EXTRA IV | LENCERÍA. #2
Animado por la reacción, Koral volvió a besarlo otra vez, mucho más lento esta vez, mientras una de sus manos comenzaba a moverse con cuidado a lo largo de él.
Sus respiraciones se mezclaron en el silencio de la habitación, roto únicamente por pequeños jadeos y el sonido tembloroso del aire escapando de los labios de Ayazen.
Koral sintió cómo las manos de Ayazen se aferraban con más fuerza a sus caderas apenas volvió a mover la mano lentamente sobre él.
Los jadeos del alfa comenzaron a hacerse más pesados y más difíciles de contener, y eso solo consiguió que el corazón de Koral latiera todavía más rápido dentro de su pecho.
Ayazen inclinó la cabeza hacia atrás apenas unos segundos, respirando hondo mientras sus dedos se enterraban suavemente en el cabello de Koral.
—Mierda… —jadeó en voz baja—. Ven aquí.
Pero Koral negó apenas con la cabeza, todavía sonrojado, todavía nervioso, aunque claramente encantado por la reacción que estaba provocando en él.
Volvió a besar lentamente su abdomen antes de subir otra vez, dejando pequeños besos húmedos sobre su piel mientras sus manos seguían recorriéndolo con cuidado.
Ayazen lo observaba en silencio ahora, con esa mirada oscura que siempre conseguía ponerlo nervioso. Había algo intenso en la forma en que lo miraba, como si estuviera conteniéndose apenas.
—Te ves demasiado bonito así… —murmuró Ayazen, acariciándole la mejilla con una mano antes de obligarlo suavemente a levantarse.
Koral apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de terminar nuevamente sentado sobre la cama y Ayazen inclinándose sobre él.
Sus labios volvieron a encontrarse en un beso profundo y lento, mucho más necesitado que antes.
Koral soltó un pequeño jadeo cuando sintió las manos del alfa recorrer su cintura, subiendo lentamente por su cuerpo mientras el encaje de la lencería rozaba la piel sensible de ambos.
—Todo esto fue para mí… ¿verdad? —susurró Ayazen contra su boca, todavía respirando agitado.
Koral apartó apenas la mirada, completamente avergonzado.
Eso fue suficiente respuesta.
Ayazen sonrió apenas antes de besar nuevamente sus labios, esta vez mucho más suave, como si quisiera saborearlo con calma. Sus manos siguieron acariciando lentamente la piel caliente de Koral, provocándole escalofríos cada vez que sus dedos se deslizaban bajo el encaje.
Koral apenas terminó de suplicar cuando Ayazen soltó un gruñido bajo y profundo, lleno de deseo.
Se incorporó lo suficiente para quitarse el pantalón con movimientos rápidos, liberando su erección gruesa y pesada, ya completamente dura y palpitante.
La punta brillaba por el líquido preseminal y Koral no pudo evitar mirarla, respirando agitado.
Ayazen volvió sobre él, cubriéndolo por completo.
Bajó la cabeza y capturó uno de los pezones rosados de Koral con la boca, succionándolo con hambre, sobre la tela de la lencería, mientras su lengua trazaba círculos calientes y húmedos.
Koral arqueó la espalda con un gemido largo y tembloroso, clavando los dedos en el cabello oscuro del alfa.
—Ahh… Ayazen… —jadeó, la voz entrecortada.
El alfa mordisqueó suavemente el pezón erecto, tirando de él con los labios antes de pasar al otro, dedicándole la misma atención lenta y tortuosa.
Mientras tanto, frotaba su miembro grueso contra la entrada mojada de Koral, deslizándolo entre sus nalgas, empapándose de su humedad natural del omega.
—Respira, mi amor… —susurró Ayazen contra su pecho, dejando besos húmedos y abiertos alrededor del pezón mientras alineaba la cabeza de su pene.
Empujó lentamente.
La punta ancha comenzó a abrirse paso, estirando los músculos apretados de Koral centímetro a centímetro. Koral soltó un gemido largo y agudo, la boca entreabierta, los ojos entrecerrados por la sensación de ser llenado.
—Nngh… ahh… tan grande… —jadeó, temblando.
Ayazen no dejó de besarle el pecho. Lamía y succionaba sus pezones mientras seguía entrando, lento pero fuerte a su vez, dejando que Koral sintiera cada vena gruesa deslizándose dentro de él.
Cuando ya llevaba más de la mitad, el alfa levantó la mirada, observando el rostro enrojecido y perdido de placer de su omega.
—Así… déjame entrar todo —murmuró con voz ronca antes de capturar el otro pezón entre sus dientes con suavidad.
Con un último empujón profundo, Ayazen se enterró hasta el fondo. Koral echó la cabeza hacia atrás con un gemido prolongado y entrecortado que llenó la habitación:
—Aaahh… ¡Ayazen…! —su voz se quebró al final, las piernas temblando alrededor de la cintura del alfa.
Ayazen soltó un gruñido gutural al sentir cómo las paredes calientes y apretadas lo envolvían completamente. Se quedó quieto unos segundos, dejando que Koral se acostumbrara, mientras seguía besando y lamiendo su cuerpo, subiendo después para devorar su boca.
Cuando Koral empezó a moverse impaciente debajo de él, Ayazen comenzó a penetrarlo con embestidas lentas que sabía que lo torturaban y al mismo tiempo lo satisfacían mucho más que al ser rápido.
Salió casi por completo y volvió a entrar de un solo golpe profundo, arrancándole otro gemido largo y roto.
—Ahh… ahh… sí… —jadeaba Koral con cada embestida y los ojos vidriosos.
Los movimientos de Ayazen fueron ganando fuerza.
Pronto lo penetraba mucho más fuerte, haciendo que la cama crujiera y que el cuerpo de Koral se sacudiera.
Cada vez que entraba hasta el fondo, el alfa gruñía contra su cuello y le mordía suavemente la piel, mientras sus caderas chocaban con un ritmo húmedo.
—Te siento tan perfecto… —susurró Ayazen entre besos, acelerando el ritmo, follándolo con más intensidad—. Quiero quedarme dentro de ti toda la noche…
Koral solo podía gemir y jadear su nombre, perdido en el placer, las uñas clavadas en la espalda ancha del alfa mientras este lo penetraba una y otra vez.
—A-ayazen…