Tentar a un caballero (Sin reglas nº 4) Capítulo 17 #4
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Capítulo 17 #4

—Al parecer, el precio del trigo ha aumentado durante las últimas semanas debido a las malas cosechas registradas en algunas regiones del continente.

Tracie apoyó el mentón sobre una mano.

—¿Y eso es importante?

—Mucho.

—¿Por qué?

—Porque aquellos propietarios cuyas tierras producen trigo obtendrán mayores beneficios cuando llegue el momento de vender la cosecha.

—Ah... —Ella frunció el ceño mientras analizaba la información—. Eso quiere decir que...—Se quedó pensando unos segundos—. ¿Lord Pembroke podría beneficiarse de ello?

—¿Lord Pembroke?

—Sí. El mismo lord que se dedicó a dilapidar la fortuna familiar y que ahora vive endeudado. Por eso contrajo matrimonio de forma tan repentina... por la dote.

—Veo que los chismes de Londres no escapan a tu conocimiento.

—Los chismes son una fuente extraordinaria de noticias. En ese aspecto, seré una baronesa muy bien enterada... —Tracie hizo un gesto impaciente con la mano, instándolo a continuar.

Hayden volvió a sonreír. Le resultaba muy gratificante tener una interlocutora tan comprometida e interesada a una hora tan temprana.

—Sí, alguien en la situación de Lord Pembroke podría beneficiarse. Porque podría solicitar financiación antes de la cosecha.

—¿Financiación? —No estaba tan acostumbrada a ese término.

—Una inversión... Si alguien adelanta el dinero y la cosecha resulta favorable, en este caso debido al alza de cotización, ambas partes obtienen beneficios.

—Y, en palabras más simples, eso sería...

Tracie clavó sus ojos en él. En verdad estaba prestando atención a todo lo que le explicaba.

—Podría resumirse en lo siguiente: incluso un hombre como él, que ha cometido grandes errores a la hora de administrar las arcas del condado, puede recuperar la rentabilidad de sus tierras...

—Eso me gusta... —musitó Tracie por lo bajo.

—¿Qué te gusta? ¿El trigo?... ¿Lord Pembroke? —Esto último salió de sus labios con un tono de hastío y unos celos disimulados.

—¡No, por los cielos, no! —Sorbió té de inmediato para paliar el repentino sabor agrio que esa idea le había dejado en la boca—. Lo que me gustan son las segundas oportunidades... Todos, en algún momento de nuestras vidas, necesitamos una.

Su respuesta provocó otra sonrisa en Hayden. Ella no se había quedado con la parte económica. Como siempre, analizaba todo a través de los cristales amables con los que observaba el mundo y, por eso mismo, se había quedado con la parte humana.

Tracie tomó una tostada. Sobre una mitad extendió mermelada de melocotón; sobre la otra, mantequilla.

—Continúa —pidió ella—. Estaba interesante.

Una vez que terminó, sin decir una palabra, depositó la tostada en el plato frente a él.

Hayden bajó la vista hacia la tostada y su corazón dio un vuelco absurdo.

Era la primera vez en muchísimos años que alguien le preparaba una tostada.

Y no era cualquier tostada, sino una con las proporciones justas de mantequilla y mermelada, sin que se mezclaran, con un claro y milimétrico espacio de separación entre ambas. Tal como le gustaba.

Si alguien hubiera comparado su corazón con un carruaje, podría decirse que acababa de desbarrancar cuesta abajo y terminar hecho pedazos contra un árbol.

Pero ella ni siquiera se dio cuenta del accidente que acababa de ocurrir. Nunca sabría que acababa de provocar un auténtico desastre en el corazón de su esposo. No... estaba demasiado ocupada abriendo uno de los scones.

Le untó una generosa porción de mermelada de naranja, pues no tenía problemas con las cantidades. En esos asuntos, su lema era muy simple: A mayor cantidad, mayor disfrute.

Dio un primer bocado con evidente satisfacción.

—Además del trigo y de la posible buena fortuna de Lord Pembroke, ¿qué otro asunto aburrido ha capturado tu atención hoy? —insistió Tracie, ajena al caos sentimental que acababa de provocar.

¿Qué otro asunto había capturado su atención?

Ninguno...

Desde que había atravesado la puerta del comedor, toda su atención había permanecido en ella. Y, sobre todo, en la absurda felicidad que le producía tenerla sentada a su lado.

Hayden se obligó a regresar al periódico. Pasó una página. Luego otra.

Volvió hacia atrás. Carraspeó.

Finalmente, encontró algo que sí podía compartir sin correr el riesgo de comportarse como un completo idiota enamorado.

—Al parecer, después de las reformas realizadas en el Teatro Real de Haymarket, volverán a abrir sus puertas el próximo mes.

Los ojos de Tracie se iluminaron.

—¿En serio? ¡Eso es maravilloso! Me encanta ese teatro...

Él asintió en silencio, pero algo en su gesto dejó pensativa a Tracie. Frunció el ceño y lo observó con detenimiento.

—Espera... ¿Desde cuándo las reaperturas de teatros forman parte de tus asuntos aburridos?

—Desde ahora —respondió él cerrando el periódico.

Lo dejó sobre la mesa y cogió su tostada.

Ella sonrió mientras daba otro pequeño bocado a su scone. Él hizo lo mismo mientras mordía su preciada tostada.

Tal vez convertirse en marido y mujer no consistiera en grandes discursos ni protocolos imposibles.

Bastaba con desayunar juntos.

Escuchar las cosas aburridas del otro.

Y, poco a poco, convertir lo cotidiano en un hogar.