Capítulo 18 #2
Si esto hubiera pasado en nuestro primer mes aquí, antes de que hubiéramos construido ninguna relación real con la comunidad, probablemente hubiera sido mucho más difícil de gestionar.
—Exactamente por eso la paciencia y la comunicación constante importan tanto en este trabajo —dijo Briar—.
No se trata solo de la ciencia, aunque la ciencia sea fundamental.
Se trata de construir confianza, paso a paso, de manera que cuando lleguen los momentos difíciles inevitables, ya exista una base sólida sobre la cual reconstruir.
Reeve, que se había convertido en un habitual permanente de aquellas cenas compartidas, levantó su taza de té en un gesto de reconocimiento silencioso.
—Habéis construido algo especial aquí, los dos.
No solo el programa en sí, sino toda esta red de confianza que lo rodea.
Eso no es fácil de conseguir en ningún contexto, y mucho menos en una comunidad tan dividida históricamente sobre este tipo de temas.
Briar sintió que las palabras de Reeve se le asentaban en el pecho con una calidez profunda, mirando alrededor de la mesa llena de personas que, un año atrás, habían sido completamente desconocidas para ella, y que ahora formaban parte esencial de la vida que había construido en Jackson Hole:
Farrah con su perspicacia constante, Junie con sus bebidas calientes para cada ocasión, Isolde con su entusiasmo creciente, Ottoline con su liderazgo sabio, y Ambrose, sentado junto a ella con la mano apoyada suavemente sobre su rodilla,
representando el centro absoluto de todo lo que había llegado a significar hogar para ella.
—Por la comunidad que hemos construido, dentro y fuera del instituto —dijo Briar, levantando su propia taza en un brindis final—. Por superar lo difícil juntos, y por seguir construyendo algo que merece la pena proteger.
—Por eso —repitió el equipo entero al unísono, y mientras las tazas chocaban suavemente alrededor de la mesa, Briar sintió que aquel año extraordinario, con todas sus pruebas y triunfos entrelazados, seguía regalándole, una y otra vez, exactamente la certeza que necesitaba:
que el hogar que había construido en aquel valle no era frágil ni temporal, sino sólido, resistente, capaz de soportar cualquier prueba que el futuro decidiera ponerle por delante.
• • •
A finales de abril, con el caso de Ostrander avanzando hacia una vista formal ante el tribunal federal y la tensión inicial de las semanas anteriores ya considerablemente disipada, llegó una noticia que todo el equipo del instituto había estado esperando con una anticipación particular: Loba 14,
completamente recuperada de la cirugía tras la trampa de acero, estaba lista para regresar al corredor de Gros Ventre.
—Es un buen momento para esto —dijo Briar, revisando los últimos informes veterinarios con una satisfacción que llevaba semanas sin sentir con tanta claridad—. Después de todo lo que ha pasado con el Corredor Sur, necesitábamos una buena noticia de este calibre.
—Coincido completamente —dijo Ambrose, ya preparando el equipo necesario para la liberación—. Además, con la primavera avanzando, es el momento ideal para que vuelva a integrarse con la manada antes de la temporada de cría.
El día de la liberación, todo el equipo del instituto se reunió en el punto designado del corredor, junto con Sorrow e Isolde, que habían pedido expresamente estar presentes para el evento,
y con un pequeño grupo de estudiantes de la universidad estatal que Ottoline había invitado como parte de un esfuerzo continuado de divulgación educativa sobre el programa.
—¿Nerviosa? —preguntó Ambrose, mientras preparaban la jaula de transporte junto al punto de liberación elegido, un claro amplio rodeado de pinos donde los últimos datos de la manada sugerían actividad reciente.
—Un poco. Siempre lo estoy en estos momentos, aunque haya hecho esto docenas de veces. Hay algo en devolver un animal a su territorio natural que nunca deja de sentirse como un acto de fe genuina.
—Es exactamente ese tipo de fe la que hace que este trabajo merezca la pena.
Cuando finalmente abrieron la jaula, Loba 14 salió con una cautela inicial que dio paso, en cuestión de segundos, a un trote seguro hacia la línea de árboles, su pata ligeramente rígida por la cicatriz de la cirugía pero funcional,
moviéndose con la misma determinación instintiva que Briar recordaba de su primer encuentro con ella, meses atrás, herida y vulnerable en aquel claro pequeño bajo el pino retorcido.
—Ahí va —dijo Isolde, con la voz cargada de emoción genuina, observando cómo la loba desaparecía entre los árboles—. Después de todo lo que hemos pasado juntos este año, verla volver a casa se siente... no sé, más significativo de lo que esperaba.
—Se siente exactamente así —confirmó Briar, sintiendo sus propios ojos humedecerse ligeramente ante la vista de la loba reintegrándose, con éxito, al territorio del que había sido separada por una trampa olvidada durante décadas—.
Este es exactamente el momento por el que hacemos todo lo demás: el papeleo, las reuniones difíciles, las crisis gestionadas.
Todo se reduce a este instante concreto, viendo a un animal volver a su hogar natural, más fuerte de lo que estaba antes.
Sorrow, de pie junto a Briar con una expresión pensativa que ella había aprendido a reconocer como genuina reflexión, asintió lentamente.