Tentar a un caballero (Sin reglas nº 4) Capítulo 18 #3
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Capítulo 18 #3

El primer sorbo de café quedó en suspenso. El sonido de unos pasos precipitados quebró la habitual calma del comedor y obligó a Hayden a levantar la vista... Tracie acababa de aparecer en el salón.

El color rosado de sus mejillas hacía innecesario cualquier tipo de rubor. Resultaba evidente que se había preparado a toda velocidad. Incluso parecía ligeramente agitada.

—¡Milord! Buenos días.

Hasta Barnaby Graves pareció sorprendido.

—Buenos días, milady.

—Buenos días, señor Graves.

Tracie tomó asiento con una sonrisa satisfecha.

—Veo que hoy tengo la fortuna de disfrutar del desayuno contigo... —Se detuvo. Sonrió—. Con usted, milord.

Esa pequeña corrección consiguió que Hayden sintiera todavía más culpa.

—Lo siento. Tuve la intención de informarte anoche. Cuando regresé a la habitación ya era tarde y estabas dormida.

—Oh, pero eso no representa ningún inconveniente. —Tomó la taza con té recién servido —. Aunque esté dormida, si necesitas decirme algo, puedes golpear la puerta. Me despertaré con gusto, te escucharé y después volveré a dormir.

La sencilla naturalidad con la que lo dijo provocó una extraña calidez en su interior.

Una tan intensa que, por un instante, Hayden pensó que podría enfrentarse al más oscuro de los inviernos sin temor alguno, siempre y cuando ella estuviera allí.

Tracie poseía la rara capacidad de iluminarlo todo sin siquiera proponérselo.

Y, para un hombre que llevaba años conviviendo con responsabilidades, silencios y sombras, eso se parecía demasiado a la felicidad.

—Lo tendré en cuenta para la próxima ocasión.

—Perfecto. —Sonrió satisfecha—. Entonces es un trato.

—Es un trato.

Tracie tomó una tostada y comenzó a prepararla como sabía que a él le gustaba. Una mitad con mantequilla, la otra con mermelada.

—A propósito —preguntó mientras trabajaba con concentración en la delicada tarea—, ¿qué era eso tan importante que te ha llevado a levantarte incluso más temprano de lo que una persona razonable consideraría aceptable?

Hayden sonrió.

—Esta mañana se celebrará una reunión extraordinaria en la Cámara de los Lores. Al parecer, se debatirán algunos asuntos relacionados con inversiones y nuevas concesiones comerciales.

Tracie asintió con gravedad.

—Eso ha sonado importante y tedioso al mismo tiempo.

—Esa suele ser una descripción bastante acertada del Parlamento.

—Entonces no hace falta que me expliques más. Ya he comprendido todo lo necesario... He comprendido que tendrás que marcharte sin una hora de regreso establecida.

—Sí —admitió Hayden muy a su pesar—. Siendo honesto, no sé cuánto tiempo me retendrán allí.

—En ese aspecto no debes preocuparte por mí. —Le dedicó una sonrisa conciliadora—. Yo estaré aquí, ocupándome de lo que me corresponde. —Terminó la tostada y la depositó frente a él—. Despreocúpese, milord.

El esfuerzo evidente que había realizado para acompañarlo en el desayuno terminó por provocar una nueva punzada de culpa en el interior de Hayden.

Ella estaba poniendo todo de sí, lo intentaba con una generosidad, una paciencia y una dulzura que él sentía no merecer.

No pudo evitar preguntarse cuánto tiempo más podría dar tanto de ella.

Porque tarde o temprano, esa buena voluntad se agotaría.

¡Maldito egoísta!

Una vez más, volvió a odiarse por haberla arrastrado a una vida que jamás había pedido.

En cuanto concluyó el desayuno, Lord Hayden se despidió y abandonó la residencia. Debido a los acontecimientos previstos para aquella jornada, incluso Whippet fue relegada.

—Lo siento, Whippet. Hoy tendrás que quedarte en casa.

Tracie observó a la perra. Whippet permanecía sentada sobre sus cuartos traseros, moviendo lentamente la cola, como si esperara una orden.

—Bueno, parece que hoy seremos solo tú y yo.

La cola se agitó con un poco más de entusiasmo.

—¿Qué te parece? ¿Qué planes tienes en mente, Whippet?

La perra emitió un pequeño gemido.

—¿Un paseo? ¿Un té? ¿Quizá una charla sobre libros contables?

Volvió a gemir. Pero, para absoluta decepción de la joven baronesa, se levantó, giró sobre sí misma y se dirigió hacia la puerta principal. Allí se acomodó sobre la alfombra.

—Eso ha sido bastante humillante.

Whippet ni siquiera la miró, permaneció junto a la entrada... Esperando.

Cuando llegó la tarde, seguía allí.

Cuando cayó la noche, continuaba en la misma posición... Esperando.

Al igual que ella.

Antes de acostarse, Tracie abrió una vez más el cuaderno de tapas verde musgo.

Día tres siendo baronesa de Sheffield.

Las reuniones parlamentarias son todavía más largas de lo que imaginaba.

Los perros también extrañan a las personas.

Las conversaciones con una perra resultan poco satisfactorias cuando la perra en cuestión decide ignorarte.

Empiezo a comprender por qué las ventanas de esta casa son tan grandes. Cuando una pasa mucho tiempo sola, termina mirando mucho hacia afuera.

Nota importante para futuras baronesas: incluso Whippet, que claramente lo extraña, prefiere hacerlo sola antes que haciéndome compañía.

Añadió una pequeña posdata.

Posdata: creo que ni siquiera la perra me quiere.