sus primeras palabras. Nunca sabré lo que es sentirla trepando por mi pierna pidiéndome un abrazo.
Me he perdido mucho, pero ya estoy aquí y quiero intentarlo. Quiero aprender quién es ella. Quiero ser el tipo de padre en el que pueda confiar. El que aparece. El que escucha. El que se queda.
Lo he dejado todo para estar aquí. A mi familia. Su dinero. La vida que construyeron para mí porque ya no me importa nada de eso. Nada es comparable a la oportunidad de conocer a mi hija, si me dejas.
Por favor, reúnete conmigo. Solo una vez. Déjame que te lo explique cara a cara. Déjame intentar ser el hombre que ella se merece y quizá, si tengo suerte, alguien a quien puedas soportar mirar de nuevo.
No pido perdón. Solo quiero una oportunidad. Eso es todo.
—Jamie
P. D. Siento haberme presentado en tu puerta. Si estás leyendo esto, es que no ha salido como esperaba. Ha sido un gesto estúpido y me he dejado llevar por el pánico. Siempre has tenido ese efecto en mí, incluso cuando no entendía del todo por qué.
Leo la carta dos veces. Luego una tercera. Despacio. Metódicamente. Como si, tal vez, si la analizo lo suficiente, encontrara la parte en la que mete la pata. Donde pueda ver la mentira y creer que realmente está haciendo esto por su padre.
No hay manipulación ni giros calculados.
Solo hay una honestidad cruda… y dolor. El dolor de estar con una familia que no te acepta cuando se supone que deben amarte incondicionalmente.
Me duele el corazón y se me llena el estómago de pavor, porque conozco ese sentimiento.
Lo sentí cuando miré a mis padres a los ojos después de que encontraran la prueba de embarazo.
Y de repente, ya no tengo claro dónde están los límites. Entre villano y víctima. Entre lo que él sabía y lo que también le fue arrebatado.
¿Podría ser verdad realmente? ¿Podría Jamie haber estado tan perdido en todo esto como yo?
Su número me devuelve la mirada desde el final de la carta, esperándome, y sin pensarlo sé lo que tengo que hacer.
Tengo que hablar con él.
Por Ella… y para cerrar este capítulo.
Cojo el móvil y dudo antes de escribir por fin:
Tiff: He leído tu carta. Tenemos que hablar. Estaré en el campus de St. Michael junto al edificio Summers mañana a las 12. Espero verte allí. Tiff.
Le doy a enviar antes de poder arrepentirme.
Luego doblo la carta por la mitad y cierro la mano alrededor de ella, dejando que el tacto del papel sobre mi piel me mantenga en la realidad.
Me quedo ahí tumbada en el silencio, mirando fijamente al techo mientras me atormento por la decisión que acabo de tomar.
¿Le he abierto la puerta a su familia? ¿O va a ser él lo bastante digno de formar parte de la mía?
Supongo que lo descubriré mañana.