Territorio compartido (Serie Ciencia Salvaje 2) Capítulo 18
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Capítulo 18

Emmett Sorrow llegó al instituto a la mañana siguiente, antes incluso de que Briar hubiera terminado su primera taza de té, con una expresión sombría que sugería que las noticias del incidente ya habían llegado, como casi todo en aquella comunidad pequeña,

mucho antes de que ella tuviera oportunidad de llamarlo formalmente.

—Isolde me contó lo que pasó anoche —dijo Sorrow, sentándose frente a Briar y Ambrose en el despacho compartido, con las manos entrelazadas sobre la mesa en un gesto que revelaba una tensión poco habitual en él—. Garrick Ostrander. No me sorprende, la verdad, aunque desearía que sí me sorprendiera.

—¿Lo conoces bien? —preguntó Briar.

—Lo suficiente. Lleva años con una actitud hostil hacia cualquier forma de regulación federal, no solo respecto a fauna salvaje.

Discutimos varias veces en reuniones de la asociación de ganaderos, hace tiempo, cuando intentaba convencer a otros miembros de tomar acciones mucho más agresivas contra cualquier depredador que se acercara a sus tierras, sin importar la legalidad de esas acciones.

—¿Crees que actuó solo, o que podría haber otros miembros de la comunidad dispuestos a hacer algo similar? —preguntó Ambrose, con la preocupación evidente en la voz.

—Creo que actuó solo, en el sentido de que dudo que alguien más supiera de sus planes específicos con antelación. Pero no puedo garantizarte que no haya otros que simpaticen con lo que hizo, aunque no se atrevan a actuar de la misma manera directa.

Sorrow se quedó callado un momento, evidentemente sopesando algo que le costaba articular, y cuando finalmente habló de nuevo, su voz tenía una determinación que Briar no le había escuchado antes, ni siquiera durante los momentos más tensos de su relación inicial, un año atrás.

—Quiero ayudar a contrarrestar esto públicamente —dijo—.

Como presidente de la asociación de ganaderos, quiero emitir una declaración condenando lo que hizo Ostrander, dejando claro que no representa la postura de la mayoría de nosotros.

Y quiero hacerlo pronto, antes de que alguien intente usar este incidente para generalizar contra todo el programa, o peor, contra toda la comunidad ganadera del valle.

—Eso significaría mucho, Emmett —dijo Briar, sintiendo un alivio genuino ante la disposición inmediata de Sorrow a defender públicamente el programa—. Aunque entiendo si prefieres pensarlo más, dado que podría generarte tensión con otros miembros de la asociación.

—Ya lo he pensado. Llevo despierto desde las cuatro de la madrugada pensándolo, para ser exacto.

Y he llegado a la conclusión de que si no defiendo esto públicamente, ahora, después de todo lo que hemos construido juntos este año, entonces todo lo que dije en aquella entrevista con Corwin hace meses no significó nada de verdad.

La declaración de Sorrow, publicada esa misma tarde en el boletín local con una franqueza que sorprendió incluso a Briar, tuvo un efecto inmediato en el tono de la conversación pública que empezaba a formarse alrededor del incidente:

en vez de convertirse en munición para argumentar contra todo el programa de reintroducción, la caza furtiva de Lobo 3 se enmarcó, gracias en gran parte a la voz de Sorrow, como el acto criminal aislado de un individuo que rechazaba la ley,

no como un reflejo de la opinión mayoritaria de la comunidad ganadera.

La investigación federal avanzó con una rapidez considerable durante las siguientes dos semanas: el agente de campo del Servicio de Pesca y Vida Silvestre,

con la ayuda de las pruebas balísticas y un testimonio inesperado de un vecino de Ostrander que había presenciado parte del incidente sin saber exactamente qué estaba viendo en el momento, consiguió reunir evidencia suficiente para presentar cargos formales.

—Ha confesado, finalmente, cuando le presentaron toda la evidencia acumulada —informó el agente, un hombre metódico llamado Cassian Voorhees que había liderado la investigación con una profesionalidad que Briar agradeció profundamente durante todo el proceso—.

Se enfrenta a multas considerables y, potencialmente, tiempo en prisión federal, dependiendo de cómo proceda el caso.

—¿Y el resto de la manada del Corredor Sur? —preguntó Ambrose, con la preocupación técnica que siempre acompañaba cualquier discusión sobre el bienestar continuado de los animales bajo su cuidado—. ¿Hay riesgo de que esto se repita?

—Vamos a aumentar la presencia de agentes de campo en la zona durante los próximos meses, como medida preventiva.

Y la publicidad del caso, aunque incómoda a corto plazo, probablemente sirva como elemento disuasorio considerable para cualquier otra persona que pudiera estar considerando algo similar.

Cuando finalmente el caso avanzó lo suficiente como para que Briar y Ambrose pudieran, con cierta tranquilidad relativa, dedicar tiempo a algo que no fuera gestión de crisis, organizaron una pequeña reunión con todo el equipo para procesar juntos las semanas intensas que acababan de atravesar,

con Junie preparando, como siempre, algo caliente para acompañar la conversación: esta vez, un chocolate con especias que insistió era "medicinal, para las semanas difíciles concretamente".

—¿Cómo te sientes con todo esto? —preguntó Briar a Isolde, durante la reunión, consciente de que la joven bióloga, todavía relativamente nueva en el programa, había vivido su primera crisis seria de este tipo durante aquellas semanas.

—Asustada, al principio —admitió Isolde, con una honestidad que Briar apreció genuinamente—.

Pero también, de algún modo extraño, más comprometida con el trabajo que antes.

Ver cómo mi tío se puso de nuestro lado tan públicamente, ver cómo la comunidad en general reaccionó con más apoyo del que esperaba...

me hizo entender mejor por qué este trabajo importa tanto, incluso cuando se pone difícil.

—Esa es exactamente la actitud correcta —dijo Ambrose—. Este trabajo nunca va a estar completamente libre de dificultades. Lo que importa es cómo respondemos juntos cuando llegan.

Farrah levantó su taza de chocolate especiado en un brindis improvisado. —Por haber convertido, una vez más, una crisis potencialmente devastadora en una oportunidad de fortalecer nuestros vínculos con la comunidad, en vez de debilitarlos.

—Por Sorrow, que se arriesgó públicamente por nosotros cuando más lo necesitábamos —añadió Briar.

—Por todo el equipo, que ha demostrado, una vez más, exactamente de qué está hecho —dijo Ottoline, uniéndose a la reunión con su propia taza de chocolate, la satisfacción silenciosa habitual instalada en su expresión a pesar del cansancio evidente de las últimas semanas.

Esa noche, cuando finalmente Briar y Ambrose se quedaron a solas en la casa de ella, con el peso de las últimas semanas empezando por fin a aliviarse de sus hombros, Briar se permitió, por primera vez en días, relajarse completamente contra el pecho de Ambrose en el sofá frente a la chimenea,

sintiendo la calidez familiar del fuego y de su presencia disolver la última tensión residual acumulada.

—Hemos superado esto juntos —dijo, casi sin creérselo del todo—. Otra crisis más, y seguimos aquí, más fuertes que antes.

—Siempre vamos a seguir aquí, más fuertes que antes —dijo Ambrose, besándola en la sien con una ternura que se había profundizado, si acaso era posible, después de aquellas semanas intensas—.

Eso es exactamente lo que significa haber encontrado, en el otro, un verdadero hogar: no la ausencia de dificultades, sino la certeza de que, sea lo que sea que llegue, vamos a enfrentarlo juntos, y vamos a salir del otro lado más unidos de lo que estábamos antes.

Briar sonrió, cerrando los ojos contra el pecho de Ambrose mientras el fuego seguía ardiendo frente a ellos, y sintió, con una certeza tranquila que ya no necesitaba cuestionar en absoluto, que aquel año extraordinario, con todas sus crisis superadas y todos sus triunfos compartidos,

la había llevado exactamente al lugar donde siempre había necesitado estar, junto a la persona exacta con quien siempre había necesitado estar.

• • •

La votación de la asociación de ganaderos para respaldar formalmente la declaración de Sorrow tuvo lugar una semana después, en una reunión que Briar y Ambrose decidieron no asistir por respeto a lo que Sorrow describió como "una conversación que la comunidad necesita tener entre nosotros mismos,

sin sentirse observados por el instituto".

—¿Cómo fue? —preguntó Briar, cuando Sorrow los llamó esa misma noche para contarles el resultado.

—Mejor de lo que esperaba, la verdad —dijo Sorrow, con un alivio audible en la voz—.

Hubo un par de voces que defendieron el derecho de Ostrander a "proteger su propiedad", aunque nadie usó exactamente esas palabras después de que les recordé que no había ganado en kilómetros del lugar donde disparó.

Pero la votación final fue veintitrés a favor de la declaración, solo cuatro en contra.

—Eso es un resultado contundente —dijo Ambrose.

—Lo es. Y creo, sinceramente, que representa algo más grande que solo este incidente concreto. Representa un cambio real en cómo la mayoría de nosotros hemos llegado a ver este programa, después de un año entero de trabajo honesto y transparente de vuestra parte.

La noticia del voto de la asociación se extendió rápidamente por la comunidad, y en los días siguientes, Briar notó un cambio sutil pero perceptible en cómo la gente del pueblo interactuaba con el equipo del instituto: más saludos cálidos en la tienda de comestibles,

más preguntas genuinamente curiosas sobre el progreso del programa durante encuentros casuales, una sensación general de que, a pesar del incidente traumático, la comunidad había elegido, colectivamente, situarse del lado correcto de la historia.

—Es curioso pensar en lo diferente que hubiera sido esto hace un año —comentó Farrah, durante una de las cenas habituales en la sala común del instituto, mientras el equipo procesaba juntos las últimas semanas—.