Capítulo 24 #2
—¿Crees que debería invitarlo a la boda?
—Creo que deberías invitarlo si quieres que esté ahí contigo. Es tu decisión, pero por lo que he visto, parece un buen chico, y a este instituto entero le encanta ver crecer las buenas historias de amor entre su propio personal.
Isolde se rio, con una calidez genuina que Briar reconoció como la misma emoción esperanzada que ella misma había sentido, en su momento, respecto a Ambrose, y decidió, esa misma tarde, extender la invitación a Dashiell,
que aceptó con un entusiasmo que hizo sonreír a todo el equipo cuando la noticia se extendió, inevitablemente, por todo el instituto en cuestión de horas.
La mañana de la boda amaneció despejada, con la luz dorada característica de septiembre bañando el valle entero de un resplandor cálido que parecía diseñado específicamente para la ocasión.
Briar se despertó temprano, con una mezcla de nervios y emoción que le costó procesar del todo durante los primeros minutos, hasta que Rosalind entró en la habitación con una bandeja de desayuno ligero y una expresión que combinaba orgullo maternal y emoción contenida.
—¿Cómo te sientes, cariño? —preguntó, sentándose en el borde de la cama.
—Nerviosa. Emocionada. Como si mi corazón fuera a salírseme del pecho de pura anticipación.
—Es exactamente como debe sentirse, entonces. Yo me sentí igual la mañana de mi propia boda, hace treinta y dos años, y todavía recuerdo esa sensación con una claridad sorprendente.
Se prepararon juntas durante las siguientes horas, con la tía Colette, Farrah, Isolde y Junie uniéndose poco a poco al proceso, cada una ayudando con algún detalle distinto: el peinado, el maquillaje sutil que Briar había pedido expresamente que fuera natural,
los últimos ajustes al vestido que ya colgaba, perfecto, esperando el momento de ser usado.
—Estás preciosa —dijo Farrah, cuando finalmente Briar terminó de vestirse, mirándola con los ojos ya brillantes de lágrimas contenidas—. Absolutamente preciosa.
—Gracias por todo, Farrah. Por acompañarme desde el primer día en este instituto, por creer en esto incluso cuando yo dudaba.
—Ha sido un honor verte construir esta vida, Briar. Y ahora, vamos, que tienes un hombre esperándote bajo un arco que sus propios padres construyeron para ti.
Briar sintió que el corazón se le llenaba de una emoción tan completa que apenas podía contenerla, y mientras se dirigía, finalmente, hacia el promontorio donde la esperaba Ambrose, rodeado de todas las personas que habían formado parte de aquel viaje extraordinario de dos años,
pensó que ningún momento de su vida anterior la había preparado del todo para la plenitud absoluta que sentía en aquel instante concreto, caminando hacia el hombre que se había convertido, contra todo pronóstico inicial, en el amor de su vida.
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La semana antes de la boda trajo consigo también un momento inesperadamente conmovedor cuando Ottoline convocó a Briar y Ambrose a una reunión breve en su despacho, con una expresión que combinaba orgullo profesional y algo más personal que Briar no supo interpretar del todo al principio.
—Quiero daros algo, antes de que todo el caos de la boda os consuma por completo —dijo Ottoline, sacando de un cajón de su escritorio una carpeta que deslizó hacia ellos con cierta ceremonia—.
La junta directiva del instituto ha aprobado, por unanimidad, nombrar el Corredor Sur oficialmente como "Corredor Callendish-Kilbride", en reconocimiento a vuestro trabajo fundamental en su creación.
Briar sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, una reacción que parecía haberse vuelto considerablemente más frecuente durante aquellas últimas semanas cargadas de emoción. —Ottoline, no sabemos qué decir. Es un honor enorme.
—Es exactamente lo que os merecéis. Este programa, ambos corredores, no existirían sin la visión y el trabajo incansable que habéis aportado desde el primer día, incluso cuando ese primer día empezó con una discusión bastante memorable sobre drones y osos pardos.
—Todavía sacas eso a relucir cada oportunidad que tienes —dijo Ambrose, con una sonrisa que no conseguía disimular la emoción genuina detrás de la broma.
—Va a ser mi anécdota favorita para contar durante años, así que acostumbraos.
La noticia del nombramiento se extendió rápidamente por el instituto, generando una nueva ronda de felicitaciones y celebraciones improvisadas que se mezclaron, en aquellos últimos días antes de la boda, con la anticipación general que ya llenaba cada rincón del lugar.
Corwin Blackmoor, al enterarse, insistió en escribir un artículo especial para el boletín local, documentando la historia completa del corredor desde sus inicios hasta aquel reconocimiento oficial, un artículo que Briar y Ambrose accedieron a revisar juntos, sentados en su despacho compartido,
reconociendo en cada párrafo el reflejo fiel de todo el camino recorrido juntos.
—Es curioso pensar que este despacho pequeño, con su mesa reparada y sus mapas clavados en la pared, ha sido testigo de prácticamente toda nuestra historia —dijo Briar, mirando alrededor de la habitación que se había convertido, con el tiempo,
en un espacio tan familiar como cualquier otro rincón de su propia casa.
—Y va a seguir siendo testigo de mucho más, espero. Este es solo el principio de todo lo que queda por construir juntos, tanto profesional como personalmente.
Briar sonrió, sintiendo la verdad completa de aquellas palabras asentarse en su pecho con una certeza tranquila, y mientras los últimos días antes de la boda transcurrían entre preparativos finales y momentos de gratitud compartida como aquel, sintió que cada pieza de su vida,
cuidadosamente construida durante los últimos dos años, encajaba finalmente en el lugar exacto donde siempre había estado destinada a estar.
• • •
Aquella misma tarde, después de la emotiva noticia del nombramiento del corredor, Ambrose se quedó un momento a solas con Ottoline mientras Briar se dirigía a coordinar los últimos detalles con Rosalind por teléfono, aprovechando la oportunidad para preguntarle algo que llevaba días considerando.
—¿Has pensado en qué va a pasar con la estructura de dirección del instituto, a largo plazo? —preguntó Ambrose—. No para ahora, obviamente, pero en algún momento vas a querer reducir tu carga de trabajo, y quiero entender cómo encajamos Briar y yo en esos planes futuros.
Ottoline sonrió, con la expresión de alguien que llevaba tiempo esperando aquella pregunta.
—Honestamente, llevo meses pensando exactamente en eso.
Cuando finalmente decida jubilarme, dentro de unos años todavía, espero, me encantaría que consideraras junto con Briar la posibilidad de asumir la dirección conjunta de todo el instituto, no solo del programa de lobos.
—Eso es mucha responsabilidad.
—Lo es. Pero también sois exactamente el tipo de líderes que este lugar necesita para las próximas décadas: comprometidos, capaces, y con una visión compartida de cómo debe funcionar la conservación moderna, combinando ciencia rigurosa con relaciones comunitarias genuinas.
Ambrose consideró aquello con la seriedad que merecía, sintiendo el peso de la confianza que Ottoline depositaba en ellos con aquella propuesta a largo plazo. —Voy a hablarlo con Briar, aunque no hace falta decidir nada ahora, obviamente, con la boda tan cerca.
—Por supuesto que no. Solo quería plantar la semilla de la idea, para que fuera creciendo con tiempo, sin ninguna prisa artificial.
Cuando Ambrose le contó aquella conversación a Briar esa noche, ella se quedó pensativa un momento, sopesando las implicaciones de un futuro que, apenas dos años atrás, jamás hubiera podido imaginar para sí misma.
—Es un honor enorme que Ottoline confíe tanto en nosotros —dijo, finalmente—. Aunque suena a una responsabilidad considerable para el futuro.
—Tenemos años para prepararnos para eso, si decidimos que es el camino correcto. Por ahora, tenemos una boda de la que ocuparnos, y toda una vida por delante para decidir el resto, paso a paso, como hemos hecho con cada decisión importante hasta ahora.
—Me gusta ese enfoque. Paso a paso, juntos.
—Exactamente como debe ser.