Tentar a una dama (Hermanos de la Infamia 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

Problemas a la vista

La condesa viuda de Ashbury había organizado una velada magnífica, y eso, en opinión del duque de Statony, era una prueba más de que esa dama era única. Le costó poco convencerla de que lo ayudase en su causa. Ciertamente lady Ashbury no dejaba nunca de sorprenderlo.

La música llenaba el salón principal con alegría, pues no estaba permitido que los invitados olvidasen que se encontraban en una de las casas más influyentes de Londres.

Había flores en abundancia; champán en las bandejas; y, sobre todo, había suficientes miradas curiosas como para convertir cada inclinación de cabeza o conversación a media voz en una pequeña pieza dentro de un tablero social que lady Ashbury dominaba con suma elegancia.

Statony permanecía junto a una columna, en un lugar discreto desde el que podía observar la entrada al salón, vigilar a su hermana y, si la necesidad se volvía insoportable, maldecir entre dientes sin que nadie lo escuchase.

Lord Arden, a su lado, llevaba varios minutos estudiándolo con un interés que empezaba a causarle dolor de cabeza.

—Tienes el aspecto de un hombre que aguarda la lectura de una sentencia, Statony, y debo admitir que, tratándose de una fiesta de compromiso en tu honor, esperaba verte algo menos sombrío.

—No estoy sombrío.

—Estás inmóvil desde hace diez minutos, has rechazado dos copas sin mirarlas y acabas de dirigirle al lacayo de lady Ashbury una mirada que habría bastado para obligarlo a confesar que era un espía francés aunque no lo fuese.

Sé que no te gusta beber más de lo necesario, pero, hombre, hoy es un día feliz para celebrar, ¿no?

Oliver volvió la vista hacia el otro extremo del salón, donde Eveline hablaba con dos muchachas de su edad bajo la vigilancia irregular de una amiga de lady Ashbury.

Su hermana parecía comportarse de manera aceptable, lo cual, lejos de tranquilizarlo, le despertaba sospechas.

Eveline podía estar quieta y aun así causar un desastre; de hecho, en ocasiones parecía reunir fuerzas precisamente cuando aparentaba obediencia.

—Estoy pendiente de mi hermana.

—Yo también la veo, y te aseguro que, por ahora, no ha prendido fuego a las cortinas ni ha intentado huir con un vizconde infame. Aunque reconozco que la noche es joven.

Oliver le lanzó una mirada helada.

—No menciones a Tentwall.

—Con gusto. El nombre del canalla parece agravar tu humor, y ahora mismo tu humor ya tiene recursos propios para arruinar una cosecha. ¿Vas a decirme de una condenada vez qué te tiene tan preocupado, Statony?

Arden se acomodó con naturalidad junto a la columna.

Ambos amigos estaban bien colocados para hablar sin ser oídos.

Aunque, dadas las circunstancias, el duque sospechaba que media estancia ya los habría convertido en material de conjeturas.

No podía reprochárselo. El anuncio de su compromiso con lady Alice Fairfax se había extendido por Londres con una rapidez incendiaria, y lady Ashbury, lejos de permitir que el rumor se consumiese fuera de su alcance, quiso encerrarlo en su propia casa y ofrecer una fiesta de compromiso formidable.

—Aún no me has contado cómo has logrado que la condesa viuda de Ashbury se prestase a organizar una fiesta de compromiso para ti —opinó Arden—.

No es una mujer dócil ante los deseos de nadie, y mucho menos ante los de un duque que, según empiezo a sospechar, quizá haya hecho algo censurable.

¿Cómo dijiste que lograste convencer a la dama para que aceptase casarse contigo?

Oliver no respondió enseguida. Volvió a mirar hacia la entrada, donde cada nuevo invitado provocaba en él una irritante tensión en la mandíbula. ¿Por qué no había llegado ya Alice?

—A estas alturas resulta imposible que quede un alma en Londres que no se haya enterado de mis próximas nupcias —contestó al fin—. Le pedí ayuda a Lady Ashbury para que celebrase la fiesta en nuestro honor y aceptó de inmediato.

—¿Sin preguntas o… confesiones?

—En realidad no hizo ninguna pregunta. ¿Confesiones?

—Olvida lo que he dicho. Ahora dime cómo lograste engatusar a lady Alice, Statony. Quiero conocer los detalles. —El duque gruñó por lo bajo—. ¿Desde cuándo gruñes?

—Desde que me sacas de mis casillas.

—Dime que le pediste matrimonio a la dama, Statony.

—¡Por supuesto que lo hice!

—De acuerdo. ¿Y te aceptó sin más?

—No. A ella no le agradó que mandase a Jackson para hacerle una oferta matrimonial.

—Por amor de Dios… ¿Mandaste a Jackson?

—Me pareció ilógico perder el tiempo con…

—Dime que ella no ha escuchado eso.

—Arden, lo estropeé, sí, pero ya lo he arreglado.

—¿Cómo lo hiciste?

—Una vez lanzado el anuncio, lo sensato era dar una fiesta de compromiso —insistió.

Arden lo miró con suspicacia.

—Eso ha sonado admirablemente razonable, lo cual me preocupa, porque cuando recurres a tanta lógica suele haber un cadáver bajo la alfombra. ¿Lady Alice ha aceptado ya? —insistió. Oliver guardó silencio y luego Arden alzó ambas cejas para decir—: Ah.

—Te he dicho que está arreglado. No quiero escuchar ese último sonido de nuevo.

—Era un sonido breve, civilizado y muy útil para expresar un mundo de conclusiones desagradables.

Permíteme ordenar los hechos, si no te importa.

Mandaste a un empleado para proponerle matrimonio.

Has anunciado un compromiso que la dama todavía no ha aceptado, has permitido que lady Ashbury convierta esta velada en una suerte de presentación pública de tu futura duquesa, y ahora esperas a que lady Alice aparezca para que no tenga escapatoria.

—Eso no es así… del todo —murmuró, en un tono menos seguro del que habría querido expresar.

—Cierto, se me ha olvidado mencionar que enviaste un anuncio al periódico a pesar de que te aconsejé que no lo hicieses. Ahí fue cuando la cazaste en realidad.

—Eres un desgraciado, Arden. Comienzo a entender el motivo por el que mi hermana te detesta tanto.

—Tu hermana no me soporta porque no tolero sus tonterías. Sabes que eres hombre muerto, ¿no?

—Por amor de Dios… Mi prometida no me matará.

—Yo no subestimaría el enfado de una mujer, Statony, más cuando ella no sabe que es tu prometida.

—Alice me quiere, sé de lo que hablo.

Arden sonrió con una diversión nada compasiva.

—¿Alice? ¿Ya estamos en ese punto, bribón?

Oliver giró la cabeza hacia él.

—¿Qué?

—Te permites usar su nombre de pila con una naturalidad conmovedora para un hombre que hace pocos días redactaba obligaciones matrimoniales como si estuviera reorganizando una finca.

—¿Cómo sabes que he redactado…?

—Porque te conozco muy bien, amigo mío. Amas las listas. ¿Qué hizo la dama cuando Jackson le presentó tu texto? ¿Le dio un bofetón a tu secretario para que te lo diese a ti en su nombre?

Oliver apartó la mirada de la entrada, porque estaba muy pendiente de ese punto exacto, y la fijó una vez más en su amigo y, durante un instante, perdió esa seguridad glacial que tanto irritaba a quienes lo conocían.

Arden lo advirtió. Por supuesto que lo advirtió.

El maldito conde tenía la desagradable costumbre de percibir sus grietas con facilidad.

—¿No me escuchas? Te he dicho que lo tengo todo bajo control.

—No me ha pasado desapercibido que has señalado que ella te quiere. ¿Qué has hecho, Statony?

El duque suspiró.

—En realidad he hecho una cosa terrible —dijo Oliver al fin.

Arden dejó de sonreír.

—Define terrible, porque en tu caso puede significar desde olvidar una respuesta parlamentaria hasta declararle la guerra a media Europa.

—La seduje —musitó en voz muy baja.

Arden detectó en la mirada de su amigo varias cosas, como: culpa, deseo y desconcierto.

Statony todavía sentía en la lengua el sabor de Alice, la inocencia deliciosa con la que había aprendido a besarlo con la lengua, la forma en que sus manos se habían aferrado a él como si su voluntad hubiese cedido solo durante un instante, el preciso y suficiente para incendiarlo… ¡Dios! Ella era perfecta para él.

—No me lo creo. Eres demasiado recto para hacer algo así.

—No llegué hasta el final con ella —reconoció, con la voz más baja todavía—.

Usé toda mi disciplina para contenerme, y aun así no estoy seguro de poder felicitarme por ello.

Fui a su casa para obtener una respuesta sensata, y terminé besándola hasta que olvidó cómo hablar.

Ya no es solo por el anuncio por lo que tiene que casarse conmigo, es porque me devolvió cada una de mis atenciones. Ella me quiere. Estoy seguro de ello.

Arden lo observó como si acabara de descubrir una especie nueva sobre la faz de la tierra.

—¿Solo porque la besaste?

—Sí.

—¿Después de haberle enviado una proposición por medio de Jackson, una lista de instrucciones y un anuncio público no autorizado?

—Cuando lo enumeras así, suena menos favorable. ¿De verdad eres mi mejor amigo?

—No pretendía embellecerlo, Statony. Solo tú podías causar semejante desastre. Eres digno hermano de tu hermana…

Oliver miró de nuevo hacia Eveline. Su hermana se había alejado unos pasos de las muchachas y parecía fingir interés por una mesa de refrescos.

No había rastro de Tentwall en la estancia, algo que él se había ocupado de garantizar mediante una conversación breve con dos hombres capaces de impedir entradas indeseadas.

Aun así, no pensaba apartar del todo los ojos de Eveline.

Su hermana tenía un talento admirable para convertir un pasillo vacío en una oportunidad escandalosa.