Tentando a Zak (Protectores de Pineville nº 2) SIETE #2
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SIETE #2

Permaneció en silencio, aunque él notó que estuvo a punto de decir algo un par de veces. Estar tan cerca de ella después del beso de anoche lo estaba matando. Llevaba las piernas al descubierto bajo el vestido de verano, y eso le trajo recuerdos ardientes de una noche de verano de hacía mucho, cuando se enrollaron en su vieja camioneta.

Ella se había sentado a horcajadas sobre él, y sus piernas también habían estado desnudas entonces. Sus manos habían acariciado sus pantorrillas, subido por sus muslos y se habían colado bajo un vestido de verano similar para descubrir lo húmeda que estaba para él. Zak subió el aire acondicionado y se puso a pensar en cualquier cosa para controlar sus pensamientos y no hacer el ridículo delante de ella.

Cuando llegó al cruce que ella había indicado, tomó el último giro hacia su calle y redujo la velocidad.

—¿La verde oscuro con los marcos gris oscuro?

Ella asintió y él entró en el camino de acceso y apagó el motor.

—Bonita. Parece bastante nueva. De hecho, todo el barrio lo parece.

Ella se volvió hacia él, y en sus ojos había una emoción en carne viva que no había visto desde la noche en que le soltó que lo amaba.

—¿Es eso lo que estamos haciendo ahora? ¿Cháchara de cortesía? Porque no entiendo muy bien cómo hemos acabado aquí. ¿Por qué mentiste e interrumpiste a Kelsey, Slade y a mí diciendo que tenías que hablar conmigo de trabajo? ¿Por qué volviste, Zak? ¿Y por qué demonios elegiste la organización en la que yo trabajaba? ¿No te bastó con acostarte conmigo y largarte hace nueve años sin decir ni una palabra? ¿Tenías que volver a presumir de tu éxito y luego besarme como si nada hubiera pasado para sentirte mejor contigo mismo? ¿Por qué, Zak? ¿Por qué ahora?

El pecho de Harlowe subía y bajaba mientras jadeaba y se limpiaba las lágrimas que le rodaban por las mejillas.

Su arrebato lo dejó mudo. La ira y el dolor en carne viva que ella había estado conteniendo acababan de caerle encima de golpe, y no sabía cómo gestionarlo. Había pensado que podrían tener una conversación tranquila y madura en la que él le explicaría lo que le había pasado por la cabeza en aquel entonces.

Cuando lo intentó anoche, acabó besándola, y tuvo que contenerse para no tomarla allí mismo sobre la mesa de reuniones. Pero esa parte de su relación siempre había eclipsado todo lo demás. La intensa atracción y la necesidad que sentían el uno por el otro los había llevado a pasar la mayor parte del tiempo en la cama. Y era exactamente lo que quería hacer ahora. Llevarla a la cama y demostrarle cuánto la había echado de menos, cuánto la deseaba y que nunca más quería volver a dejarla.

—Ahora mismo, Harlowe, no estoy para cortesías. Volví a Pineville por muchas razones. Cosas que quería contarte anoche, pero no tuve ocasión. Pensaba esperar, darte tiempo para asimilarlo todo, pero entonces vi a Kelsey presentarte a ese tipo, y yo... estaba celoso.

Harlowe se había relajado un poco, pero abrió los ojos de par en par ante su confesión.

—¿Celoso? ¿Me estás tomando el pelo? Tú me dejaste, colega, así que no tienes derecho a estar celoso. ¿Te enteras? De todas las...

Agarró el tirador de la puerta, salió del todoterreno de un salto y fue dando zancadas hasta la puerta de su casa.

La observó rebuscar en el bolso las llaves mientras los objetos empezaban a caer al suelo. No pudo soportarlo. Bajó de un salto y corrió hasta el porche.

—Espera, deja que te ayude. Harlowe, cariño, tranquila.

Ella estaba llorando otra vez y se detuvo a sonarse la nariz mientras él recogía las llaves de la casa. Tenía el rostro enrojecido, pero seguía siendo preciosa. Actuó sin pensar y se inclinó para besarla. Pretendía que fuera un beso rápido y reconfortante, pero en cuanto tocó su boca, en cuanto sintió sus labios temblar bajo los suyos, todo se fue al traste.

Él presionó con más fuerza, y ella le correspondió. La rodeó con los brazos y la atrajo hacia sí, inclinando la cabeza para recibir todo lo que ella le ofrecía. Sintió el latido de un corazón, pero no sabía si era el suyo o el de ella.

Nueve años se desvanecieron mientras permanecían allí, envueltos el uno en el otro, hasta que ambos necesitaron aire. Se quedaron mirándose, con el pecho agitado. Su erección pugnaba contra la cremallera, y lo único que deseaba era preguntarle si podía entrar.

Ella le puso una mano sobre el corazón, y tras un momento contemplando el lugar donde lo tocaba, acariciándolo hasta que él pensó que no podría soportarlo más, alzó la vista.

—Esto era todo lo que teníamos, ¿verdad? La atracción, el hambre constante el uno por el otro. Lo que yo creía que era amor no era más que pasión desatada.

Se inclinó hacia él, le tomó el rostro entre las manos y lo besó suavemente antes de apartarse.

Él no respondió a sus preguntas. No estaba seguro de poder hacerlo. No en ese momento. No con el deseo de ella consumiéndolo. Porque quería saciar su hambre de ella. Al diablo con las consecuencias.

—Echaba de menos esto, Zak. Nunca he tenido este tipo de conexión desde... nosotros.

Su confesión susurrada casi lo partió en dos.

Ella abrió con la llave y se deslizó dentro sin mirarlo. Él esperó hasta oír el clic del cerrojo antes de alejarse y volver al todoterreno. Había pasado menos de un mes desde su llegada, y temía haber arruinado su oportunidad con Harlowe antes siquiera de empezar.