Tentación Prohibida (Omegaverse BL) CAPÍTULO 28 | PLAGA. #3
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CAPÍTULO 28 | PLAGA. #3

—Cállate —murmuró Koral, pero no pudo evitar sonreír un poco mientras ponía sus manos encima de las de Ayazen—. …Y no quemes el desayuno por besarme.

Ayazen se inclinó y le robó otro beso lento, esta vez más suave, casi perezoso.

—No prometo nada —susurró contra sus labios.

Koral soltó una risa bajita que se perdió entre sus bocas.

Sus manos subieron hasta el cuello de Ayazen, atrayéndolo más cerca mientras respondía al beso con la misma calma.

El alfa aprovechó para deslizar las manos por debajo de la camisa de seda que Koral llevaba, recorriendo la piel cálida de su espalda con las yemas de los dedos.

—Eres imposible —murmuró Koral cuando se separaron apenas un centímetro, respirando contra la boca del otro.

—Y tú estás demasiado tentador sentado aquí —respondió Ayazen, mordisqueando suavemente su labio inferior—. Solo quiero besarte un poco más.

Volvió a besarlo, esta vez más profundo.

Su lengua entró despacio, explorando con paciencia, saboreando el leve gusto a crema que Koral aún tenía en la boca.

Una de sus manos subió por la espalda del omega hasta enredarse en su cabello, mientras la otra se quedaba en su cintura, sosteniéndolo con firmeza pero sin fuerza.

Koral separó un poco más las piernas para que Ayazen pudiera pegarse completamente a él. Sintió el calor del cuerpo del alfa contra el suyo y soltó un suspiro tembloroso cuando notó que Ayazen ya estaba excitado, presionando contra su muslo.

—Ayazen… —susurró Koral, rompiendo el beso para tomar aire—. El desayuno se va a enfriar.

—Que se enfríe —contestó el alfa con voz ronca, bajando los labios por su cuello. Besó la marca con lentitud, pasando la lengua sobre ella—. Tengo hambre de otra cosa ahora.

Koral se estremeció y cerró los ojos, inclinando la cabeza para darle mejor acceso. Sus dedos se apretaron en los hombros de Ayazen cuando este empezó a desabotonar la camisa de seda con una mano, mientras la otra seguía acariciando su cintura.

La prenda cayó abierta, dejando el torso de Koral expuesto.

Ayazen no perdió tiempo: bajó la cabeza y besó su clavícula, luego el centro de su pecho, tomándose su tiempo con cada roce de labios.

Cuando llegó a uno de sus pezones, lo lamió con suavidad antes de succionarlo con calma, arrancándole un gemido bajo a Koral.

—Ah… despacio —pidió Koral, aunque su cuerpo se arqueaba buscando más contacto.

Ayazen obedeció. Todo era lento, deliberado. Sus manos recorrían la piel de Koral como si estuviera memorizándola de nuevo. Bajó por sus costillas, por su abdomen abultado, hasta llegar al borde de la ropa interior. La deslizó hacia abajo con paciencia, liberando su miembro ya duro.

Koral jadeó cuando Ayazen lo rodeó con la mano y empezó a acariciarlo con movimientos largos y suaves, sin prisa. Al mismo tiempo, el alfa volvió a besarlo en la boca, tragándose cada gemido que salía de sus labios.

—Quiero sentirte —susurró Koral contra su boca, con la voz entrecortada—. Por favor…

Ayazen soltó un gruñido bajo y se apartó apenas lo necesario para bajarse los pantalones lo suficiente. Volvió a colocarse entre las piernas de Koral, alineándose con su entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, observando cómo el rostro de Koral se contraía de placer.

Cuando estuvo completamente dentro, ambos se quedaron quietos, respirando con dificultad. Ayazen apoyó la frente contra la de Koral, mirándolo a los ojos.

—Así… —murmuró el omega, rodeando su cintura con las piernas—. Quédate así un momento.

Ayazen obedeció. Empezó a moverse con embestidas lentas y profundas, saliendo casi por completo antes de volver a hundirse con calma. Cada movimiento era pausado, permitiéndoles sentir todo, el roce, el calor y la fricción perfecta de sus cuerpos.

Koral gemía bajito con cada embestida, sus manos aferradas a la espalda de Ayazen, clavando las uñas suavemente. El alfa besaba su cuello, su mandíbula, su boca, sin dejar de moverse dentro de él con esa misma lentitud deliciosa.

—Eres perfecto —susurró Ayazen contra su oído, acelerando solo un poco el ritmo cuando sintió que Koral empezaba a temblar—. Tan perfecto para mí…

Koral echó la cabeza hacia atrás, soltando un gemido más largo cuando Ayazen tocó ese punto sensible dentro de él. Sus piernas se apretaron alrededor de la cintura del alfa, buscando más profundidad.

Siguieron así, envueltos en besos lentos y caricias, hasta que el placer los alcanzó a los dos casi al mismo tiempo. Koral se corrió con un jadeo ahogado, temblando entre los brazos de Ayazen, mientras este se hundía una última vez y se derramaba dentro de él con un gruñido bajo y ronco.

Se quedaron abrazados sobre el taburete, respirando agitados, con Ayazen todavía dentro de Koral y besando suavemente su cuello y su hombro.

—Ahora sí quemaste el desayuno —murmuró Koral con una sonrisa cansada, todavía recuperando el aliento.

Ayazen soltó una risa suave contra su piel y lo abrazó más fuerte.

—Valió la pena —respondió, depositando un beso tierno en su marca—. Mucho.