Capítulo 21 #3
—Claro, e invito a la amante, así pueden tener su feliz reencuentro los dos y recomenzar su affaire.
—Oh, te ves encantadora, cariño. Quisiera que Hayden estuviera aquí para verte.
Tracie no le encontraba ni una pizca de gracia.
—Honora… Sé que piensas que te has salido con la tuya y que todo marchará sobre ruedas.
No es así. Conozco poco a Hayden, pero lo suficiente como para saber que nada doblega su voluntad.
Hace meses que le demando una explicación sobre lo sucedido con el señor Clarke y sus labios están sellados.
¿De verdad crees que lo puedes obligar a hacer de este un matrimonio real?
Se sintió forzado por ti a casarse y respondió por responsabilidad.
Punto final, no hará más de lo que ya hizo.
—Tracie, yo no lo he forzado…
—Claro que sí, de no habernos delatado…
—Hayden quería casarse contigo.
—El beso fue un error. Él no quería…
—El beso fue inevitable para él. Tarde o temprano iba a suceder, créeme.
—Honora miró a su nueva sobrina a los ojos—.
Mucho antes de esa noche, Hayden me llamó a su despacho y me dijo que estaba decidido a casarse contigo.
Me dio uno de sus famosos ultimátum, una de esas sentencias que no admiten discusión.
«Me casaré con la señorita Plageman y tú no harás ni un comentario al respecto».
Las piernas de Tracie parecieron no responder. Se sostuvo de la silla y volvió a sentarse con lentitud.
—Eso no pasó.
—Oh, claro que pasó. Y tienes razón en desconfiar de mí, porque yo no estaba de acuerdo, pero tú lo has dicho, nada puede quebrarle la voluntad. Entonces pensé: aún queda una alternativa. Puede la señorita Plageman decirle que no.
—Me presentaste al señor Clarke… —dijo Tracie sin salir de su estupor.
—Era perfecto para ti, y tú también lo pensaste, ¿verdad?
Caíste rendida a su encanto, y entonces pensé que me había salido con la mía.
Pasaban los días y Hayden no hacía su propuesta.
Un par de veces lo vi buscar en el bolsillo de su chaqueta la cajetilla de la alianza que había comprado para ti y mirarla con indecisión, mas nunca daba el paso.
Tú reías con Clarke, y Hayden se hacía a un lado para que fueras feliz.
—Hasta que lo amenazó de muerte. ¿Sabes por qué?
—No, no me ha dado explicaciones y yo sentía tanta culpa que no me atreví a pedírselas. Pensé que entonces te pediría matrimonio, que había tomado al fin la decisión… Una vez más, me equivoqué. Alejó a Clarke sin ir a por ti.
—Le dije que estaba determinada a odiarlo si no me daba una explicación, Honora. Eligió mi odio antes que disculparse.
—Ya ves, y tú crees que ser críptico es el peor defecto de los Kensington —rio Honora—. El orgullo lo es. Pasaron los días y las cosas empeoraban, ¡hasta fue con sus amigos a embriagarse! Hayden nunca hace eso.
Tracie buscó la salida con la mirada. ¡Ella lo había visto con sus propios ojos!
—Hayden jamás mostró indicios de tener intenciones de cortejo o de matrimonio conmigo.
—¡Pues claro! Es un hombre, no un pavo real. Además, estaba algo aterrado ante la idea del rechazo.
—Eso no se lo cree nadie. ¿Hayden, miedo al rechazo?
Honora contuvo la sonrisa.
—¿Por qué no?
—¡Porque es el esposo que cualquier mujer querría!
La sonrisa de Honora fue completa. Tracie abrió los ojos al darse cuenta de lo que admitía.
—Ya ves, todos merecemos ser un poco codiciosos, solo que a veces nos falta horizonte. Como sea, Hayden no tomaba cartas en el asunto, así que cuando vi el beso, las tomé yo. Fin de la historia.
—O inicio de la historia.
—Sí, de una nueva, contigo como baronesa.
—¿Ya no piensas que estaría mejor con el señor Clarke?
—No. Él te quiere a ti, Tracie, cualquier otro escenario lo hará desdichado. Y aquí es donde vuelvo a ser la arpía Lady Honora, querida, porque mientras tú lo hagas feliz, te querré como una sobrina. En caso de que eso cambie…
—¿Y una fiesta lo hará feliz? Sabes que las detesta.
—Una fiesta callará a la sociedad, mantendrá a la mal perdedora de Lady Evelina Ashcombe lejos de él y les dará tiempo para que por fin reconozcan sus emociones.
—¿Y cuáles serían esas?
—Que el corazón de Hayden se rompió cuando elegiste a Clarke y que tú elegiste a Clarke porque no te atreviste a codiciar a Hayden, querida.
Pon en esa lista llamar a la modista, pues te tienes que asegurar de estar despampanante esa noche —agregó Honora—.
El verde es tu color. Ven, iremos a revisar la colección de joyas de la baronía, encontraremos la pieza perfecta para la noche.
¿Has pensado en servir sorbetes de limón? ¡Son la última moda…!
Honora arrastró a Tracie por la enorme casa de la baronía. La joven se dejó llevar; aún no conseguía asimilar lo que había descubierto. ¿Hayden siempre quiso casarse con ella?
¿Y ella? En su mente regresaba el beso en el jardín, ya no pensaba en cómo él la había besado, sino en cómo ella había respondido.
La invadió un enorme deseo de repetir el encuentro. Sus mejillas ardieron y empezó a entender la alegoría de la fiesta.