Tentación (Rosewood 1) 14 Bane
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14 Bane

CATORCE

BANE

—Qué detalle por tu parte unirte a nosotros. —Me inclino hacia delante y las patas delanteras de la silla en la que estoy sentado chocan contra el suelo de hormigón.

—Ya, bueno, la próxima vez te encargas tú de la reunión. Algunos tenemos cosas que hacer, —refunfuña Nova mientras se deja caer en la silla frente a mí. Se inclina hacia un lado, mirando más allá de mí hacia la cocina que hay detrás. —Él ni siquiera ha llegado todavía.

Miro el reloj de la pared que tengo al lado. —Tenía que asegurarse de que Hunter estuviera dormido. Estará aquí en un minuto.

Eso es más o menos lo que se tarda en ir de su casa a la mía. Vivir al lado de mis primos tiene sus ventajas, y esa es definitivamente una de ellas.

—Podría haberlo traído aquí. La capacidad de ese niño para quedarse dormido en cualquier lugar es un superpoder.

—¿Te acuerdas de cuando se quedó dormido en Lockwood Park? —Me río ante el recuerdo de él acurrucado en lo alto del parque infantil, justo en el hueco que hay al principio del tobogán de plástico.

Nova también se ríe entre dientes, con los ojos iluminándose como siempre que hablamos de la pequeña bola de energía de cinco años que hay en nuestras vidas. —Sí, y Silas tuvo que subir hasta allí arriba para cogerlo. ¿Qué edad tendría? ¿Cuatro años?

—Tenía tres años y medio y lo habíamos llevado a la playa todo el día. A las cuatro de la tarde estaba agotado, —dice Silas a modo de saludo, entrando en la habitación a grandes zancadas.

—Es verdad, —digo con una sonrisa. —Fue por aquel entonces cuando empezó sus huelgas de siesta.

—Días oscuros, hermano, días oscuros, —dice Nova, con los hombros agitándose en un falso escalofrío.

Silas nos lanza una mirada fulminante a los dos, saca una silla y se sienta. Tuerce la boca en un gesto de disgusto. —No hablamos de esos días. Quedamos en eso.

—Por supuesto. Yo nunca hablaría de los seis meses que pasaste conduciendo con él de un lado a otro, escuchando a Taylor Swift en bucle solo para que durmiera una siesta de treinta minutos.

—Consigo soltar la frase entera. A duras penas.

El labio me tiembla, y sé que en cuanto Nova se ría, yo tampoco podré aguantarme.

—Y nosotros nunca hablaríamos del día en que empezaste a cantar sus canciones sin darte ni cuenta —dice Nova. La risa engulle las últimas palabras, y eso es todo lo que hace falta.

Doy rienda suelta a mi diversión, y las carcajadas alivian parte del peso perpetuo que siento en el cuello. —¿Cuál era? ¿Exile?

—All Too Well —dice Nova.

Silas apoya el codo en la mesa y señala a Nova con el índice. —En primer lugar, ¿por qué te acuerdas de eso? Y en segundo lugar —nos señala a los dos— sois un par de capullos.

Deja caer la mano sobre la mesa, jugueteando con el vigilabebés que tiene delante. Es el mismo que tiene desde que Hunter era un bebé, y le muestra una señal de vídeo de su habitación.

—Sí, sí. Vayamos al grano. Estoy rendido. —Nova suspira y deja de reírse.

Silas enarca una ceja, con la mirada puesta en el monitor. El sonido está quitado, pero hay un indicador de volumen en la parte inferior de la pantalla. —¿Cansado de un día entero bebiendo?

Nova resopla y pone los ojos en blanco. —Vete a la mierda, Silas. He estado trabajando en el pedido de Blake esta mañana.

—¿Fase uno o dos? —pregunto.

El talento de Nova no tiene parangón, no solo en nuestra zona, sino posiblemente en todo el país. Ese tipo tiene más talento creativo en las yemas de los dedos del que algunas personas tendrán en toda su vida. Es bueno. Demasiado jodidamente bueno para estar estancado en Rosewood.

Pero él no lo ve así. Decidió volver a casa, ayudar a montar el sueño que los tres hemos tenido para el recinto y los Reapers desde que éramos niños.

—En la uno, —dice. —En el archivo solo ponía rojo, sin animales. ¿Tienes idea de cuántas opciones me deja eso?

—Demasiadas, —murmuro asintiendo. —Pero tú puedes con ello, tío. Por algo tus clientes reservan con un año de antelación. Ya lo resolverás.

—Siempre lo hago, —dice, clavando la mirada en mí.

—Volviendo a lo de The Wild Boar, —dice Silas, golpeando con la yema del dedo la parte superior del vigilabebés. —No quiero dejar a Hunter solo mucho más tiempo.

Hago un gesto con la cabeza hacia su casa. —Está bien. Lo tienes vigilado y estás a sesenta segundos si se despierta.

Silas me mira con el rostro tenso y la preocupación marcada en el entrecejo. —Pueden pasar muchas cosas en sesenta segundos.

—Sí, pero no a Hunter ni a nosotros. Estamos triplemente protegidos detrás de seguridad y vallas —le aseguro.

—Eddie nos llamó porque ha notado un aumento de gente de fuera en las últimas dos semanas. Al principio, lo achacó a la temporada turística, gente que venía a visitar a familiares de la zona, —dice Nova.

—¿Por qué no nos ha contado sus sospechas antes? —pregunto.

Nova se encoge de hombros. —Yo qué sé. Pero si tuviera que adivinar, diría que no estaba seguro. Hasta esta noche, cuando pilló a unos capullos traficando en la parte de atrás del bar.

Me inclino hacia delante en la silla. La tensión me recorre el cuello al instante. —¿A quiénes?

—Eddie no los reconoció, no tenían ninguna afiliación visible. Pero recuerda haber visto Crestview en uno de sus carnés cuando pidieron una ronda.

—Hijos de puta. —Aprieto los dientes y niego con la cabeza.

—Todavía no lo sabemos. —Silas sigue tamborileando con el dedo sobre el monitor, cada vez más rápido. —No todos los capullos que hay en Rosewood son Reapers, así que no podemos asumir que esos sean Hell Hounds.

—No, pero podemos asumir que si están haciendo mierdas en The Wild Boar, o bien están probando nuestros límites, para ver si todavía somos lo bastante fuertes para frenarlos, o bien están buscando problemas.

Unos problemas que ya no nos dedicamos a solucionar.

—Mantengo la voz calmada, a pesar de la rabia que me hierve por dentro.

Sube como una ola, haciéndose más y más grande cada vez.

Pusimos todo lo que teníamos para terminar la guerra y salir del juego. Se llevó a Ray —mi tío, el padre de ellos, nuestro presidente— y casi se lleva a Nova. Perdimos a demasiados hermanos durante esos años. Y maldita sea si todo nuestro sacrificio fue en vano.

Puede que nos hayamos retirado del tablero, pero se equivocan si creen que estamos fuera de servicio.

Simplemente hemos rediseñado el tablero.

Uno en el que prosperamos, con finanzas mayoritariamente legales, y vivimos sin la amenaza constante de un baño de sangre.

Creamos una nueva forma de vida, una hermandad nacida de la camaradería y no de la coacción.

Los Hell Hounds podrían haber seguido nuestro ejemplo, pero prefirieron quedarse arraigados en las viejas costumbres.

Le doy vueltas a las ideas sobre los próximos pasos, tratando de encontrar los fallos en cada una y ajustándolas. —No me importaría enviarles un recordatorio de nuestro acuerdo.

—No, todavía no. Habla primero con Redford, a ver si él ha notado algo. ¿Dónde están ahora los tipos que pilló Eddie? —pregunta Silas.

Al sheriff Anthony Redford le quedaba un año para jubilarse. Siempre habíamos tenido un entendimiento, pero llegamos a un acuerdo en cuanto sacamos al club de la mierda, más o menos por la época en que nació Hunter.

Pero todo eso va a cambiar cuando se retire y su protegido, Ethan Bellfleur, asuma el cargo de sheriff. Lo pillé intentando hacerse el importante hace solo dos semanas, el capullo pomposo.

Nova se pasa la mano por la mandíbula. —Dijo que fuimos su primera llamada. No tenía personal suficiente para retener a los dos tíos, y se largaron cuando me llamó a mí.

Entorno los ojos hacia él. —¿Y por qué te llamó a ti y no a mí?

Nova me mira y tensa la mandíbula. —¿Acaso no soy un Reaper? ¿Un St. James?

Me recuesto en mi silla, cruzando los brazos sobre el pecho y preparándome para la bronca que está intentando provocar.

No respondo a sus preguntas, son retóricas y todos sabemos las respuestas.

Pero él se largó, al menos durante un par de años.

Y Silas y yo hicimos todo lo posible por protegerle de toda la mierda que volaba a diario cuando estábamos creciendo.

Así que sí, es un Reaper, pero uno más a la antigua usanza moderna.

Y eso es algo que agradezco, aunque él no lo entienda.

La mierda que he visto —la mierda que he hecho— me atormenta si lo permito. Me alegro de que él no estuviera aquí durante aquellos años.

Mantengo el rostro neutral, sin revelar nada. —Normalmente yo atiendo esas llamadas, eso es todo lo que digo.

Él asiente lentamente, pero la tensión persiste. —Probablemente porque yo acababa de estar allí.

—¿Cuándo, hace un momento? —Silas entorna los ojos hacia su hermano menor.

Nova gira la cabeza lentamente, mirando a Silas con una expresión cuidadosamente vacía. —¿Por qué no dices directamente lo que quieres preguntarme?

Los observo, con la mirada yendo de uno a otro como si fuera un partido de tenis y no una conversación casual entre hermanos.

Silas frunce el ceño y, un momento después, le dedica un breve asentimiento. —Le dijiste a Ma que te habías quedado con alguien en The Wild Boar.

Nova exhala por la nariz, un sonido cargado de exasperación. Niega con la cabeza, con una comisura de la boca curvándose en una sonrisa burlona, y ya sé que lo que sea que suelte va a cabrear a Silas.

—Tío, necesitas que te echen un polvo.

Y ahí está.

Silas se endereza en la silla, con la tensión vibrando en su cuerpo como si fuera un cable de alta tensión. —No vamos a hablar de mi vida sexual.