Capítulo 18 #3
—Hace un año, si me hubieras dicho que iba a estar aquí, viendo esto con lágrimas casi en los ojos, te hubiera dicho que estabas completamente equivocada sobre mí.
—Hace un año, yo tampoco lo hubiera creído posible.
—El cambio llega despacio, y después llega todo de golpe, ¿no? Así es como ha sido este año entero, ahora que lo pienso con perspectiva.
Cuando finalmente el grupo empezó a dispersarse, cada uno de vuelta hacia sus tareas habituales, Briar se quedó un momento más junto al claro vacío, con Ambrose a su lado, ambos contemplando en silencio el lugar por donde Loba 14 había desaparecido hacia el bosque,
de vuelta hacia la manada que la esperaba, de vuelta hacia el territorio que, gracias al trabajo incansable de todo un equipo durante un año extraordinario, había vuelto a ser, con seguridad renovada, verdaderamente suyo.
—Deberíamos celebrar esto esta noche —dijo Ambrose, tomándole la mano mientras caminaban de vuelta hacia la camioneta—. No solo la liberación de Loba 14, sino todo lo que hemos superado juntos este último mes.
—Me encanta esa idea. ¿Algo en mente?
—Puede que tenga algo en mente, sí.
Briar sonrió, reconociendo el mismo tono travieso que Ambrose había mostrado antes de la sorpresa de San Valentín, y mientras conducían de vuelta hacia el instituto bajo un cielo de primavera que empezaba, por fin, a mostrar los primeros indicios cálidos de la temporada que se avecinaba,
sintió que aquel año extraordinario, con todas sus pruebas superadas y todos sus triunfos compartidos, seguía regalándole, capítulo tras capítulo, exactamente la vida que había llegado a Jackson Hole sin saber que estaba buscando.
• • •
Esa noche, la "celebración" que Ambrose tenía en mente resultó ser considerablemente más sencilla que la elaborada sorpresa de San Valentín, pero no por ello menos significativa: una cena tranquila en casa de Briar, preparada por ambos juntos en la cocina pequeña,
con música baja de fondo y una botella de vino que habían estado guardando desde la visita a Montana, regalo de despedida de Rosalind para "una ocasión que mereciera la pena".
—Creo que la liberación de Loba 14 cuenta perfectamente como esa ocasión —dijo Ambrose, descorchando la botella mientras Briar terminaba de preparar una ensalada sencilla para acompañar el guiso que llevaba toda la tarde a fuego lento.
—Estoy completamente de acuerdo.
Cenaron despacio, la conversación fluyendo entre los detalles satisfactorios del día —la expresión de pura alegría en la cara de Isolde al ver a la loba desaparecer entre los árboles,
el comentario reflexivo de Sorrow sobre cuánto había cambiado en un año— y planes más ligeros para las próximas semanas, con la primavera trayendo consigo la temporada de cría que ambos esperaban con una mezcla de anticipación profesional y curiosidad genuina sobre cómo se desarrollaría en ambos
corredores.
—¿Crees que tendremos camadas nuevas en el Corredor Sur este año? —preguntó Briar, sirviendo una segunda copa de vino para cada uno.
—Es posible, aunque probablemente sea pronto todavía para la manada que trasladamos allí. El próximo año es más probable que veamos actividad reproductiva significativa, una vez que se hayan establecido completamente en el nuevo territorio.
—Vamos a tener que documentar cada detalle, entonces, para el año que viene.
—Como siempre hacemos.
Después de la cena, se sentaron juntos en el porche pequeño de la casa, envueltos en mantas contra el frío todavía persistente de las noches de abril en Wyoming, observando cómo las estrellas empezaban a aparecer una a una sobre el valle silencioso, y Briar sintió,
en aquel momento sencillo y sin pretensiones, una plenitud que superaba con creces cualquier celebración elaborada que hubieran organizado antes.
—¿Sabes qué he estado pensando? —dijo Ambrose, después de un rato de silencio cómodo, con la copa de vino ya vacía apoyada en el suelo del porche junto a él.
—¿Qué?
—Que este año, con todos sus altibajos, todas sus crisis y todos sus triunfos, ha sido exactamente el año que necesitaba vivir, aunque nunca hubiera podido predecir ni una sola parte de él cuando llegué aquí, hace más de un año, todavía procesando la avalancha,
todavía decidiendo si esta nueva carrera en tecnología de conservación era realmente lo correcto para mí.
—¿Y ahora?
—Ahora no tengo ninguna duda. Sobre el trabajo, sobre este valle, sobre ti. Ninguna duda en absoluto.
Briar apoyó la cabeza contra su hombro, sintiendo la certeza tranquila de aquellas palabras asentarse en su propio pecho con la misma solidez, y mientras las estrellas seguían apareciendo sobre el valle silencioso y el vino de Rosalind calentaba suavemente ambos cuerpos contra el frío de la noche,
pensó que aquel momento sencillo, sin ninguna sorpresa elaborada ni ningún anuncio dramático, representaba exactamente el tipo de felicidad cotidiana que había llegado a valorar más que cualquier otra cosa en su vida: la certeza simple y profunda de compartir cada noche, ordinaria o extraordinaria,
con la persona correcta a su lado.