Capítulo 8 #3
Ambrose se acercó a revisar los datos, frunciendo el ceño con la concentración profesional que Briar había llegado a encontrar, contra toda lógica, profundamente atractiva.
—Podría estar buscando un nuevo territorio de caza, ahora que la pata está completamente curada.
O podría significar que el resto de la manada se está moviendo también, y ella está simplemente siguiendo el patrón.
—Deberíamos verificarlo esta semana, antes de que llegue más nieve y complique el rastreo.
—De acuerdo. Añádelo a la lista de cosas que hacer entre reportajes nacionales potenciales y celebraciones improvisadas.
Briar sonrió, negando con la cabeza, y volvió a concentrarse en el informe, aunque una parte de ella, mientras tecleaba los últimos párrafos del resumen trimestral, seguía pensando en la nota doblada en el primer cajón de su escritorio, en la promesa silenciosa que representaba,
y en la certeza tranquila de que, fuera lo que fuera lo que trajeran las próximas semanas, tenía exactamente a la persona correcta a su lado para enfrentarlo.
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Decidieron sobre el reportaje dos días después, durante una cena tranquila en casa de Ambrose, una cabaña pequeña a las afueras del pueblo que Briar había visitado solo un par de veces antes, decorada con un gusto sobrio que reflejaba, según pensó ella la primera vez que la vio,
exactamente el tipo de persona que era él: práctico, sin adornos innecesarios, pero con detalles cuidados que revelaban más atención de la que él admitiría en voz alta,
como la estantería entera dedicada a fotografías enmarcadas de paisajes de montaña que él mismo había tomado durante sus años de guía.
—Creo que deberíamos aceptar el reportaje —dijo Briar, mientras Ambrose servía dos copas de vino tinto, otra novedad en su repertorio de bebidas que Briar había descubierto esa noche—.
No por nosotros, sino por el programa. Cuanta más visibilidad tenga, más fácil será conseguir financiación futura, y más fácil será que otros valles con conflictos similares entre fauna salvaje y ganadería consideren modelos parecidos.
—Estoy de acuerdo, aunque me preocupa un poco la parte de exponer nuestra relación a un escrutinio nacional, justo después de haber pasado por el escrutinio de la junta.
—A mí también me preocupa. Pero creo que si lo enfocamos bien, como una historia sobre el programa y la ciencia, con nuestra relación como nota al margen en vez de protagonista, podemos mantener cierto control sobre la narrativa.
—Vamos a tener que ser muy claros con la productora sobre eso desde el principio.
—Ottoline puede ayudarnos a redactar los términos. Se le da mejor que a nosotros negociar ese tipo de detalles.
Ambrose asintió, tomando un sorbo de vino antes de dejar la copa sobre la mesa con una expresión que Briar reconoció como la de alguien a punto de sacar un tema que llevaba tiempo posponiendo.
—Hay algo más que necesito contarte —dijo—. No tiene que ver con el reportaje, pero es de la misma naturaleza de "cosas que probablemente deberíamos discutir juntos antes de que se conviertan en una sorpresa desagradable".
—Suena ominoso.
—No es ominoso. Es solo complicado. —Se pasó una mano por el pelo, un gesto que Briar había aprendido a reconocer como nerviosismo genuino—.
Halcyon Dynamics, una empresa de tecnología de conservación con sede en Denver, se ha puesto en contacto conmigo.
Quieren licenciar el diseño del collar que desarrollé para este programa, para usarlo en proyectos similares en otros estados.
Ofrecen una cantidad considerable de dinero, y además, financiación adicional para seguir desarrollando la tecnología aquí, en el instituto.
Briar sintió una punzada de algo que no supo identificar del todo, una mezcla de curiosidad genuina y una inquietud vaga que todavía no lograba justificar con ningún argumento concreto. —Eso suena como una buena noticia, ¿no?
—Podría serlo. El problema es que la oferta incluye una cláusula que me pide dedicar parte de mi tiempo, quizás un tercio del año, a supervisar la implementación en esos otros estados. Viajes largos, estancias de varias semanas en cada ubicación.
—Ah.
—Sí. Ah.
Se quedaron en silencio un momento, el peso de la implicación asentándose entre los dos con la misma clase de tensión incómoda que Briar reconocía de conversaciones similares en su pasado, aunque esta vez, se dio cuenta con cierto alivio, la sensación era distinta:
no el miedo a que la eligieran a costa de otra cosa, sino la incertidumbre genuina de dos personas intentando descifrar juntas cómo encajar una oportunidad profesional real dentro de una vida que apenas empezaban a construir compartida.
—¿Qué quieres hacer? —preguntó Briar, con cuidado de mantener la pregunta abierta, sin ninguna presión implícita en el tono.
—Todavía no lo sé del todo. Es una oportunidad enorme para la tecnología, para que ayude a más manadas, más ecosistemas, no solo el nuestro. Pero no quiero que signifique pasar un tercio del año lejos de aquí. Lejos de ti, para ser exactos, ahora que por fin hemos conseguido que todo esto funcione.
—No tienes que decidir esto solo, ni tienes que decidirlo esta noche.
—Lo sé. Solo quería que lo supieras, antes de que se convirtiera en otra sorpresa que tuviéramos que gestionar bajo presión, como pasó con lo de la fundación.
Briar estiró la mano por encima de la mesa, entrelazando sus dedos con los de él en un gesto que llevaba semanas volviéndose instintivo entre los dos.
—Aprecio que me lo hayas contado ya, en vez de esperar a tener que decidir bajo presión.
Eso es exactamente el tipo de cosa que quiero que sigamos haciendo, pase lo que pase con Halcyon, con el reportaje, o con cualquier otra sorpresa que la vida decida ponernos por delante.
—Trato hecho.
—¿Cuánto tiempo tienes para responderles?
—Un mes, aproximadamente. Dijeron que no había prisa, que preferían una decisión bien pensada a una respuesta rápida.
—Entonces tenemos un mes para pensarlo juntos.
Ambrose sonrió, llevándose la mano de Briar a los labios para dejar un beso breve sobre sus nudillos, un gesto que hubiera resultado casi anticuado en cualquier otra persona, pero que en él, de algún modo,
encajaba perfectamente con la mezcla de practicidad y ternura silenciosa que definía casi todo lo que hacía.
—Mi madre, por cierto, insiste en conoceros a ti y a la manada entera antes de fin de año —dijo, cambiando de tema con una ligereza deliberada que Briar agradeció después de la conversación seria de los últimos minutos—.
Le he tenido que explicar que la manada no puede recibir visitas de cortesía, pero a ti sí espera conocerte en persona pronto.
—¿Debería preocuparme por esa conversación?
—Deberías preocuparte por la cantidad de fotos vergonzosas de mi infancia que probablemente va a sacar sin ningún tipo de advertencia previa.
—Ahora sí que estoy intrigada.
Terminaron la cena entre risas y planes tentativos para las fiestas de fin de año, con la conversación sobre Halcyon Dynamics quedando, por el momento, aparcada en un rincón manejable de la mente de ambos, un problema real pero no urgente, del tipo que sabían,
después de meses de haber superado juntos crisis mucho más inmediatas, que podrían resolver cuando llegara el momento adecuado, con la misma calma metódica que habían aplicado a todo lo demás.