48 Bane
CUARENTA Y OCHO
BANE
—Muy bien, simplemente sigue la luz, ¿de acuerdo? —La enfermera saca una linterna de bolígrafo de su bolsillo, la enciende y apunta a los ojos de Evangeline.
Silas capta mi mirada y señala con la barbilla hacia el otro lado de la habitación.
Asiento una vez, comprendiendo la comunicación silenciosa.
Le doy un toque a Nova en el hombro y me desplazo al otro lado del cuarto.
No es lo que yo consideraría un espacio grande, pero nos da la ilusión de privacidad.
Silas, Nova y yo nos quedamos hombro con hombro en un semicírculo abierto, con los ojos clavados en Evangeline.
La tensión en la habitación es palpable, y puedo sentir cómo me corre por las venas.
En realidad, creo que ha estado zumbando desde el momento en que entré en el camino de entrada de su casa. Sé por experiencia que puedo soportar mucho más.
No he tenido que hacerlo en años, pero algunas cosas son como la memoria muscular. Y templar la ansiedad es una de ellas.
Observo a la enfermera tomarle las constantes vitales mientras murmura algo demasiado bajo para que yo lo oiga. Evangeline se limita a sacudir la cabeza, y su mirada revolotea entre los tres.
La estamos poniendo nerviosa, me doy cuenta.
—¿Qué está pasando? —le pregunto a Silas, asegurándome de mantener la voz baja.
—Cuéntame qué ha pasado —dice él.
Echo un vistazo a la habitación, buscando cualquier cámara obvia. Creo que hay una norma sobre la vigilancia dentro de una habitación de hospital como esta, pero no lo sé con certeza. —Antes de hacerlo, ¿has enviado a alguien a ocuparse del problema?
La mirada de Nova se clava en mí. —¿Qué problema?
—Necesitaba una limpieza. —Lo miro fijamente, dejando que lea entre líneas.
Nova se gira hacia mí, y la tensión emana de él a raudales. —¿Cuántos?
—Uno.
Él asiente y sus hombros pierden parte de la rigidez. —¿Dijo algo?
Niego con la cabeza y hago una mueca. —No le di oportunidad.
—Cuéntanos qué pasó —exige Silas, con la mirada recorriendo la habitación—. Todo lo que puedas contar aquí dentro.
Me aclaro la garganta e intento resumir todo sin permitirme visualizarlo. Una vez ha sido más que suficiente. —La vi marcharse y, cuando diez minutos después vosotros dos seguíais en el aparcamiento, me largué para ver cómo estaba.
—Envié a Jagger para asegurarme de que llegara a casa a salvo —interviene Nova.
—Sí, lo hizo. Me crucé con él cuando volvía —digo, asintiendo.
Silas me mira con los ojos entrecerrados. —¿Por qué ibas a su casa, de todos modos?
Le devuelvo la mirada con la misma intensidad. —Te acabo de decir por qué. Para ver cómo estaba.
—¿Y luego qué pasó? —suelta Nova, con la ansiedad tiñendo su voz.
He deseado a Evangeline Carter durante la mayor parte de ocho años. Le advertí una vez que, si me dejaba probarla, no sería capaz de dejarla marchar.
No exageraba.
La busqué durante semanas cuando desperté solo en aquella playa. Empecé a pensar que era una especie de hada, una criatura mítica que me había inventado después de demasiadas copas.
Pero ella era real.
Y el destino me la trajo de vuelta. Ahora que por fin está a mi alcance de nuevo, no la dejaré ir jamás.
Solo que el destino me ha jodido porque también la puso en el camino de Nova. Y no sé qué cojones significa eso para ninguno de nosotros ahora.
Él es mi hermano en todo lo que importa, y no quiero causarle daño. Pero tampoco voy a mentir.
Me paso la mano por la nuca, mirando mis zapatos. Levanto la cabeza y miro a mi primo. —Cuando llegué allí, ella estaba gritando tu nombre.
Se queda con la boca abierta y frunce el ceño. —Joder —gruñe, sacudiendo la cabeza y tragando saliva con dificultad.
—Entonces entré, lo vi de pie sobre ella con una pistola en su cara. Apreté el gatillo antes de darme cuenta de lo que había hecho. Era inevitable.
—¿Le reconociste? —insiste Silas, acercándose a mí.
—Qué va —digo, negando con la cabeza—. Aunque no tuve tiempo de registrarle. La traje aquí de inmediato.
Nova parece conmocionado, con la piel alrededor de los ojos tensa. —¿Dijo ella algo?
Niego con la cabeza. —Solo que eran tres, que vinieron a robarle. Pero no la presioné, pensé que sacarla de allí antes de que se diera cuenta de lo que yo había hecho era más importante. El equipo de limpieza nos dirá si hay algo digno de mención.
Silas saca su teléfono del bolsillo y mira la pantalla. —Vale, tengo que reunirme con ellos en dos horas.
—Iré yo —dice Nova, metiéndose las manos en los bolsillos.
—¿Qué? —Silas inclina la cabeza hacia un lado.
Nova se encoge de hombros. —Iré yo a ver a los limpiadores, para que me den el informe.
Algo no me cuadra. Lo observo con cuidado, mientras un nudo de sospecha crece en mis entrañas.
—Iré contigo —me ofrezco.
—No, tú deberías quedarte con ella, y Silas tiene que llevar a Hunter a casa. Eso me deja a mí.
Silas estudia a Nova por un instante, con mirada pesada. —¿Estás seguro?
Él asiente, con la determinación marcada en sus ojos. —Sí. Quiero saber quién era.
Silas asiente y guarda el teléfono en el bolsillo.
—Está bien, pero ten cuidado. Viene una tormenta esta noche y no me gusta la idea de que estés ahí fuera solo.
No sabemos si esto ha sido un ataque coordinado.
O si nos están vigilando. O quién cojones está detrás de esto —escupre lo último entre dientes.
Un escalofrío me recorre la espalda, pero me guardo esa mierda para mí. Nunca he sido supersticioso y no voy a empezar ahora.
—Sí, estaré bien —dice Nova con un asentimiento decidido. Se vuelve hacia mí y su mirada se suaviza—. Tú quédate con ella, ¿vale? Asegúrate de que esté a salvo.
—Sabes que lo haré —le digo.
—Buenas noticias, familia. Lo más probable es que tenga una conmoción cerebral leve, pero no parece haber nada roto.
Haremos unas cuantas pruebas solo para estar seguros.
Iré a poner eso en marcha y espero que podamos sacarla de aquí antes de que estalle la tormenta —dice la enfermera, alzando la voz antes de marcharse.
Nova va directo hacia Evangeline y observo cómo se abrazan. Nunca he visto a Nova así con nadie, y no puedo decidir si debería preocuparme o no.
Silas me da una palmada en la espalda. —Voy a rescatar a mi madre de Hunter en la cafetería. Manténme informado, ¿vale?
Veo a Silas acercarse al otro lado de la cama de Evangeline. Se inclina y le murmura algo al oído, y ella asiente varias veces. Nova le deposita un beso en la frente y veo cómo los dos se marchan.
El nudo en mi estómago se aprieta. Algo no va bien.