Capítulo 9 #3
Era una joven de veintitrés años, delgada y de manos inquietas, con el pelo recogido en una trenza deshecha y una mochila cargada de cuadernos de campo que sugerían, incluso antes de que dijera una palabra sobre su formación, una dedicación genuina al trabajo que estaba a punto de solicitar.
—Gracias por recibirme tan rápido —dijo, estrechando la mano de Briar y después la de Ambrose con un apretón un poco demasiado firme, evidentemente nerviosa—. Mi tío me llamó hace tres días diciendo que había una oportunidad de prácticas aquí, y prácticamente hice la maleta esa misma noche.
—Nos alegra que hayas venido —dijo Briar, guiándola hacia el despacho compartido, donde habían despejado una esquina de la mesa para la entrevista—. Cuéntanos un poco sobre tu formación y qué te interesa específicamente de este tipo de trabajo.
Isolde habló durante los siguientes veinte minutos con una pasión que fue creciendo a medida que perdía los nervios iniciales: sobre su tesis de grado en la universidad estatal, centrada en patrones de dispersión de carnívoros medianos,
sobre las prácticas de verano que había hecho en un centro de rehabilitación de aves rapaces, sobre el conflicto interno que había sentido durante años, creciendo en una familia de ganaderos que veía a los depredadores principalmente como una amenaza,
mientras ella misma se sentía cada vez más atraída hacia la biología de conservación.
—Mi tío y yo hemos discutido mucho sobre esto a lo largo de los años —admitió, con una sinceridad que Briar apreció genuinamente—.
Él piensa que estudio "el lado equivocado" del problema.
Pero después de lo que pasó este mes, con lo del puma y la entrevista de prensa, creo que algo empezó a cambiar en cómo lo ve.
Me llamó él mismo para contarme lo de las prácticas, cosa que nunca había hecho antes con ninguna otra oportunidad que yo le hubiera mencionado.
—Eso dice mucho de él, aunque le cueste admitirlo en voz alta —dijo Ambrose.
—Eso mismo pienso yo.
Repasaron juntos las tareas específicas que implicaría el puesto: mantenimiento rutinario de los collares GPS, apoyo en la recolección de datos de campo, formación básica en primeros auxilios veterinarios para fauna salvaje bajo la supervisión directa de Briar,
y participación en el programa de divulgación comunitaria que estaban empezando a desarrollar tras el éxito relativo de la entrevista con Corwin Blackmoor.
—¿Cuándo podrías empezar? —preguntó Ambrose, hacia el final de la conversación.
—Cuando ustedes quieran. Tengo el semestre de primavera libre para prácticas, así que en teoría podría empezar la semana que viene, si les parece bien.
Briar y Ambrose intercambiaron una mirada breve, la misma clase de comunicación silenciosa que habían perfeccionado durante meses trabajando juntos, y ambos supieron, sin necesidad de discutirlo más, que la decisión ya estaba tomada.
—Bienvenida al equipo —dijo Briar, tendiéndole la mano de nuevo, esta vez con una sonrisa amplia que Isolde correspondió con un alivio visible.
—¿En serio? ¿Así de simple?
—A veces las decisiones correctas son simples —dijo Ambrose—. Aunque te advierto que el trabajo en sí no siempre lo es. Vas a pasar frío, vas a caminar muchos kilómetros, y vas a tener que aprender a lidiar con un zorro llamado Mortimer que considera este edificio parcialmente de su propiedad.
—Puedo con todo eso.
Cuando Isolde se marchó esa tarde, prometiendo volver la semana siguiente con el equipo necesario para empezar formalmente, Junie se asomó al despacho con una expresión satisfecha, evidentemente habiendo escuchado buena parte de la conversación desde el pasillo.
—Buena elección —dijo, dejando sobre la mesa una bandeja con tres tazas de sidra que nadie había pedido pero que, como siempre, nadie rechazó—. Se nota que esa chica tiene el corazón en el sitio correcto.
—Eso mismo pensamos nosotros —dijo Briar, aceptando la taza con una gratitud que ya no necesitaba expresar en voz alta, después de meses de aquel ritual constante de bebidas calientes que Junie ofrecía en cada momento importante de la vida del instituto.
—Y además —añadió Junie, con un brillo travieso en los ojos que Briar había aprendido a temer ligeramente—, va a ser divertido ver cómo Sorrow reacciona cuando venga a visitar a su sobrina y os encuentre a los dos actuando como una pareja perfectamente establecida en el mismo lugar donde hace un
mes lo acusabais a él de perder terneros por culpa de nuestros lobos.
—Por favor, no le des ideas a Sorrow sobre venir a "visitar" con demasiada frecuencia —dijo Ambrose, con una risa resignada—. Ya tenemos suficiente con gestionar juntas directivas y equipos de rodaje sin añadir vigilancia familiar no solicitada a la ecuación.
—No prometo nada —dijo Junie, alejándose hacia la cocina con una sonrisa que sugería, con bastante claridad, que ya estaba pensando en cómo organizar la próxima cena que involucrara, de una manera u otra,
a todo el elenco creciente de personajes que habían ido formando parte de la vida cotidiana del instituto a lo largo de aquel año extraordinario.